Cayo Petronio Arbitrio

Petronio

Petronio

(Gaius (Titus) Petronius Arbiter)

(Massalia (antigua Marsella) c, 14/27: c.65, Cumas)

 

Cayo o Tito Petronio Árbitro (en latín Gaius Petronius Arbiter), nacido en algún momento entre los años 14 y 27 en Massalia (actual Marsella) y fallecido ca. del año 65 y 66 en Cumas, fue un escritor y político romano, que vivió durante el reinado del emperador Nerón.

Existe una breve biografía sobre este autor en los Anales del historiador Tácito, y otras hipótesis menores sobre su identidad. El propio Tácito, Plutarco y Plinio el Viejo describieron a Petronio como elegantiae arbiter (también expresado arbiter elegantiarum), “árbitro de la elegancia” en la corte de Nerón.

El historiador romano Tácito (Anales, XVI, 18) se refería a él como arbiter elegantiae («árbitro de la elegancia»). Su sentido de la elegancia y el lujo convirtieron a Petronio en organizador de muchos de los espectáculos que acontecían en la corte de Nerón. Petronio fue también procónsul de Bitinia, y más tarde cónsul.

Su influencia sobre Nerón infundió celos en el prefecto del pretorio Cayo Ofonio Tigelino, otro de los favoritos del emperador, pues lanzó contra él acusaciones falsas. Participó en una conjura encabezada por Pisón. Nerón, avisado, le ordenó permanecer en Cumas. El escritor decidió quitarse la vida: se dejó desangrar hasta morir. Se dice que había enviado al emperador un escrito en el que pormenorizaba todos los vicios del tirano.

Petronio es autor de una notable obra de ficción, una novela satírica en prosa y verso titulada El Satiricón, (ca. 60), de la cual se conservan algunos fragmentos. Narra las aventuras de dos libertinos: Encolpio y Ascilto, e incluye algunos cuentos milesios sexualmente explícitos.

El estilo poético de Petronio es muy manierista, parecido al de Ovidio. El Satyricon es el primer ejemplo de novela picaresca en la literatura europea. A esta obra se le puede considerar modelo de novelas posteriores. Aporta una descripción única, a menudo enormemente deshinibida, de la vida en el siglo I d. C.

A pesar de que su narrador se expresa en el mejor latín de la época, la obra es especialmente valiosa por los coloquialismos en los parlamentos de muchos personajes, que ofrecen un interesante objeto de estudio acerca del latín vulgar de la época. El episodio más famoso es el Banquete de Trimalción, una descripción sumamente realista de un banquete ofrecido por un nuevo rico y ostentoso liberto.

El Satiricón sirvió de inspiración para la película homónima, en 1969, del cineasta italiano Federico Fellini.

Petronio ha sido personaje de varias novelas, entre las cuales destaca Quo Vadis?, del escritor polaco Henryk Sienkiewicz, también llevada al cine[1].

 

[1] http://es.wikipedia.org/wiki/Petronio

Alberto Moravia

Alberto Moravia

Alberto Moravia

(Alberto Pincherle: Roma, 28 de noviembre de 1907 – ibíd., 26 de septiembre de 1990)

 

Alberto Pincherle (Moravia es el nombre de la abuela paterna) nace en 1907, en el seno de una familia burguesa acaudalada. Su padre, Carlo, judío no practicante, era arquitecto y pintor, de origen veneciano. La madre, Teresa Iginia (Gina) De Marsanich, católica, era de Ancona. Alberto fue el segundo de cuatro hijos, tras Adriana (1905 – 1996), pintora; le sigue Elena (1909 – ¿?), mujer del embajador Carlo Cimino; el menor fue (1914 – 1941), muerto en combate. Alberto lleva una vida normal, aunque seria y solitaria.

Moravia no hace estudios regulares porque comienza a padecer en 1916 una tuberculosis ósea que le obliga a guardar cama por cinco años (dos de ellos en un sanatorio). Sólo un año está en el Liceo Torquato Tasso, y consigue la secundaria con esfuerzo. Ese será su título. Pero se instruirá personalmente con numerosas lecturas, hasta formarse profundamente. Entre sus autores favoritos, destacan: Shakespeare, Molière, Goldoni, Stéphane Mallarmé, Dostoyevski y James Joyce. Aprendió francés y alemán, y empezó a escribir.

En 1925 deja el sanatorio y comienza a escribir Los indiferentes. Conoce a Corrado Alvaro y Massimo Bontempelli. Prominente en la actividad literaria italiana desde 1927, cuando empezó a escribir para la revista 900, donde aparecen sus primeros cuentos, acerca de las dificultades morales de las personas socialmente alienadas y atrapadas por las circunstancias.

En 1929, con dificultad, publica la novela Gli indifferenti, muy aceptada, como relato en bloques teatrales y como retrato de los italianos de ese tiempo. Al romanzo italiano. La decadencia de la burguesía italiana, durante el régimen fascista, viene representada sin una intención crítica obvia, pues es una novela existencialista que narra la historia de una familia con comportamientos corruptos, que acaban vencidos por su apatía y falta de dignidad. La segunda novela Le ambizioni sbagliate, es una mezcla de novela negra y de relato introspectivo a lo Dostoyevski, sin gran fortuna.

En 1930 empieza su colaboración en La Stampa, dirigida por Curzio Malaparte, y en 1933 fundó, con Mario Pannunzio, las revistas Caratteri, y luego Oggi. En este año escribe para la Gazzetta del Popolo, pero el régimen fascista le censura recensiones de la novela La mascherata (sátira sobre las dictaduras, situadas en Suramérica), y prohibe Agostino. En 1935 va a EE.UU. y da conferencias sobre la novela en la Casa Italiana de la Columbia University de Nueva York. A su regreso escribe unos cuentos: L’imbroglio 1937. Para evitar la censura, Moravia escribe cuentos alegóricos y surrealistas.

En 1941 se casó con la también escritora Elsa Morante. Ambos vivieron en Capri, donde Moravia escribió Agostino. Tras el Armisticio del 8 de septiembre de 1943, Moravia y Morante se refugiaron en Fondi, en los límites de Ciociaria.

En 1944, Moravia redactó las primeras páginas sobre la retórica política de entonces. El cuerpo de la obra, que desarrolló trece años después, en un momento de crisis como narrador, describe la difícil y desesperada realidad italiana en la Segunda guerra Mundial.

