Los Kalakies


El pueblo es peleón hasta el punto de que se han tenido que prohibir las conversaciones. Se producían demasiados golpes y heridas mortales. En poco tiempo el país habría quedado despoblado.

¿El problema del matrimonio?… Uniones cortas, lo más cortas posibles.
En cuanto a que marido y mujer vivan juntos, eso nunca ha podido plantearse. Sería una verdadera provocación que no podría terminar más que en una rápida defunción.

En realidad sólo quedan unos pocos Kalakies.

Henri Michaux
No. 91, No. de 20 Aniversario – 1984
Tomo XIV – Año XX
Pág. 442

Henri Michaux
No. 102, Abril-Junio 1987
Tomo XVI – Año XXIII
Pág. 214

El usurero


Un loco entró a la casa de un avaro; éste contaba sus monedas y las acumulaba y las acumulaba en pilas.

—Mi buen señor —dijo el loco— vengo a empeñarle un sueño.

—¿Un qué? —dijo el avaro, guardando sus pilas de monedas en forma apresurada.

—¡Un sueño! —repitió el loco.

—¡Sal de aquí! Tu debes estar loco —respondió el avaro.

El loco salió tranquilamente, pero retornó en seguida.

—¿Y ahora qué quieres? —preguntó el avaro, mientras contaba sus monedas.

—¿Cuánto me das por mi sueño?

—¿Otra vez? —gritó el avaro, volviendo a guardar sus monedas.

El loco volvió a salir, y de nuevo regresó.

—¡Señor! Mi sueño le interesa…

—¿Me interesa? ¡Vaya! ¿Por qué?

—En mi sueño vi donde guardaba usted su dinero, y también la forma de robarlo. Además, en mi sueño, descubrí el lugar seguro donde podrá esconderlo sin peligro.

—Bueno, acepto, tu sueño, ¿Cuánto quieres?, ¡Pide!

—Pero… ya no lo empeño —repuso el loco socarronamente…

—¡Te lo compro! —dijo con desesperación.

—Tampoco lo vendo —concluyó con una sonrisa de malicia.

Al día siguiente; volvió a la casa del avaro.

—¿No sabe usted? —le explicaron—. Anoche enloqueció.

Moisés Plata Becerril
No. 75, Enero-Febrero 1977
Tomo XII – Año XII
Pág. 179

Moisés Plata Becerril
No. 91, No. de 20 Aniversario – 1984
Tomo XIV – Año XX
Pág. 372

Epílogo


Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de línea traza la imagen de su cara.

Jorge Luis Borges
No. 74, Octubre-Diciembre 1976
Tomo XII – Año XII
Pág. 86

Jorge Luis Borges
No. 91, No. de 20 Aniversario – 1984
Tomo XIV – Año XX
Pág. 374

Reencuentro




La mujer le dejó saber con la mirada que quería decirle algo. Leoncio accedió, y cuando ella se apeó del bus él hizo lo mismo. La siguió a corta pero discreta distancia, y luego de algunas cuadras la mujer se volvió. Sostenía con mano firme una pistola. Leoncio reconoció entonces a la mujer ultrajada en un sueño y descubrió en sus ojos la venganza.

—Todo fue un sueño —le dijo—. En un sueño nada tiene importancia.

—Depende de quien sueñe —dijo la mujer—. Este también es un sueño.

Luis Fayad
No. 73, Julio-Septiembre 1976
Tomo XI – Año XII
Pág. 751

Luis Fayad
No. 86, Marzo-Abril 1981
Tomo XIV – Año XVI
Pág. 624

Luis Fayad
No. 91, No. de 20 Aniversario – 1984
Tomo XIV – Año XX
Pág. 435

Instrucciones para cometer un crimen

Ábrase en abanico un mazo de cartas bastante usado y ofrézcase a la persona que se piensa asesinar, rogándole que tome una carta, que la mire bien para que la recuerde posteriormente y que esté atenta al juego. A continuación se cierra el mazo y se baraja: luego se parte en dos y se invita a la víctima (que a estas alturas ya estará perfectamente ubicada) a que coloque su carta entre la mitad superior (o inferior, como mejor parezca al ejecutante). Se barajan rápidamente las cartas (todo lo rápidamente que pueden permitirlo unas cartas viejas como esas) para que el presunto no pueda pensar (es importantísimo que no piense. Si lo hace, el truco puede fallar). Se saca a continuación una carta y se le muestra a la víctima. Esta asegurará que no es la que había visto —siempre sucede así—. En ese preciso instante se tiene ya el pretexto para estrangularla y castigar así su falta de cooperación…

