El mono de la tinta

62 top

“Este animal abunda en las regiones del norte y tiene cuatro o cinco pulgadas de largo; está dotado de un instinto curioso; los ojos son como cornalinas, y el pelo es negro azabache, sedoso y flexible, suave como una almohada. Es muy aficionado a la tinta china, y cuando las personas escriben, se sienta con una mano sobre la otra y las piernas cruzadas esperando que hayan concluido y se bebe el sobrante de la tinta. Después vuelve a sentarse en cuclillas, y se queda tranquilo.”

Wang Ta-Hai (1791) citado por Borges

No. 62, Diciembre 1973 – Enero 1974

Tomo X – Año X

Pág. 313

Wang Ta-Hai Citado por Borges

No. 88, Septiembre- Noviembre 1983

Tomo XIV – Año XIX

Pág. 22

Anuncios

El verdadero origen de la democracia


Los ciegos, ante la imposibilidad de contar con un rey tuerto, votaron únicamente por la adopción de un régimen republicano.
Ello ocurrió en el país de los cíclopes, hace muchísimo tiempo…

Francisco Silva García y Lidurbelia Godinez
No. 88, Septiembre- Noviembre 1983
Tomo XIV – Año XIX
Pág. 110

De la igualdad de clases


El demagogo Hsü-Hia, atraía verdaderas multitudes. Con palabra poderosa e incisiva no cesaba de machacar acerca de la igualdad natural de todos los seres humanos y contra la existencia de los privilegios. Y como era muy inteligente no apelaba a adornos literarios o a las formas tradicionales, sino que iba derecho al grano. “Acaso —tronaba— ¿es justo que el emperador F´ang y su corte de funcionarios parásitos, los mandarines que explotan la ignorancia del pueblo y los generales sus temores, vivan todos como los dioses, comiendo nidos de codornices, pasando entre sus jardines suntuosos, haciendo el amor con hermosas y experimentadas cortesanas o cabalgando a campo traviesa para cazar el tigre o el halcón, mientras vosotros, campesinos, pescadores y zapateros morís de hambre en un trabajo embrutecedor y sin pausa?” Pero F´ang, sin preocuparse demasiado lo dejaba hacer, porque Hsü-Hia vivía en un palacio lleno de muebles de ébano y madreperla, su mesa era la mejor provista del imperio, se destacaba como un formidable soldado y cazador, y además tenía éxito sin parangón con las mujeres más seductoras del país.

Rodolfo Modern
No. 88, Septiembre- Noviembre 1983
Tomo XIV – Año XIX
Pág. 107

Fetito

Las nupcias entre la Urraca Copetona y Don Pancho Equis fueron consumadas sobre cimientos vanguardistas: cero hijos hasta resolver el problema económico, atizado en esas fechas por ventarrones inflacionarios, y el rompecabezas existencial, puesto que ambos habían contraído matrimonio en cinco oportunidades.

Mas la Urraca Copetona resultó una negligente empedernida o los comprimidos no funcionaban o quién sabe qué. El caso es que hubo inesperada concepción y, para acabarla de fastidiar, el bebé nació antes de tiempo.

El binomio Urraca Copetona-Don Pancho Equis tomó las cosas con aplaudible intrepidez y aceptaron todo.

Ahora, a donde quiera que se desplazan, llevan una minúscula cesta de mimbre, especie de moisés confeccionado justo a la medida y, con paternal vanidad, muestran un Fetito a quien lo desee, además de que se jactan, con exótico humor, de que conocieron a magnífico taxidermista y que lo recomiendan, por encima de otro aspirante que pudiera surgir en la competencia, para lo que ofrecerse pudiera.

Marco Aurelio Carballo
No. 88, Septiembre- Noviembre 1983
Tomo XIV – Año XIX
Pág. 103

Cuento para volantear

A la aurora boreal y a Berta Zapata

Al Notata le contaron tal barbaridad que decidió transcribirla. Resulta que el Instituto de perjurios para cualquier mundo dictaminó investigar en los campos de concentración indígena de la Sierra de Puebla la frecuencia promedio del orgasmo en las mujeres.

El Doctor Filial, la Doctora Cajero y el Demógrafo Zorras recibieron. De inmediato, una comisión de padres de familia y esposos del área indígena que se brindaron a mejorar por medios naturales el nivel orgásmico de la Doctora Cajero y de las madres, hijas, esposas de los investigadores.