Con el anuncio de la Resistencia italiana vuelve a Roma; escribe para la prensa, colabora con Corrado Alvaro en Il Popolo di Roma, Il Mondo, Europeo y sobre todo en el Corriere della Sera donde seguirá con sus reportajes, críticas y relatos hasta su muerte.

Tras la guerra, su fortuna literaria no hizo sino crecer. Escribió novelas tan famosas como La romana (1947), La desobediencia (1948), El amor conyugal (1949) y El conformista (1951).

En 1952 ganó el Premio Strega por I Racconti, y sus novelas comenzaron a traducirse a otros idiomas. Ese mismo año Mario Soldati adaptó al cine La provinciale. En 1954, Luigi Zampa dirigió La romana y en 1955 Gianni Franciolini llevó al cine I racconti romani (con los que Moravia había ganado el Premio Marzotto). En 1960, con la publicación de El tedio, logró el premio Viareggio.

En 1953, Moravia fundó la importante revista literaria Nuovi Argomenti (uno de los editores en los que confió la revista fue su amigo Pier Paolo Pasolini). En los años 50, escribió prólogos para distintas obras, como los 100 sonetos de Belli, la novela Paolo il Caldo de Vitaliano Brancati o los Paseos por Roma de Stendhal. A partir de 1957, hizo críticas cinematográficas para la revista mensual L’Espresso: estas críticas fueron recogidas en Al Cinema (1975).

Se separó de Morante en 1962. Y se fue a vivir con la joven escritora Dacia Maraini. En 1962 se realiza el film, de Mauro Bolognini, Agostino e la perdita dell’innocenza, y en 1963 El desprecio por Jean-Luc Godard, La noia por Damiano Damiani, y en 1964 Los indiferentes por Francesco Maselli.

Viajó a la URSS en los ochenta, en apoyo de la apertura. Y fue a Hiroshima en 1982, escribió sus experiencias ante sus efectos. Representó a Italia ante el Parlamento Europeo desde 1984 hasta su muerte.

Se casó en 1986 con Carmen Llera. Se le encontró muerto en su domicilio en 1990. En ese año salió la autobiografía, escrita con Alain Elkann, Vita di Moravia, editada por Bompiani.

Su obra literaria se caracteriza por una crítica frontal a la sociedad europea del siglo XX: hipócrita, hedonista y acomodaticia. Se caracteriza por un estilo austero y realista, presente ya en su primera novela, Los indiferentes (1929), que le hizo saltar a la fama en Italia. En sus escritos son recurrentes el impulso sexual, la alienación del individuo y el existencialismo[1].

 

[1] http://es.wikipedia.org/wiki/Alberto_Moravia

Minucio Félix

Minucio Félix

 

Minucio Félix

(Marcus Minucius Felix, 150 – 270)

Fue un abogado y apologista de Roma.

La apología que escribió (el Octavius) está escrita en forma de diálogo en el que toman parte tres personas: el autor, y dos amigos suyos: Octavio, un cristiano, y Cecilio, un pagano. Van de camino a Ostia, donde conversan los tres amigos; al pasar ante una escultura de Serapis, Cecilio da un beso al aire, y este incidente da origen a una discusión con forma de debate forense. Cecilio actúa como fiscal, llevando la acusación del cristianismo, Octavio es el defensor, y Minucio es el juez. Cecilio defiende el paganismo y ataca el cristianismo, Octavio lo refuta en tono sereno, y al final Cecilio acepta la fe cristiana, y Minucio se siente feliz.

Esta apología no argumenta desde las Escrituras, además, muestra una estrecha relación de ideas y expresiones con el Apologeticum de Tertuliano. Entre Apologética y Octavio hay una relación estrecha de ideas y expresiones, una obra ha influido en la otra[1].

 

[1] http://es.wikipedia.org/wiki/Minucio_F%C3%A9lix

Cornelio Nepote

Cornelio Nepote

Cornelio Nepote

(Pavía, c. 99 a.J.C.-?, c. 24 a.J.C.)

 

Historiador latino. Gran parte de su obra literaria se ha perdido. Escribió numerosas biografías. Redactó su obra más importante, Los varones ilustres, hacia el año 34 a.J.C. Se sabe que escribió también poesías eróticas[1].

Nacido en el valle del Po, probablemente en Ticinio, en torno al año 100 o 109 a. C., Nepote es el biógrafo de la lengua latina más antiguo que conocemos. Paradójicamente, su propia vida nos es bastante desconocida, ni siquiera sabemos su praenomen. Pertenecía a la clase de los caballeros, pero se mantuvo al margen de la política, dedicándose únicamente a escribir. Se lo vincula con Ático y con Cicerón, con quienes al parecer mantenía correspondencia. Muere después del año 27 a. C. Se ha dicho a menudo que Nepote muestra ciertas deficiencias de estilo, comparado con los gigantes de la literatura romana como Salustio, César o Tito Livio, aunque también es cierto que era muy consciente de la inferioridad del género biográfico dentro de la historiografía. Si bien posee conocimientos, su erudición no es demasiado profunda, y la principal finalidad de sus escritos es la didáctica moralizante, lo que explica que sus vidas de generales extranjeros fueran empleadas frecuentemente como texto escolar. Aunque cultivó cierta amistad con Cicerón y le admiraba profundamente, nunca llegó a extender su estima hacia la filosofía, considerándola un área del conocimiento ajena a sus intereses. Nepote trata los temas de moda en el momento mezclando el género biográfico alejandrino, rico en anécdotas, con el plutarqueo, que pretende dar una estructura más artística a la obra. De estos dos, impera el tono anecdótico, en el que se mezclan episodios de la vida privada y pública de sus personajes, sazonadas con el estilo aticista, el tipo de discursividad que Cicerón denominaba genus tenue. Organiza sus Vidas en parejas de figuras famosas dentro del campo militar, romanos y extranjeros, a fin de establecer paralelismos entre el modelo de ciudadano tradicional y los grandes hombres de otros tiempos: Alcibíades, Aníbal. Plinio el Viejo lo considera demasiado crédulo a la hora de recopilar información y a menudo podemos detectar errores de incoherencia en sus crónicas, como confundir a Almíbar con su tío, del mismo nombre. Sus obras más importantes son De viris ilustribus, Crónica, Exempla y Vidas de Catón y Cicerón[2].

