El tiempo en Tlon

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Una de las escuelas de Tlon llega a negar el tiempo: razona que el presente es indefinido, que el futuro no tiene realidad sino como esperanza presente, que el pasado no tiene realidad sino como recuerdo presente. Otra escuela declara que ha transcurrido ya “todo el tiempo” y que nuestra vida es apenas el recuerdo o reflujo crepuscular, y sin duda falseado y mutilado de un proceso irrecuperable. Otra, que el universo es comparable a esas criptografías en las que no valen todos los símbolos y que sólo es verdad lo que sucede cada trescientas noches. Otra, que mientras dormimos aquí, estamos despiertos en otro lado, y que así cada hombre es dos hombres.

Jorge Luis Borges en TLON, UQBAR, ORBIS TERTIUS
No. 8, Diciembre 1964
Tomo I – Año I
Pág. 91

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Tienen el nombre

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El Encarnación Salvatierra ta seguro. Lo tiene su nombre, brilloso como una luciérnaga. Todos averiguan que tiene semilla grande nomás de oir: Encarnación Salvatierra. Hace maldá y es respetado. Mata gente y nadie lo agarra. Roba muchacha y no lo corretean. Toma trago, echa bala y nomás se ríen y todos se contentan. Por estos rumbos sólo los endiablados tienen la semilla a salvo. Pero ahí está el hombrón que los cuida y los encamina. En cambio uno, por andar de cumplido y derecho tiene que estar todo lleno de enfermedá, con la barriga inflada por el hambre, con los ojos amarillos por la terciana; lo meten a la cárcel y cuando lo sueltan ya ta muerta la nana Trinidá… Ahí ta el Martín Tzotzoc: nunva mató, nunca robó, no llevó muchacha; nunca se metió en argüendes. ¿Y pa qué? Sólo pa quedar guindado de ese roble con los ojos chiboludos como de pescado y los dedos todos morroñosos; del coraje, digo yo. Los que tienen el nombre hagan maldá, hagan pecado, todo les sale bien, todo les trae cuenta.

Eraclio Zepeda
No. 8, Diciembre 1964
Tomo I – Año I
Pág. 89

El narrador

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Había una vez un hombre a quien amaban porque contaba historias. Todas las mañanas salía de su aldea, y cuando volvía al atardecer, los trabajadores, cansados de haber trajinado todo el día, se agrupaban junto a él y le decían: “¡Vamos! Cuéntanos qué has visto hoy.” Y él contaba: “He visto en el bosque un fauno que tañía la flauta y hacía bailar una ronda de pequeños silfos.” “Cuéntanos más, ¿Qué has visto?”, decían los hombres. “Cuando llegué a la orilla del mar vi tres sirenas al borde de las olas, que con un peine de oro peinaban sus cabellos verdes.”

Y los hombres lo amaban, porque les contaba historias.

Una mañana dejó su aldea como todas las mañanas; pero cuando llegó a la orilla del mar, he ahí que vio tres sirenas, tres sirenas al borde de las olas, que peinaban con un peine de oro sus cabellos verdes. Y continuando su paseo, cuando llegó al bosque vio un fauno que tañía la flauta a una ronda de silfos.

Este atardecer, cuando volvió a su aldea y le dijeron, como las otras noches: “¡Vamos! Cuenta, ¿qué has visto?”, él contestó: “No he visto nada”.

Contado por Oscar Wilde a André Gide
No. 8, Diciembre 1964
Tomo I – Año I
Pág. 87

El juicio

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Entonces se hizo un gran silencio en la cámara de la justicia de Dios. Y el alma del pecador avanzó desnuda ante Dios.

Y Dios abrió el libro de la vida del pecador.

—Ciertamente tu vida ha sido pésima. Tú has… (seguía una prodigiosa, maravillosa enumeración de pecados). Puesto que has hecho todo eso, ciertamente te he de enviar al Infierno.

—No puedes enviarme al infierno.

—¿Y por qué no puedo enviarte al infierno?

—Porque allí he vivido toda mi vida.

Entonces se hizo un gran silencio en la cámara de justicia de Dios.

—Pues bien: ya que no puedo enviarte al Infierno, te enviaré al Cielo.

—No puedes enviarme al Cielo?

—Porque jamás he podido imaginarlo.

Y se hizo un gran silencio en la Cámara de la justicia de Dios.