Florencio Sánchez Cámara
No. 88, Septiembre- Noviembre 1983
Tomo XIV – Año XIX
Pág. 92

Era sin historia


En la era en que la vida sobre la tierra era plenitud, nadie prestaba particular atención a los hombres valiosos, ni señalaba con habilidad. Los gobernantes eran simplemente las ramas más altas del árbol, y el pueblo era como los ciervos en los bosques. Eran honestos y justos, sin darse cuenta de que estaban “cumpliendo con su deber”. Se amaban los unos a los otros y no sabían que esto significaba “amar al prójimo”. No engañaban a nadie y aún así no sabían que eran “hombres de fiar”. Eran íntegros y no sabían que eran “hombres de buena fe”. Vivían juntos libremente dando y tomando, y no sabían que eran “generosos”. Por esta razón sus hechos no han sido narrados. No hicieron historia.

Thomas Merton
No. 88, Septiembre- Noviembre 1983
Tomo XIV – Año XIX
Pág. 77

Comprensión


En el momento de abandonarle, ella comprendía que era un buen hombre —el mejor de los hombres— que la había hecho feliz y que seguiría haciéndola feliz toda su vida. Ella comprendía que, al irse, lo mataba y que ella misma sería desgraciada. Comprendía que le seguía queriendo como el primer día, que quizá le amaba más que entonces. Comprendía, por otra parte, que el seductor era un hombre despreciable, que no la quería ni la querría nunca, que la abandonaría en breve dejando su vida rota. También comprendía que ella misma —la seducida— no amaba al seductor y ni siquiera se sentía verdaderamente atraída por él. ¿Por qué se iba entonces?

Porque —a pesar de todo— había decidido hacerlo.

N. D.: El apólogo anterior puede parecer al lector una curiosa anomalía o divertida excepción. Lo esencial es —por tanto— que comprenda que el autor no le cree tal excepción, sino que —muy al contrario— lo propone como regla general.

Luis Martín Santos
No. 88, Septiembre- Noviembre 1983
Tomo XIV – Año XIX
Pág. 81

Largo vuelo


El gigantesco aparato, un Jumbo Jet-747, se disponía, después de 98 horas de vuelo ininterrumpido, a aterrizar en su lugar de destino. Las condiciones del vuelo habían sido perfectamente normales y no hubo problemas con la manera especial de autoabastecer en el aire al avión.

Salió el tren de aterrizaje y se oyó la voz característica de la aeromoza anunciando a través de los parlantes del aparato lo siguiente: “Su atención, por favor, señores pasajeros. TWZN, su línea aérea predilecta, les agradece su gran voluntad de viajar con nosotros durante todo ese tiempo y por tan larga travesía. Gracias por habernos seleccionado. Dentro de contados momentos estaremos aterrizando en el Aeropuerto Internacional del Infierno. Por favor, apaguen sus cigarrillos, coloquen sus espaldas en posición vertical y ajústense los cinturones.

Gracias”…

José Gregorio Lobo
No. 88, Septiembre- Noviembre 1983
Tomo XIV – Año XIX
Pág. 75

El minotauro, o “Yo también soy los clásicos, u Homenaje a Borges


Otra leyenda cuenta que el héroe, llegado al centro del laberinto, no encontró ningún minotauro y que durante años y más años dio vueltas y más vueltas y finalmente murió allí dentro, pues el Laberinto era sólo el otro nombre del Minotauro.

José de la Colina
No. 88, Septiembre- Noviembre 1983
Tomo XIV – Año XIX
Pág. 72

Las monjas y el Deán


Cuentan que cerca de Plasencia está un monasterio el cual llaman Perales. Las monjas de él no tienen buena fama. Pasó el Deán de Plasencia y escribió en la pared: “Este peral tiene peras: cuantos pasan comen dellas”. Escribieron debajo las monjas:”Vos, bellaco, pasastes y no las probastes”. Respondió el Deán: “En peras tan pasadas no empleo yo mis quijadas”. Respondieron las monjas: “Nunca vimos tejedor que no fuese decidor”.

Luis de Pinedo
No. 88, Septiembre- Noviembre 1983
Tomo XIV – Año XIX
Pág. 71

El cabrípedo


Recuerdo ahora cierta extraña aventura que leí en un manuscrito de la biblioteca del señor obispo de Sáez. Era, me parece verlo todavía, una colección infolio, en hermosa letra del siglo pasado. He aquí el suceso a que aludo: “Un caballero normando y su esposa tomaron parte en una fiesta pública, disfrazados él de sátiro y ella de ninfa. Sábese por Ovidio con cuánto ardor eran poseídas las ninfas por los sátiros; y aquel caballero, lector de las Metamorfosis, de tal modo se amoldó a su disfraz que a los nueve meses dio a luz su esposa un hijo con dos cuernos al frente y los pies de macho cabrío. Sólo se sabe del caballero, que por una fatalidad común a toda criatura, murió al llegarle su hora, y dejó además de su pequeño cabrípedo otro hijo menor, cristiano y de forma humana, el cual solicitó de la justicia que el mayor fuera desposeído de la herencia paterna por n pertenecer a la especie redimida por la sangre de Jesucristo. El Parlamento de Normandía, residente en Rouen, accedió a la petición solicitada. Pregunté a mi excelente maestro si era creíble que un disfraz pudiera tener tal efecto sobre la naturaleza, y que el engendro de un hijo fuese consecuencia de un disfraz. El abate Coignard me indujo a no creerlo. —Jacobo Dalevuelta, hijo mío —me dijo—: tened presente que una inteligencia cultivada siempre ha de rechazar cuanto es contrario a la razón, excepto en asuntos de fe, que deben admitirse ciegamente”.