 

[1] http://www.biografiasyvidas.com/biografia/c/cornelio_nepote.htm

[2]http://introduccionalahistoriajvg.wordpress.com/2012/08/16/%E2%90%A5-cornelio-nepote-ca-100-a-c-ca-27-a-c/

Octavio Augusto

Octavio Augusto

Octavio Augusto

(Cayo Julio César Octavio)

 

Primer emperador romano (?, 63 a. C. – Nola, Nápoles, 14 d. C.). Procedía de una rica familia del orden ecuestre de Veletri (su abuelo fue banquero y su padre, pretor de Macedonia). Por parte de madre era sobrino-nieto de Julio César, el cual le adoptó en el 45 a. C. y le designó su heredero.

Tras la muerte de César (44), entabló la lucha contra el que había sido su lugarteniente, Marco Antonio; para ello contó con el apoyo de Cicerón y de los republicanos del Senado, que esperaban dividir a los cesaristas enfrentándoles entre sí; también contó con el apoyo de los grandes financieros (como Mecenas), lo que le permitió costearse un ejército propio.

Tras derrotar a Marco Antonio en la batalla de Módena, exigió del Senado el nombramiento de cónsul; rechazado por su juventud (tenía sólo 20 años), marchó sobre Roma y tomó el poder sin combatir, ya que las legiones enviadas contra él prefirieron apoyarle.

Desde el año 43 a. C., pues, Octavio Augusto fue cónsul y se hizo otorgar poderes extraordinarios. Enfrentado a las resistencia de los republicanos Bruto y Casio, fuertes en Oriente, Octavio decidió aliarse con sus antiguos enemigos Marco Antonio y Lépido (entrevista de Bolonia, 43) y formar con ellos un triunvirato. Comenzó entonces la persecución de los republicanos (en la cual murió Cicerón), que culminó en la batalla de Filippi en Macedonia (42).

Marginado Lépido, Octavio se repartió el poder de hecho con Marco Antonio, dejando a este último la zona oriental, mientras él permanecía en Roma y controlaba la parte occidental. El enfrentamiento entre ambos condujo a la Guerra de Perugia (41), en la que el jefe militar de Octavio Augusto, Agripa, derrotó a los antonianos. La conferencia de Brindisi (40) estableció un nuevo reparto de zonas de influencia entre los triunviros: Octavio dominaba en Occidente; Marco Antonio en un Oriente restringido, que alcanzaba sólo hasta el río Drin (en Albania); Lépido en África; e Italia se consideraba neutralizada bajo el dominio conjunto de los triunviros. El matrimonio entre la hermana de Octavio y Antonio selló la paz, que se mantuvo durante cuatro años.

Además, en el 39 Sexto Pompeyo recibió Sicilia, Cerdeña, Córcega y Acaya, con el compromiso de mantener a Roma abastecida de grano; pero en el 36 Octavio hubo de enfrentarse a Sexto Pompeyo, a quien derrotó en la batalla de Nauloque (Sicilia). El gobierno de Octavio Augusto se hizo popular en Occidente en virtud de su impulso a la agricultura y de la integración de las provincias con Roma.

Mientras tanto, Marco Antonio había sucumbido a la influencia de Cleopatra VII de Egipto y practicaba una política orientalizante, poco propicia a los intereses romanos; Octavio explotó en su favor esta circunstancia, declarando la guerra a Cleopatra en el 32 («Guerra Ptolemaica»). Tras la victoria naval de Actium (31), entró en Alejandría, donde Marco Antonio y Cleopatra se suicidaron (30). Con la anexión de Egipto, Octavio dio a Roma el control sobre todo el Mediterráneo.

Aprovechando su prestigio, Octavio transformó el régimen político de la República romana en una especie de monarquía que recibe los nombres de Principado o Imperio; el nuevo régimen consistía en un equilibrio de poder entre el Senado y el pueblo romano, por un lado, y el emperador y su casa, por otro.

Inicialmente, se hizo renovar cada año el mandato como cónsul en solitario, al cual fue añadiendo nuevos títulos que reafirmaron su poder; princeps senatus (el primero de los senadores) en el 28 a. C.; augustus (título religioso que reflejaba su misión divina) e imperator proconsulare de Galia, Hispania y Siria (lo que le otorgaba el mando militar) en el 27; tribuno vitalicio (con poder de veto sobre las decisiones de los magistrados) en el 23; cónsul vitalicio y prefecto de las costumbres en el 19; gran pontífice (jefe religioso del Imperio) en el 12; y «padre de la patria» en el año 2 a. C.

Si bien rechazó su divinización en vida, Octavio Augusto aprovechó en su favor el culto de los genios, fomentando un culto al emperador que se convirtió en un vínculo adicional entre los habitantes del Imperio. Paralelamente, reformó las instituciones romanas, adaptándolas a la necesidad de gestionar un Imperio tan extenso: creó el Consejo del Príncipe, órgano de gobierno integrado por hombres de su confianza (Agripa, Mecenas.); dividió las provincias en senatoriales (confiadas a un gobernador sin mando militar nombrado por el Senado) e imperiales (gobernadas por un legado del emperador); reorganizó la fiscalidad, sometiéndola a su gestión directa y haciéndola menos gravosa; protegió el culto; favoreció al orden ecuestre frente a la aristocracia senatorial; aseguró los límites del Imperio frente a los partos y a los germanos; y continuó la expansión en la zona del Danubio y el mar Negro. Entre las debilidades de su poder destaca el no tener sucesor (no tuvo hijos varones de sus tres matrimonios); acabó por adoptar a su yerno Tiberio, al cual asoció en el poder desde el 13 d. C., y que le sucedería sin dificultad después de su muerte[1].

 

[1] http://www.biografiasyvidas.com/biografia/a/augusto.htm

Achille Campanille

Achille Campanile

Achille Campanile

(1899-1977)

Uno de los mayores humoristas italianos.

Escritor de ficción y drama, periodista y crítico de televisión, con sus obras ha viajado por casi todo el 900. Desde el principio, en los años 20, hasta el final de los años 70, lo que representa y la interpretación, siempre de una manera irónica, el vestuario y la esencia misma de la vida en nuestra sociedad[1].

 

[1] http://www.campanile.it/

Leonardo da Vinci

Leonardo da Vinci

 

Leonardo da Vinci

(Vinci, Toscana, 1452 – Amboise, Turena, 1519).

Artista, pensador e investigador italiano que, por su insaciable curiosidad y su genio polifacético, representa el modelo más acabado del hombre del Renacimiento  Leonardo da Vinci era hijo ilegítimo de un abogado florentino, quien no le permitió conocer a su madre, una modesta campesina.