Contado por Oscar Wilde a André Guide
No. 8, Diciembre 1964
Tomo I – Año I
Pág. 76

Azufre sin fin

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El azufre que arde en el Infierno es una sustancia especialmente destinada a arder eternamente con indescriptible furor. El fuego del Infierno tiene la propiedad de conservar lo que quema. Y aunque lo hace con impetuosidad increíble, no tiene fin.

James Joyce en EL ARTISTA ADOLESCENTE
No. 8, Diciembre 1964
Tomo I – Año I
Pág. 63

Fábula escuinapense

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Y mientras llegaba, fui sacando mi conclusión de que el tigre había ocupado el lugar del burro, porque se lo comió. Pero se lo fue comiendo de la cola para adelante, de suerte que cuando le comió la cabeza, ya se había quedado el tigre con la lazada en el pescuezo; de ese modo no se fue, y por la oscuridad llegué y lo ensillé sin darme cuenta de lo que había pasado. Para mi buena suerte, llegando a Escuinapa se murió de cansado, y al dueño del burro, que era mi compadre Ñengo, no tuve más que darle la piel del tigre. Y con el producto de ella compró treinta burros, con los que ahora se lleva acarreando leña.

Dámaso Murúa Beltrán
No. 8, Diciembre 1964
Tomo I – Año I
Pág. 55

Estanque demoníaco

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Los demonios viven en muchos países, pero más particularmente en Prusia. También los hay en gran número en Laponia; demonios y magos. En Suiza, no lejos de Lucerna, sobre una altísima montaña existe un lago que se llama “el estanque de Pilatos”, allí el Diablo se libra de toda suerte de actos infames. En mi país, en una elevada montaña llamada Polsterberg, montaña de los duendes, hay un estanque; cuando se arroja dentro de él una piedra se desata en seguida una tormenta y todos los alrededores son devastados. Este estanque se halla lleno de demonios; Satán los tiene prisioneros allí…

Martín Lutero
No. 8, Diciembre 1964
Tomo I – Año I
Pág. 53

Leucocotra

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… es la leucocotra, en la que ciertos comentadores han visto un reflejo del gnu, y otros de la hiena, y otros, una fusión de los dos. Es rapidísima y del tamaño del asno silvestre. Tiene patas de ciervo, cuello, cola y pecho de león, cabeza de tejón, pezuñas partidas, boca hasta las orejas y un hueso continuo en lugar de dientes. Habita en Etiopía —donde asimismo hay toros salvajes, armados de cuernos movibles— y es fama que remeda con dulzura la voz humana.

Jorge Luis Borges, en MANUAL DE ZOOLOGÍA FANTÁSTICA
No. 8, Diciembre 1964
Tomo I – Año I
Pág. 60

La respuesta

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Dwar Ev soldó solemnemente la última conexión con oro. Los objetivos de una docena de cámaras de televisión lo estaban observando, y el subéter se encargó de llevar por todo el universo una docena de imágenes diferentes del acontecimiento.

Se concentró, hizo un gesto con la cabeza a Dwar Reyn, y se coló enseguida junto al botón que establecería el contacto. El conmutador pondría en relación, de un solo golpe, todas las supermáquinas de todos los planetas habitados en el universo —noventa y seis billones de planetas—, en un supercircuito que los transformaría en gigantesco supercalculador, gigantesco monstruo cibernético que reuniría el saber de todas las galaxias. Dwar reyn habló unos instantes a los trillones de seres que lo observaban y lo escuchaban. Y, tras un breve silencio, anunció:

—Y ahora con ustedes, Dwar Ep.

Dwar Ep giró el conmutador. Se oyó un potente ronroneo, el de las ondas que salían hacia noventa y seis billones de planetas. Se prendieron y apagaron las luces en los dos kilómetros que componían el tablero de control.

Dwar Ep dio un paso hacia atrás, respirando profundamente.

—Es a usted que corresponde hacer la primera pregunta, Dwar Reyn.

—Gracias —dijo Dwar Reyn—, haré una pregunta que nunca pudo ser contestada por las máquinas cibernéticas sencillas.

Se volvió hacia la máquina:

—¿Existe un Dios?

La voz poderosa contestó sin titubeos, sin el menor temblor:

—Sí, ahora existe un Dios.