Anatole France en “El figón de la reina Patoja”
No. 88, Septiembre- Noviembre 1983
Tomo XIV – Año XIX
Pág. 67

La penitencia


“Habéis de saber, señora —prosiguió el abate—, que Santa María Egipciaca iba en peregrinación a visitar el sepulcro de Nuestro Señor; llegó a la orilla de un río muy profundo, y como era forzoso cruzarlo para seguir adelante, la infeliz penitente, que no tenía dinero para la barca, ofreció en pago su cuerpo a los barqueros. ¿Qué decíais de esto, mi buena señora?” Mi madre informose de la veracidad de aquella historia, y cuando supo que se hallaba impresa en libros y pintada en los vidrios de un ventanal de la iglesia de la Jussienne, la tuvo por cierta y se decidió a responder:

—Solamente una santa como ella pudiera hacer otro tanto sin pecar. Yo no me arriesgaría.

—Por mi parte —dijo el abate—, de acuerdo con los doctores más esclarecidos apruebo la conducta de la santa. Es una lección para las mujeres honradas que se obstinan con excesiva soberbia en su altanera virtud. Existe algún sensualismo, si se piensa bien en ello, en conceder un precio exagerado a la carne, y en defender, con celo también exagerado, lo que deberíamos despreciar. Vense con frecuencia matronas que se figuran tener en sí mismas un tesoro, y exageran visiblemente el interés concedido a su persona por Dios y los ángeles. Se consideran una especie de Santo Sacramento natural. María Egipciaca se juzgaba mejor. A pesar de ser muy hermosa de rostro y de formas atractivas, creyó sobrada vanidad interrumpir su santa peregrinación por algo indiferente, que pudiera ser punto de mortificación pero nunca un objeto precioso. Lo mortificó, señora, y entró con su admirable humildad en el camino de la penitencia.”.

Anatole France en “El figón de la reina Patoja”
No. 88, Septiembre- Noviembre 1983
Tomo XIV – Año XIX
Pág. 61

La muerte es sueño

Estoy segura que los sueños pueden ser en extremo peligrosos.

Supe de una joven que empezó a soñar desde la banca de un parque. Al iniciar el sueño se imaginó raíz y se metió en la tierra; después fue musgo y verdeó la humedad; luego se volvió tallo y se engrosó en un tronco; brotó hecha hojas y acarició el viento; se tejió en un nido y le nació una paloma. Ya convertida en árbol se dio en sus frutos. Se transformó en una manzana tan bella que no resistió la tentación de saborearse a sí misma y se engendró en gusano.

Cuando asomó la cabeza desde la fruta para tomar un poco de aire, un gorrión ajeno al sueño se la tragó, completando así uno de los ciclos más cotidianos de la vida.

Beatriz Sanromán
No. 88, Septiembre- Noviembre 1983
Tomo XIV – Año XIX
Pág. 59

Apariciones


Tranquila y en extremo discreta era aquella familia que habitaba la escondida casona. Únicamente faltaba a sus costumbres silenciosas las noches en que todos se reunían en la gran sala gótica, para escuchar a la abuela que arrancaba antiquísimas melodías al clavicordio.

Mas no hay dicha perdurable en este mundo. Y una noche, confirmando temores y sospechas de los distintos familiares, el padre dijo con voz que anhelaba ser firme, pero en la que temblaba el miedo:

“Tendremos que abandonar esta casa. Ya no cabe la menor duda de que los vivos se están apareciendo en ella”.