Ricardo Fuentes Zapata
No. 91, No. de 20 Aniversario – 1984
Tomo XIV – Año XX
Pág. 459

Ricardo Fuentes Zapata
No 95, Noviembre-Diciembre 1985
Tomo XV – Año XXI
Pág. 65

Es cuestión de un segundo

Hacia la primera milésima de segundo tus ojos empezaron a ver borroso. Para la segunda, una imagen envuelve tu mente: aquella con tus ojos en el momento de ser corroídos por el oxígeno del aire, y entonces empiezas a sentir cómo se quema la superficie de cada ojo tornándose amarilla. Ya para la trigésima milésima de segundo te das cuenta de que lo que sucede es que te arden los ojos al no mojarlos. Pero tienes la vista fija en la nariz de un retrato y no puedes apartarla. Transcurre el tiempo, aunque para la milésima número doscientos tus ojos siguen dirigidos hacia aquel viejo retrato de tu padre, sin que te des cuenta de que lo que ves es un lunar en la nariz. Corren todavía las milésimas del interminable segundo, pero sigues luchando contra tus párpados que al parecer han quedado pegados. Y sin que te des cuenta llega la milésima número novecientos noventa y parece que empiezas a despegar tus párpados, cuando de repente, al pasar la milésima milésima, tus párpados superiores están ya en contacto con los párpados inferiores y lo que ves es una inmensidad de negro…

Matilde Schoenfeld
No. 91, No. de 20 Aniversario – 1984
Tomo XIV – Año XX
Pág. 462

Sobre los olvidos de la naturaleza


Habían pasado ya los nueve meses y el parto no se producía.
El todavía no nacido asomó, por entre los labios de la vagina, su manita en actitud desesperada.

El quiromántico dibujó en ella la Línea de la Vida, que no tenía trazo, y al poco rato se escucharon los tradicionales berridos.

Héctor Sandro
No. 91, No. de 20 Aniversario – 1984
Tomo XIV – Año XX
Pág. 460

Sabor a mí


Hay entre nosotros mujeres del pueblo algo regordetas (“retacos”, dice el español) pero todavía apetecibles, de boca levemente inflada, que constantemente se saborean. No porque hayan comido nada: es para mejor disfrutar el sabor de sí mismas.

Alfonso Reyes
No. 91, No. de 20 Aniversario – 1984
Tomo XIV – Año XX
Pág. 451

Historia barbada


Gente tonta e impertinente, solía preguntarle: “¿Pero por qué usa usted esa barba?”

Y él siempre respondía, casi burlonamente: “Es que, ¿sabe?, me sostiene la cara”.

Hasta que un día, para variar de aspecto, se afeitó. Y, efectivamente, la cara se le descolgó.

Héctor Sandro
No. 91, No. de 20 Aniversario – 1984
Tomo XIV – Año XX
Pág. 450

Apuntes para ser leídos por los lobos


El lobo, aparte de su orgullosa altivez, es inteligente, un ser sensible y hermoso con mala fama, acusaciones y calumnias que tienen más que ver con el temor y la envidia que con la realidad. Él está enterado, mas no parece importarle el miserable asunto. Trata de sobrevivir. Y observa al humano: le parece abominable, lleno de maldad, cruel; tanto así que suele utilizar proverbios tales como. Está oscuro como boca de hombre, para señalar algún peligro nocturno, o El lobo es el hombre del lobo, cuando este animal llega a ciertos excesos de fiereza semejante a la humana.

René Avilés Fabila
No. 91, No. de 20 Aniversario – 1984
Tomo XIV – Año XX
Pág. 431

La noche

Desde pequeño he querido ser como la noche. Todos los días, después del crepúsculo, cenaba y salía hacia las rejas del corral, quedándome hasta bien entrada la madrugada. Buscaba los mil y un métodos para ser como ella, para entrar en ella, pero siempre regresaba frustrado. Ayer agoté todas las fórmulas posibles y simplemente me extasié contemplándola mientras oía el ruido de los becerros. Hoy amanecí con la piel oscura y llena de estrellas.