Leonardo se formó como artista en Florencia, en el taller de Andrea Verrochio; pero gran parte de su carrera se desarrolló en otras ciudades italianas como Milán (en donde permaneció entre 1489 y 1499 bajo el mecenazgo del duque Ludovico Sforza, el Moro) o Roma (en donde trabajó para Julio de Médicis). Aunque practicó las tres artes plásticas, no se ha conservado ninguna escultura suya y parece que ninguno de los edificios que diseñó llegó a construirse, por lo que de su obra como escultor y arquitecto sólo quedan indicios en sus notas y bocetos personales.

Es, por tanto, la obra pictórica de Leonardo da Vinci la que le ha hecho destacar como un personaje cumbre en la historia del arte, debido a una veintena de cuadros conservados, entre los cuales destacan La Gioconda o Mona Lisa, La Anunciación, La Virgen de las Rocas, La Santa Cena, La Virgen y Santa Ana, La Adoración de los Magos, el Retrato de Ginebra Benzi. Son composiciones muy estudiadas, basadas en la perfección del dibujo y con un cierto halo de misterio, en las que la gradación del color contribuye a completar el efecto de la perspectiva; en ellas introdujo la técnica del sfumato, que consistía en prescindir de los contornos nítidos de la pintura del «Quattrocento» y difuminar los perfiles envolviendo las figuras en una especie de neblina característica. El propio Leonardo teorizó su concepción del arte pictórico como «imitación de la naturaleza» en un Tratado de pintura que sólo sería publicado en el siglo XVII.

Interesado por todas las ramas del saber y por todos los aspectos de la vida, los apuntes que dejó Leonardo (escritos de derecha a izquierda y salpicados de dibujos) contienen también incursiones en otros terrenos artísticos, como la música (en la que destacó tocando la lira) o la literatura. Según su criterio no debía existir separación entre el arte y la ciencia, como no la hubo en sus investigaciones, dirigidas de forma preferente hacia temas como la anatomía humana (avanzando en el conocimiento de los músculos, el ojo o la circulación de la sangre), la zoología (con especial atención a los mecanismos de vuelo de aves e insectos), la geología (con certeras observaciones sobre el origen de los fósiles), la astronomía (terreno en el que se anticipó a Galileo al defender que la Tierra era sólo un planeta del Sistema Solar), la física o la ingeniería.

En este último terreno fue donde quedó más patente su talento de precursor a juicio de las generaciones posteriores, ya que Leonardo concibió multitud de máquinas que no dio a conocer entre sus contemporáneos y que la técnica ha acabado por convertir en realidad siglos más tarde: aparatos de navegación (como un submarino, una campana de buceo y un salvavidas), máquinas voladoras (como el paracaídas, una especie de helicóptero y unas alas inspiradas en las de las aves para hacer volar a un hombre), máquinas de guerra (como un puente portátil y un anticipo del carro de combate del siglo xx), obras de ingeniería civil (como canalizaciones de agua o casas prefabricadas), máquinas herramientas (como una hiladora, una laminadora, una draga o una cortadora de tornillos), fortificaciones, etcétera.

Sin embargo, el genio de Leonardo le encaminó a tal cantidad de objetivos diferentes que apenas ejerció influencia sobre la marcha de los distintos campos que tocó (aunque sí obtuvo un gran prestigio personal, que ha perdurado hasta nuestros días): muchos de los proyectos que emprendió quedaron inacabados cuando otros nuevos atrajeron su interés; y, en cuanto a los inventos, se limitó a concebir ideas útiles, pero no se esforzó por plasmarlas en modelos viables que pudieran funcionar, por lo que la mayoría de sus investigaciones fueron especulaciones teóricas sin consecuencias prácticas. En ellas se concentró a partir de 1516 cuando, con las manos afectadas por una parálisis, pasó a vivir en Francia bajo la protección de Francisco I[1].

 

 

Giovannino Guareschi

Giovannino Guareschi

Giovannino Guareschi

(Parma, 1908 – Cervia, 1968)

Narrador y humorista italiano creador de un personaje tan difundido, Don Camilo, que lo hizo desaparecer como escritor. Vinculado a la tradición satírica de la literatura popular, publicó relatos como El destino se llama Clotilde (1942) o El marido en el colegio (1943) que repiten las soluciones y las chanzas del género cómico. Más original resultó el binomio del cura Camilo y su eterno oponente, don Peppone, un alcalde comunista, que aparecieron en Mundo pequeño, y que luego integraron Don Camilo (1948) y sus continuaciones, Don Camilo y su parroquia y El camarada don Camilo. Estas novelas contenían narraciones independientes nada desdeñables, pero el fácil juego entre el cura de pueblo, y las peripecias anticomunistas del personaje, hicieron olvidar los méritos menos evidentes de la escritura de Guareschi. Traducido a numerosas lenguas y llevado al cine, la fama del protagonista acompañó los años en que triunfaba en Italia la democracia-cristiana y desaparecía la izquierda del poder[1].

Galileo Galilei

Galileo Galilei

Galileo Galilei

(1564-1642)

Las invenciones de Galileo eran una maravilla científica en su tiempo y han sido desde entonces increíblemente importantes para el estudio del cosmos y de la astronomía. Galileo Galilei nació en 1564 en Pisa, Italia (donde la torre se inclina) y fue educado en uno de los principales monasterios de la ciudad. Pronto en su vida quiso unirse al Orden de la Iglesia; sin embargo sus padres, Vincenzo Galilei (un profesor de música) y Guilia Ammannati, tenían ambiciones diferentes para su hijo. Querían que Galileo se convirtiera en médico. Sin embargo, mientras realizaba sus estudios universitarios, Galileo se dio cuenta de su pasión por las matemáticas y se convirtió en cambio en profesor de matemáticas en las universidades de Padua y de Pisa.

 Como profesor, Galileo habló en contra de conceptos tradicionales de la astronomía. Hasta ese momento de la historia, se pensaba que las teorías de Aristóteles eran las leyes fundamentales de la física. La creencia de Aristóteles de que los objetos con mayor densidad caen más rápidamente que los de menor peso fue refutada por Galileo cuando subió a lo alto de la torre inclinada de Pisa y descubrió que la razón por la que un objeto cae más rápidamente que otro depende de la fricción que cada uno encuentra al moverse por el aire: dos objetos de peso diferente realmente caen a la misma velocidad en el vacío.