Fredric Brown
No. 8, Diciembre 1964
Tomo I – Año I
Pág. 50

La dama eterna

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Otro relato, recogido cerca de Oldenburgo, en el Ducado de Holstein, trata de una dama que comía y bebía alegremente y tenía cuanto puede anhelar el corazón, y que deseó vivir para siempre. En los primeros cien años todo fue bien, pero después empezó a encogerse y arrugarse, hasta que no pudo andar, ni estar de pie, ni comer ni beber. Pero tampoco podía morir. Al principio la alimentaban como si fuera una niñita, pero llegó a ser tan diminuta que la metieron en una botella de vidrio y la colgaron en la iglesia. Todo estaba ahí, en la iglesia. Todavía estaba ahí, en la Iglesia de Santa María, en Lubeck. Es del tamaño de una rata, y una vez al año de mueve.

James George Frazer,en BALDER THE BEAUTIFUL
No. 8, Diciembre 1964
Tomo I – Año I
Pág. 46

Cortesano precoz

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Había en tiempos pasados un sultán que, habiendo tenido conocimiento de que su hayib —primer ministro— tenía un hijo de corta edad, muy listo e inteligente… fue un día a visitarlo…

…Presentóse el mancebo y saludó al sultán arrodillándose y diciendo:

Feliz y bendita sea la hora en que Dios me ha permitido estar en presencia de mi señor y dueño, el príncipe de los creyentes.

Complacido, el sultán le preguntó:

—¿Qué estancia te parece mejor, mi palacio o esta casa de tu padre?

—Me parece mejor esta casa.

—¿Cómo es eso?

—Porque en ella está nuestro señor, el príncipe de los creyentes.

Mostróle entonces el sultán una sortija que llevaba con un valiosísimo diamante, y le preguntó:

—¿Crees que haya algo en el mundo que valga más que este brillante?

—Sí, mi señor.

—¿Qué cosa es ésa?

—La mano que la lleva.

Gibran Jalil Gibran
No. 8, Diciembre 1964
Tomo I – Año I
Pág. 45

El problema

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Le fue planteado a un sabio el siguiente problema:

—Un hombre está en un aposento, a solas con una joven a quien ama. La puerta está bien cerrada, los sirvientes duermen y el galán se estremece de deseo. Como dice el árabe: “Maduro está el dátil y el guardián del oasis no impide cogerlo”… ¿Tal vez rezando con fervor podrá este hombre vencer la tentación? ¿Qué respondes?

—Quizás es salve la joven; mas no se salvará de los murmuradores.

Saadi en: EL JARDÍN DE LAS ROSAS
No. 8, Diciembre 1964
Tomo I – Año I
Pág. 40

La última tarde

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Piteo afirmaba haber recorrido a pie hacia la Bretaña hasta llegar a Tule, y hacía de las comarcas circundantes una descripción absolutamente maravillosa: por ejemplo, en tales parajes no se encontraba ni tierra, ni mar, ni aire, sino una cierta mezcla de todos los elementos, una especie de pulmón marino; venía a ser algo así como el punto en que se unían tierra, mar y aire, flotando indecisos en el espacio. En lugar alguno podía fijarse la planta y no había lugar que los barcos pudieran abordar.

Alexis Chassang
No. 8, Diciembre 1964
Tomo I – Año I
Pág. 34

Tómelo o déjelo

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1) El cosmos es un gigantesco rehilete con diez mil revoluciones por minuto.

2) El hombre es una mosca atolondrada que hace el vertiginoso viaje en él.

3) La religión es la teoría de que la rueda se concibió y se mantiene en movimiento con el fin de que él viaje.

H. L. Mencken, en AD IMAGINEM DEI CREAVIT ILUM
No. 8, Diciembre 1964
Tomo I – Año I
Pág. 28

El discípulo

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Cuando murió Narciso, las flores de los campos se sintieron desoladas, y pidieron al manantial gotas de agua para llorarlo.

—¡Oh! —les respondió el manantial—, aún cuando todas mis gotas fuesen lágrimas, no tendría yo mismo bastante para llorar a Narciso, tanto lo amaba.

—¡Oh! —replicaron las flores del campo—; cómo no habías de amar a Narciso! ¡Era tan hermoso!

—¿Tan hermoso era? —preguntó el manantial.

—¡Y quien mejor que tú para saberlo! Cada día, inclinando sobre tu ribera, contemplaba en tus aguas su belleza.

—Si lo amaba —respondió el manantial— era porque cuando se inclinaba sobre sus aguas, yo veía el reflejo de ellas en sus ojos.

Contado por Oscar Wilde a André Guide
No. 8, Diciembre 1964
Tomo I – Año I
Pág. 27