Antonio López Ortega
No. 91, No. de 20 Aniversario – 1984
Tomo XIV – Año XX
Pág. 430

Crimen perfecto

De tanto leer novelas de crímenes aquel hombre terminó ideando el crimen perfecto. Se propuso poner en ejecución el infalible plan. Cuando todo estuvo listo se dio cuenta que le faltaba algo fundamental: la víctima. Obvió la dificultad girando el cañón de la pistola exactamente 180 grados. Apretó el gatillo. Sin embargo algo falló y el criminal fue castigado. Lo encerraron en un estrecho cajón y lo metieron tres metros bajo tierra. Que nosotros sepamos todavía no se ha escapado.

Gustavo Guerrero
No. 91, No. de 20 Aniversario – 1984
Tomo XIV – Año XX
Pág. 427

El osario de Dios

Nolbelto de gracia y ello le bastaba para identificarse, tuvo su cara completa antes de que la lepra se la acabara. Primero le tarasqueó el oído de la derecha, le abrió la mejilla al punto de vérsele las muelas y por entre estos huesos la enfermedad se le pasó a la nariz, que también se la tumbó, hasta que finalmente se le corrió al ojo derecho de los dos que tenía azules y se lo escarneció.

Todos los años sin faltarle ni uno solo, Sotera su mujer le paría un hijo entre la candela, porque era epiléptica, hasta la llaga lo mató, pero Sotera siguió pariendo lo mismo y los muchachitos siguientes sacaban todos el ojo derecho azul

Alfredo Armas Alfonzo
No. 91, No. de 20 Aniversario – 1984
Tomo XIV – Año XX
Pág. 417

Común y corriente

Habían llegado de lugares opuestos y distantes. Él, de las fincas de café de Occidente, de allá de las faldas del volcán, en donde creció y se hizo fuerte. Ella, venía de las haciendas de la costa, de donde su pureza y fragancia natural las tomó de lo exuberante de aquellas verdes sabanas. Ahora, sin elucubrar en los misterios del destino se habían encontrado en aquel restaurante.

Y nadie se preocupaba por la procedencia de aquella sabrosa taza de café con leche.

Sergio Ovidio García
No. 91, No. de 20 Aniversario – 1984
Tomo XIV – Año XX
Pág. 426

Higiene mental

La escrupulosidad del sanguinario emperador de los Piélagos Oscuros llegaba con frecuencia a extremos asombrosos. A diario les suplicaba a sus fieles verdugos que jamás degollaran a nadie sin antes colocar una gran vasija de porcelana debajo de la cabeza de sus víctimas. De ese modo —discurría peregrinamente el emperador—, nunca podría acusársele de que en sus tenebrosos dominios hubiera derramamientos de sangre.

Jorge Kattán Zablah
No. 91, No. de 20 Aniversario – 1984
Tomo XIV – Año XX
Pág. 411

La caida


En una concentración de ciudadanos en la plaza pública, un hombre con aire suspensivo, desembolsa, furtivo, un libro menudo como él. Lo abre y lee para sí. Lo que lee se refleja en sus reacciones: las quijadas trabadas, el puño apretado, el color encendido del rostro, cierto intento de levitación. De pronto un ventarrón sopla entre la multitud ciega y sorda, azota las páginas del libro con un hojeo brusco y hace volar todas las palabras abandonándolas a su peso sobre la multitud. Los extraños volantes van cayendo y cada ciudadano, como si fuese su designio, recibe del aire su palabra. Todos los puños blanden sus palabras contra el hombre del poder que desde el balcón del palacio cae palabreado, muerto múltiplemente.

Raúl Renán
No. 91, No. de 20 Aniversario – 1984
Tomo XIV – Año XX
Pág. 407

Las ninfas


Paracelso limitó su habitación a las aguas, pero los antiguos las dividieron en ninfas de las aguas y de la tierra. De éstas últimas, algunas presidían sobre los bosques. Las hamadríadas moraban invisiblemente los árboles y perecían con ellos; de otras se creyó que eran inmortales o que vivían miles de años. Las que habitaban en el mar se llamaban ocreánidas o nereidas; las de los ríos náyades. Su número preciso no se conoce; Hesíodo aventuró la cifra de tres mil. Eran doncellas graves y hermosas; verlas podía provocar la locura y, si estaban desnudas, la muerte. Una línea de Propercio así lo declara.