Galileo también refutó la afirmación de Aristóteles de que el universo era geocéntrico, lo que significa que el Sol gira alrededor de la Tierra. En cambio, confirmó la polémica aseveración de Nicolás Copérnico de que la Tierra y todos los demás planetas realmente giran alrededor del Sol; la visión heliocéntrica. La magnífica invención de Galileo del telescopio en 1610 proporcionó el instrumento necesario para verificar la teoría de Copérnico. Su telescopio fue modelado imitando a un catalejo, que hace que objetos distantes parezcan más cercanos al ojo. El modelo de Galileo era muy superior y capaz de ampliar objetos veinte veces, en comparación con otros que sólo podían ampliar un objeto tres veces. Con su telescopio, Galileo pudo observar la Luna y hacer importantes descubrimientos y estudios astronómicos. Descubrió cuatro de las lunas de Júpiter con su telescopio y también confirmó las fases de Venus.

La rigurosa aprobación de Galileo del sistema de Copérnico enfadó a la Iglesia Católica. Había diversos pasajes bíblicos que estaban en conflicto con la idea de un universo con el Sol en el centro. Aunque el Papa Urbano VIII, quien encabezaba la Iglesia en ese entonces, admiraba a Galileo, se formó una Inquisición para condenarlo por herejía después de la publicación de su libro “Diálogo acerca de los dos sistemas mundiales principales”. El Papa había asegurado previamente a Galileo que podría incluir la teoría de Copérnico en su libro siempre y cuando la tratara estrictamente como un principio matemático. Pero ese resultó no ser el caso y Galileo fue puesto bajo arresto domiciliario en su casa en Arcetri, a las afueras de Florencia, Italia, en 1633. No lo encarcelaron debido a su avanzada edad y problemas de salud. En ese punto de su vida estaba ciego y casi no podía moverse. Murió en su casa en 1642, aunque fue un hombre cuya vida proporcionó un increíble progreso al mundo de la ciencia[1].

 

Alberto Savinio

Alberto Savinio

Alberto Savinio

(Andrea de Chirico, Atenas, 1891-Roma, 1952)

Escritor italiano. Hermano menor del pintor Giorgio de Chirico. Estudió composición musical con M. Reger en Berlín, antes de marchar a París, donde fue amigo de Apollinaire y colaborador de Soirées de Paris. En 1914 publicó en francés el poema Cantos de la media muerte. Durante la I Guerra Mundial, luchó en el frente de los Balcanes. Con posterioridad, residió en Milán y en Roma, donde fue miembro del grupo neoclásico La Ronda. De 1925 a 1934 residió de nuevo en París y luego se instaló de modo definitivo en Italia. Su obra literaria empieza a ser reconocida como una de las más originales de su país. Son notables las novelas Hermaphrodita (1918), La casa inspirada (1925) y La infancia de Nivasio Dolcemare(1941), los relatos de Aquiles enamorado (1938), Toda la vida (1945) y El señor Dido (1978) y los ensayosMaupassant y «el Otro» (1960) y Nueva enciclopedia(1977)[1].

 

Suetonio

Suetonio

Gayo Suetonio Tranquilo

 (latín: Gaius Suetonius Tranquillus; c. 70 – post 126)

 Comúnmente conocido como Suetonio, fue un historiador y biógrafo romano durante los reinados de los emperadores Trajano y Adriano. Formó parte del círculo de amistades de Plinio el Joven y al final, del mismo emperador Adriano, hasta que cayó en desgracia por enemistarse con éste. Su obra más importante es las Vidas de los doce césares (De vita Caesarum, también conocida como Vitae Caesarum), en la que narra las vidas de los gobernantes de Roma desde Julio César hasta Domiciano.

Se sabe muy poco de su propia vida, siendo la principal vía de información para reconstruir su biografía tres fuentes: las cartas de Plinio el Joven, los escritos de Elio Esparciano en la Historia Augusta y las obras de Juan Lido, además de pequeñas indicaciones dadas por él mismo. De acuerdo con estas fuentes, y gracias a la aparición en los años 50 del siglo XX de una inscripción honorífica en su más que probable ciudad natal, se sabe que su nombre completo fue Gaius Suetonius Tranquillus, y que nacería en Hipona, la antigua Hippo Regius, en Numidia (actual Annaba, Argelia), hacia el año 70 o 71 d. C., a principios del reinado de Vespasiano. Murió después del año 126 d. C.

Su padre, Suetonius Laetus, procedía del orden ecuestre (equites), disponiendo además de una acomodada situación. Aunque al pertenecer a tal clase lo normal es que el hijo hubiera hecho carrera en el ejército y luego en la administración fiscal, Suetonio no se decidió por ello. En cambio, en tiempos de Domiciano (81-96) fue enviado a Roma, donde comenzó a estudiar literatura, gramática y retórica, llegando a ejercer como profesor y abogado (en el año 97).

Fue amigo y protegido de Plinio el Joven, quien le consiguió el ius trium liberorum (las exenciones concedidas a un padre de tres hijos), y le habría además recomendado al emperador Trajano, gracias a lo cual pudo ingresar a la burocracia imperial, desempeñando, durante el reinado de este emperador (98-117), los cargos de superintendente de las bibliotecas públicas (a bibliothecis) y responsable de los archivos (a studiis). Sirvió a Plinio durante la estancia de éste como gobernador de Ponto y Bitinia entre 110 y 112 d. C.

Tras la muerte de Plinio, Suetonio tuvo otro gran valedor, Cayo Septicio Claro, el prefecto del pretorio de Adriano. Éste consiguió que el emperador nombrara a Suetonio secretario ab epistulis (encargado de la correspondencia oficial), un cargo de gran categoría y confianza. Este puesto le proporcionó acceso a los archivos imperiales, a correspondencias como las de César y Augusto, o a los testamentos de uno y otro, lo que sirvió para conferir a su obra un carácter de veracidad y de relato con información de primera mano. Posiblemente acompañó al emperador en sus viajes a Galia, Germania y Britannia entre los años 120 y 122.

En 122 tanto él como Septicio Claro caen en desgracia, al romperse bruscamente las relaciones con Adriano; el colofón de esta última y triste época lo puso su expulsión de la corte. Parece ser que esto fue debido a «tomarse demasiadas familiaridades con la emperatriz», aunque otros autores sugieren que Adriano sólo trataba de aislar a Vibia Sabina.

A partir de este momento se retiró a la vida privada y se consagró a la labor literaria, pero los datos sobre su vida son prácticamente nulos, pues ni siquiera sabemos con seguridad la fecha de su muerte, que, en todo caso tuvo que ser después del año 126.