Jorge Mejía Prieto
No. 88, Septiembre- Noviembre 1983
Tomo XIV – Año XIX
Pág. 51

La isla del maquillaje


La isla del maquillaje donde los expertos de la Agencia Encantada conocían los secretos más íntimos de Mesalina la cortesana de los pezones dorados, y conocían la fórmula del agua de Tristán y del aceite de vitriolo que tiñe los cabellos de rubio, y los secretos de los tatuajes maoríes y de las toilettes de Cleopatra y Belinda y las virtudes de las lociones de glándulas de cocodrilo y sangre de lobo de Isabel de Baviera y de los cosméticos creados por los Macaroni, y donde las cremas, lápices labiales, makeups, polvos y coloretes Max Factor, Revlon, Elizabeth Arden y Mary Quant reviven las glorias pasadas de Ninon de Lenclos, Madame Du Barry, Mae West y Marie Duplessis, y donde —según le explicó el guía a Palinuro— se preparan los productos de la Agencia Encantada para las fotografías y filmaciones. Nuestros expertos saben, por ejemplo, que el burbujeo de una cerveza se pierde en unos segundos y que la crema de un postre de gelatina Jell-O se derrite con el calor de los reflectores, como se derriten las gotas de sudor de un vaso de Seven.Up helado, o la grasa de una pierna de jamón Parma. Por lo tanto, para que cada producto esté listo para la fotografía que lo inmortalizará de por vida en la revista del mismo nombre , o para la filmación del comercial que será admirado por cientos de millones de personas, le ponemos Alka-Selzer a la cerveza y sustituimos la crema del postre por pasta de dientes y las gotas de sudor del vaso por gotas de glicerina y barnizamos con laca cada pierna de jamón. Otras cosas que hacemos en esta isla del maquillaje —le dijo el guía a Palinuro— es peinar a las alfombras Luxor, vestir de gala a las latas de puré de tomate Del Fuerte y de etiqueta a los cigarrillos Players, modelar los senos de los basieres Cross-My-Heart y pintarle la boca a las cajas de té Lipton para que sonrían a las cuatro en punto. Aquí verá usted cómo nuestros expertos se esmeran en sacarle brillo a los guardafangos de los automóviles Mercury hasta que en ellos se refleja, de cuerpo entero, el dios del comercio y protector de los ladrones. Aquí le ponemos bandeja de plata al lubricante Esso, que puede servirse en copa de cristal de Bohemia para brindar por la salud de los cilindros de su automóvil. Aquí, por último, en esta Isla, le ponemos pestañas postizas a las cámaras Retina para que provoquen, con los guiños de su obturador, el amor instantáneo y memorable.

Fernando del Paso
No. 88, Septiembre- Noviembre 1983
Tomo XIV – Año XIX
Pág. 49

De los regalos y sus convenientes


Cuando F´ang, en el periodo de reinado que se conoce con el nombre de “Época de Exilio” se vio obligado a mendigar por los caminos, se detuvo frente a la casa del poderoso comerciante Hu-San a quien había distinguido tantas veces con sus favores. Pero no quiso pedirle nada, porque los inmensos mastines de Hu-San que lo aguardaban en actitud amenazante eran uno de los muchos regalos que le hiciera.

Rodolfo Modern
No. 88, Septiembre- Noviembre 1983
Tomo XIV – Año XIX
Pág. 28

El hogar de los abuelos


El tiempo se detiene, perennemente silencioso, en la casa de los abuelos. Tirado en la rústica cama, que antaño me pareciera tan ancha, contemplo el rubio sol que penetra por la ventana y hace visibles las partículas de polvo atmosférico. Me basta cerrar los ojos para sentirme niño otra vez, y sin preocupaciones, como cuando me iba quedando dormido mientras los ojillos de mi abuela, perdidos entre la arrugas, me contemplaban cariñosamente. Recuerdo cómo, entre sueños, me parecía oír la estridente huida de una gallina mientras la sirvienta gritaba: ¡Chucho! Con las tibiezas de la noche despertaba, sobresaltado, pensando que algún gigante me arrojaba al pozo e inevitablemente volvía los ojos hacia el patio, para cerciorarme de que el aljibe estaba tapado. Nunca supieron ellos mis temores, como no saben ahora del cansancio, amargura y desaliento, gigantes nuevos que me atormentan ahora. En vano, al escribir, trato de dar a estos recuerdos valor universal. Porque… ¿quién no ha tenido abuela y no ha corrido gritando por entre la hierba de un viejo solar? Y, ya adulto, preguntando el enigma de la vida a una lluvia de sol que penetra silenciosamente por una ventana y nos muestra, en partículas de polvo, lo que será de nosotros. ¡Ah, verdaderamente los años no dejan mucha huella en la casa antañona y sus moradores! Sólo la reata del pozo, las piedras del zaguán, que se desgastan, y los cabellos cada vez más blancos de mi abuela me dicen que inevitablemente el tiempo ha pasado y que el zumbido de moscas que arrullan el silencio proviene de distintas a las que ayer volaron.

Mario Mora Barba
No. 88, Septiembre- Noviembre 1983
Tomo XIV – Año XIX
Pág. 27