Los antiguos les ofrendaban miel, aceite y leche. Eran divinidades menores; no se erigieron templos en su honor.

Jorge Luis Borges
No. 64, Abril – Mayo 1974
Tomo X – Año XI
Pág. 533

Jorge Luis Borges
No. 91, No. de 20 Aniversario – 1984
Tomo XIV – Año XX
Pág. 408

Un saludo, Juan…


Todos los aparatos de la secreta base dieron la alarma, radares y sonares anunciaban el peligro y los veloces cazas bombarderos, las lanchas torpederas, los cruceros, todos, todos, todos ellos en cosa de segundos llegaron hasta el ubicado punto de peligro. El despliegue defensivo fue perfecto, pasmoso en su celeridad y en lo preciso, todas las armas apuntaban al océano. De pronto, salió, salió a la superficie. Era un extraño aparato, pintado de amarillo con unas flores pintadas en la proa, un submarino amarillo muy hermoso, inofensivo, del que salió John Lennon tocando su guitarra.

—Hi fellows— dijo, y comenzó el concierto.

Luis A. Chávez
No. 89, Enero-Febrero 1984
Tomo XIV – Año XIV
Pág. 183

Luis A. Chávez
No. 91, No. de 20 Aniversario – 1984
Tomo XIV – Año XX
Pág. 406

Por equivocar la consulta


Un hombre está a punto de morir. Recuerda que las religiones proponen la salvación del alma, la inmortalidad y él desea sobrevivir en el más allá. Quiere encomendar su alma a Dios. Pero resulta que toda su vida fue agnóstico, así que de pronto se encuentra con un problema que ya no tiene tiempo de enfrentar. ¿A qué dios invocar antes de exhalar su último suspiro? ¿Acaso al de los cristianos o a Buda o quizá a Alá o a Jehová, probablemente a alguna deidad griega o azteca? Desesperado, sintiendo la muerte muy cerca, rodeando su cuerpo agónico, pide un diccionario y lo consulta. Casi al azar, rápidamente, selecciona un nombre a través de un dedo incierto: Brahma: Dios de los indios. Y a él se encomienda, le dirige palabras confusas pidiendo misericordia y perdón por sus pecados. Piedad, en una palabra.

Después de la muerte, un sacerdote católico apareció allí por mero accidente, dijo al conocer el caso:

—No supo escoger cuidadosamente. Por error le dieron el diccionario de la Real Academia Española, en donde muy a las claras indica que Brahma es falsa deidad venerada por idólatras y no el verdadero Dios. Pobre hombre, su alma ya debe estar quemándose en el infierno

René Avilés Fabila
No. 91, No. de 20 Aniversario – 1984
Tomo XIV – Año XX
Pág. 402

El buen pastor

¡Vamos, vamos! Gritaba Luzbel animoso, tratando de levantar la moral de los habitantes del infierno, ¡diviértanse y dejen ya las quejas! ¿o es que se la pasarán en eterno sufrimiento sólo por darle a Ése soberbio?

Francisco Silva García y Lidurbelia Godínez
No. 91, No. de 20 Aniversario – 1984
Tomo XIV – Año XX
Pág. 400

Quince años

Cuando ella supo que era necesario no tener hijos, corrió a la Clínica de Salud conde le insertarían u n Dispositivo Doble “S”, y así ayudaría al sueldo tan bajo de su marido y al control de la natalidad. Cada año que pasaba, tus posibles padres festejaban en casa tus dudantes aniversarios y los del Dispositivo. Tus familiares llevaban dulces y pasteles que tus desconocidos primos se comían. Poco después ella se sintió mal. Llevaba quince años con el aparato. Llegó el médico y la enfermera para extraerle el fino filamento y, al sacarlo poco a poco, fuiste saliendo toda completa con tu vestido de quinceañera y tu ramo de flores.

Óscar Francisco Muñoz González
No. 91, No. de 20 Aniversario – 1984
Tomo XIV – Año XX
Pág. 399