De su obra cabe decir que fue extensa y que escribió tanto en lengua latina como en griega, pero, por desgracia, de toda su producción tan sólo se han conservado dos obras prácticamente completas: Las Vidas de los doce césares (De vita Caesarum) y el De grammaticis et rhetoribus. En estado más fragmentario nos han llegado el De poetis, y, quizá retrabajado por autores posteriores, el De viris illustribus («Sobre los hombres ilustres»), que posiblemente fueron los libros 11-19 de su perdida Pratum de rebus variis[1].

Giuseppe Marotta

 

Giuseppe Marotta

 

Giuseppe Marotta

Nacido en Nápoles, en Nueva Capodimonte, 5 de abril 1902 en una familia de clase media Avellino (su padre, un abogado de buena posición económica, la cual se desvaneció en los últimos años).   A la edad de nueve años, muere su padre. Pocos meses después se trasladaron a Nápoles. La madre, treinta años más joven que su marido desempeña tareas humildes (zurce y plancha) para mantener a la familia que está compuesta por María, José y Ada.

En esos años Marotta vive en la pobreza en una habitación en la planta baja de la torre del campanario de una iglesia. Pronto abandonó la escuela técnica,  exento del servicio militar, se empleó en la Compañía de Gas. Durante este período, él reanuda sus estudios durante la tarde y la noche y es publicada por Tribune ilustrado su primera novela .

En 1925 se trasladó a Milán para seguir una carrera como periodista . Los primeros días son ciertamente difíciles, ya que se ven obligados a dormir en los bancos del parque, antes de unirse a Arnoldo Mondadori Editore y luego a Rizzoli como editor.

Su columna regular publicada en la revista Film fue notado por Borelli, que abre las puertas de Il Corriere della Sera . En los mismos años es también el jefe de la oficina de prensa de Película alemana, una organización para la promoción de las películas alemanas en Italia.

La colaboración con Il Corriere della Sera, se interrumpió en 1943 durante dos años, los cuales utiliza para crear guiones  de cine y teatro .

Marotta enfoca su trabajo hacia el pueblo, amado y nunca abandonó por completo. Su primera novela, ” All of me “, salió en 1932 . Desde entonces su carrera se dividirá entre el periodismo y la escritura. Desde 1940, su producción literaria es continua e intensa.

Inmediatamente después de la guerra ( 1947 ), Marotta publicó en la editorial Bompiani, la colección de cuentos ” El oro de Nápoles “, que tuvo un gran éxito. Vittorio De Sica filma una película en 1954 basada en  su novela “Vamos, mira”  y ganó el Premio Bagutta .

Giuseppe Marotta tuvo éxito como escritor de guiones. Aparte de la ya mencionada ” El oro de Nápoles “, tomado de un libro escrito en colaboración con De Sica y Zavattini , en colaboración con Ettore Giannini de ” Carrusel napolitano “( 1953 ), de Mario Soldati y Eduardo De Filippo para ” Estos fantasmas “( 1955 ), Francesco De Feo para ” Mundo Desnudo “( 1964 ). Su trabajo lo llevó a ser crítico en “Cinematorgrafico L’Europeo” hasta su muerte en Nápoles 12 de octubre 1963[1].

Lanza del Vasto

Lanza del Vasto

Lanza del Vasto

(nacido Giuseppe Giovanni Luigi Enrico Lanza di Trabia en San Vito dei Normanni, Italia, el 29 de septiembre de1901 – murió en la Comunidad del Arca “La Longuera“, situada a 7 km de Elche de la Sierra, Albacete, España, el 5 de enero de 1981)

Fue un filósofo, poeta, artista y activista de la no violencia.

Fue discípulo de Mohandas K. Gandhi, quien le impuso el sobrenombre de Shantidas, y trabajó en el diálogo interreligioso, la renovación espiritual, el activismo ecológico y la no violencia.

Fue fundador de la Comunidad del Arca.

En diciembre de 1936, Lanza viajó a la India, para unirse al Movimiento para la Independencia de la India comandado por Gandhi. Había conocido a Gandhi a través de la obra de Romain Rolland. Tras vivir con Gandhi durante 6 meses, emprendió su peregrinación al nacimiento delGanges y luego de ese viaje volvió a Europa. En 1938 emprendió uno de sus viajes espirituales hacia Palestina, para conocer y visitar los Santos Lugares.

Tras su muerte, fue trasladado a Francia, donde fue enterrado junto a su mujer, en la Comunidad del Arca La Borie.

Peregrinación a las fuentes es su libro más importante. En él relata sus primeros días en la India y los distintos pasos que da para despojarse de su hombre occidental. De esta manera es como llega a conocer al objetivo de su viaje, Mohandas K. Gandhi que en ese momento participaba activamente como asesor del Parlamento Indio. De sus días con Gandhi se refleja el estrecho contacto que tenían y la madurez del proyecto de Lanza del Vasto de peregrinar hasta el nacimiento del Ganges, de donde vuelve después de haber experimentado con casi todos los aspectos de la vida ascética de las distintas castas y sectas hindúes de la India.

Un viento de altas montañas sopla por las páginas de este diario de viaje. Un canto a la vida y al conocimiento místico del universo. Una revelación existencial de claves herméticas hindúes con algo del aliento de Whitman[1].

 

 

Federico Fellini

Federico Fellini

FEDERICO FELLINI

Nació en Rimini en 1920. Hijo de Ida Barbani, ama de casa y Urbano Fellini, representante de comercio. Fue educado en un colegio católico y manifestó desde niño un enorme interés por el circo que le llevó una vez dejar el hogar. Fue un niño tranquilo al que le gustaba dibujar. A los 17 años publicó sus primeros dibujos. En su adolescencia viajó a Roma, vivió de realizar dibujos humorísticos y después se dedicó a escribir escenas cómicas para guiones de cine italiano. Esta tarea le ocupó aproximadamente una década (1940-50) y lo convirtió en colaborador de Roberto Rosellini.

En 1942 conoce a Giulietta Masina, al año siguiente contrae matrimonio con ella. Es padre en 1945, el hijo vive sólo dos semanas, muere de insuficiencia respiratoria.

En 1948 debuta como actor, con barba y pelo rubio, en el film El amor, dirigido por Rossellini.

Después comenzó a dirigir, siempre sobre guiones en los fue autor o co-autor.
Fellini siempre sigió sus propias aspiraciones, sus dictados interiores, sin atender las especulaciones sobre beneficios económicos.

Cuando “La Strada” se convirtió en un éxito internacional, ganando un premio Oscar, los productores le pidieron ansiosamente que rodara una continuación, alguna fantástica Gelsomina in bicicletta, que él se negó sin siquiera considerar.

Años despues tuvo problemas para financiar “La dolce vita”, la que tuvo un éxito enorme sin que su director recibiera beneficio alguno.

En 1966 prepara la película El viaje de G.Mastorna, signada por dificultades y obstáculos de producción. Sufre un colapso en 1967 y renuncia al proyecto.

En 1972 dirige Amarcord, gana un Oscar como mejor film extranjero. Más tarde con “Casanova” debido a desencuentros con los productores, llegó a interrumpirse el rodaje, los costos superaban los presupuestos aprobados.

En 1978 dirige Ensayo de orquesta que suscita discusiones políticas. Con Ginger y Fred vuelve a trabajar con su mujer, Giulietta Masina.

En 1989 dirige su último film, La voz de la luna.

El 31 de Agosto de 1993, sufre un ataque cerebral y muere en el Hospital Policlínico de Roma[1].

Italo Calvino

Italo Calvino

(Santiago de las Vegas, Cuba, 1923-Siena, Italia, 1985)

Escritor italiano. Hijo de un ingeniero agrónomo, se trasladó de San Remo, donde transcurrió la mayor parte de su infancia, a Turín, para seguir los mismos estudios que su padre, pero enseguida los abandonó a causa de la guerra, durante la cual luchó como partisano contra el fascismo. En 1944 se afilió al Partido Comunista Italiano.

Tres años más tarde publicaba, gracias a la ayuda de Cesare Pavese, su primera novela, Los senderos de los nidos de araña, en la que relataba su experiencia en la resistencia. A la conclusión de la guerra, siguió estudios literarios en la Universidad de Turín, en la que se licenció con una tesis sobre Joseph Conrad, y empezó a trabajar para la editorial Einaudi, con la que colaboraría toda su vida.

Tras publicar algunas antologías de relatos, de tipo fabulístico, con las cuales se alejaba de la escritura realista de sus inicios, escribió la trilogía Nuestros antepasados, integrada por El vizconde demediado, El barón rampante y El caballero inexistente, narración fantástica y poética, plagada de elementos maravillosos, en la que planteaba el papel del escritor comprometido políticamente. Por esa época, su relación con el PCI estaba ya muy degradada, hasta que, en 1957, acabó por desvincularse de él por completo.

Esta trilogía marcó un importante giro en su evolución literaria, ya que, dejando a un lado sus iniciales inclinaciones neorrealistas, consiguió reinventar magistralmente el conte philosophique del siglo XVII. Con un refinado juego de acontecimientos emblemáticos, que acercan el estilo del libro a la fábula, en El vizconde demediado (1952) se propuso analizar y denunciar la realidad contemporánea, así como la soledad y el miedo implícitos en la condición humana. Esta misma problemática continúa en El barón rampante (1957) y El caballero inexistente (1959), obras en las que puso de manifiesto su conciencia de vivir en un mundo en el que se niega la más sencilla individualidad de las personas, reducidas a una serie de comportamientos preestablecidos.

Notable fue también su interés por los problemas de la sociedad industrial contemporánea y la alienación urbana, que quedó plasmado en otra especie de trilogía compuesta por La especulación inmobiliaria (1957), La nube de smog (1958) y La jornada de un interventor electoral (1963). Gracias a su labor de crítico literario en la revista Il Menabo, que codirigía junto a Elio Vittorini, entró en contacto con la obra de Raymond Queneau y del grupo experimental francés Oulipo, a cuyos planteamientos literarios, basados en el juego formal y la combinatoria de formas y estructuras posibles, se acercó de modo progresivo.

Tras publicar Marcovaldo (1963), libro en el que convergen las dos vertientes de su narrativa, la realista y la fantástica, su poética se abrió a un nuevo clima cultural, moral y estilístico, determinado por el interés hacia argumentos científicos o matemáticos y hacia la experimentación literaria, pero en el que pervive claramente su característica actitud irónica y deformadora con respecto a la realidad. En Cosmicómicas (1965) y Ti con zero (1967) el dato científico, los modelos inventivos paradójicos, la elaboración de increíbles teoremas o la construcción de situaciones irreales tienen como objetivo verificar un pensamiento científico, pero también huir de las costumbres de la imaginación para poder comunicar la verdad de una manera muy personal y con gran virtuosismo estilístico.

Retomó, al menos estructuralmente, su gusto por la fabulación fantástica en El castillo de los destinos cruzados (1969), una meditación mágica sobre el destino del hombre, y en Las ciudades invisibles (1972), descripción de una serie de ciudades imaginarias puesta en boca de Marco Polo. Se advierte en estas obras un deseo de indagar en los mecanismos de la escritura, en sus impedimentos y en los significados que se esconden detrás de las palabras y de las cosas.

Estas reflexiones se concretaron en sus últimos libros, Si una noche de invierno un viajero (1979), novela escrita en gran parte en segunda persona cuyos protagonistas son el Lector y la Lectora, y Palomar (1983), obra en buena parte autobiográfica, pero también tienen un papel importante en Punto y aparte (1980) y Colección de arena (1984), conjunto de ensayos y meditaciones sobre literatura y sociedad publicados en distintos periódicos y revistas[1].

 

Giovanni Papini

Giovanni Papini

(Florencia, 9 de enero de 1881 – íd. 8 de julio de 1956)

Fue hijo de un modesto comerciante de muebles de la calle Borgo degli Albizi. Lo bautizaron a escondidas para soslayar el fuerte ateísmo de su padre. Fue un niño precoz, introvertido y falto de cariño. Adoptó desde niño un talante escéptico, pero lleno de curiosidad por las diversas doctrinas y religiones. Una de sus ilusiones tempranas, nunca abandonada, era escribir una enciclopedia que resumiera todas las culturas.

Nacido en Florencia en 1881, y fallecido en 1956 fue escritor y poeta. Fue uno de los animadores más activos de la renovación cultural y literaria que se produjo en su país a principios del siglo XX, destacando por su desenvoltura a la hora de abordar argumentos de crítica literaria y de filosofía, de religión y de política.

Nacido en una familia de condiciones humildes y de formación autodidacta, fue desde muy joven un infatigable lector de libros de todo género y asiduo visitante de las bibliotecas públicas, donde pudo saciar su enorme sed de conocimientos. Obtuvo el título de maestro y trabajó como bibliotecario en el Museo de Antropología de Florencia, pero a partir de 1903, año en que fundó la revista Leonardo, se volcó con polémico entusiasmo en el periodismo.

Esta publicación se convirtió enseguida en un instrumento de lucha contra el positivismo que imperaba en el pensamiento filosófico italiano y, al mismo tiempo, contribuyó a difundir el pragmatismo. Ese mismo año se convirtió en redactor jefe del diario nacionalista Regno, mientras que en 1908, finalizada ya la andadura de Leonardo, empezó a colaborar activamente en La Voce, convirtiéndose en uno de los representantes más inquietos y ruidosos del movimiento filosófico y político que surgió en Florencia alrededor de esa revista.

Más tarde fundó también Anima (1911) y Lacerba (1913), de orientación más literaria y donde durante un tiempo defendió las tendencias futuristas de Tommaso Marinetti. Agnóstico, anticlerical, pero no obstante siempre abierto a nuevas experiencias espirituales, su actividad periodística le permitió dar rienda suelta a su afición de sorprender y escandalizar a los lectores y de arremeter contra personajes más o menos famosos.

Se acercó al fascismo, y sus creencias le obtuvieron una posición en la Universidad de Bolonia en 1935 (a pesar de que sus estudios solo lo habilitaban para enseñanza primaria); las autoridades fascistas confirmaron la “impecable reputación” de Papini a través de ese nombramiento. En 1937, Papini publicó el primer y único volumen de su Historia de la literatura italiana, que le dedicó a Benito Mussolini: “A el Duce, amigo de la poesía y de los poetas”, que fue de gran consideración para la academia, especialmente en el estudio del Renacimiento italiano. Antisemita, creía en una conspiración internacional de los judíos, y apoyaba las leyes de discriminación racial impuestas por Mussolini en 1938. Papini fue vicepresidente de la Federación Europea de Escritores desde marzo de 1942. Cuando cayó el régimen fascista (1943), Papini ingresó al convento franciscano de Verna.

Ampliamente desacreditado al final de la Segunda Guerra Mundial, fue defendido por la derecha política del catolicismo. Murió en su natal Florencia.

Su obra El diablo fue objeto de grandes discusiones y controversias. La crítica europea considera que su mejor obra es Gog, una colección de relatos filosóficos, escritos en un estilo brillante y satírico. Entre sus obras religiosas están La Historia de Cristo, Cartas al Papa Celestino VI, y El Juicio Final. Escribió varios libros de crítica política y eclesiástica, entre los que destacan El libro negro y, especialmente, Un hombre acabado, a la que muchos consideran como su obra maestra. En palabras de Jorge Luis Borges, “Si alguien en este siglo es equiparable al egipcio Proteo, ese alguien es Giovanni Papini, que alguna vez firmara Gian Falco, historiador de la literatura y poeta, pragmatista y romántico, ateo y después teólogo”. El propio Borges dice que “hay estilos que no permiten al autor hablar en voz baja. Papini, en la polémica, solía ser sonoro y enfático”[1]

Marco Tulio Cicerón

Marco Tulio Cicerón

(Arpino, actual Italia, 106 a.C.-Formies, id., 43 a.C.)

Orador, político y filósofo latino. Perteneciente a una familia plebeya de rango ecuestre, desde muy joven se trasladó a Roma, donde asistió a lecciones de famosos oradores y jurisconsultos y, finalizada la guerra civil (82 a.C.), inició su carrera de abogado, para convertirse pronto en uno de los más famosos de Roma.

Posteriormente, se embarcó rumbo a Grecia con el objetivo de continuar su formación filosófica y política. Abierto a todas las tendencias, fue discípulo del epicúreo Fedro y del estoico Diodoto, siguió lecciones en la Academia y fue a encontrar a Rodas al maestro de la oratoria, Molón de Rodas, y al estoico Posidonio.

De vuelta en Roma, prosiguió su carrera política, y en el lapso de trece años consiguió las más altas distinciones. Empezó como cuestor en Sicilia en el 76 a.C., y en el 70 a.C. aceptó defender a los sicilianos oprimidos por el antiguo magistrado Verres, para quien sus alegatos (Verrinaes) supusieron la condena, lo cual lo hizo muy popular entre la plebe y contribuyó a consolidar su fama de abogado.

Decidido partidario del republicanismo, admitía la necesidad de un hombre fuerte para dotar de estabilidad al Estado, figura que reconocía en Pompeyo; sus simpatías por él, sin embargo, no fueron siempre correspondidas.

Su carrera política fue fulgurante: en un año fue elegido edil, en el 66 a.C. pretor, cargo desde el que propulsó un acercamiento entre caballeros y senadores (concordia ordinum), y dos años después obtuvo la elección de cónsul del Senado. Desde esta posición, hizo fracasar la reforma agraria propuesta por Rullo, hizo frente a los populares, liderados por Craso y César, y llevó a cabo una de las batallas más dramáticas y peligrosas de su carrera: su oposición a la conspiración de Catilina.

Derrotado en las elecciones, éste se disponía a promover levantamientos para instaurar una dictadura. Los cuatro discursos (Catilinarias) pronunciados por Cicerón ante el Senado a fin de conseguir la ejecución de los conspiradores constituyen la muestra más célebre de su brillante oratoria, de gran poder emotivo. Sin embargo, su actuación acabó por significarle el exilio años más tarde, cuando Clodio, elegido tribuno de la plebe (58 a.C.) gracias a César, consiguió el reconocimiento de una ley que sancionaba con la pena de muerte a todo ciudadano romano que hubiera hecho ejecutar a otro sin el previo consentimiento del pueblo.

Tras buscar, sin éxito, el apoyo de Pompeyo, Cicerón marchó al exilio. Regresó a Roma apenas un año y medio más tarde, pero para entonces su carrera política estaba prácticamente acabada, situación que pareció hacerse definitiva con la dictadura de Julio César (48-44 a.C.). Sólo cuando éste fue asesinado, Cicerón volvió a la escena política para promover la restauración del régimen republicano. En un principio, mientras Marco Antonio aún no se había afianzado en el cargo, gozó de cierto poder y consiguió la amnistía para los asesinos de César, pero apenas aquél se sintió seguro, Cicerón se encontró con una fuerte resistencia, a la que hizo frente verbalmente con las catorce Filípicas.

En vano intentó entonces aliarse con Octavio Augusto, hijo de César, contra Marco Antonio: tras la batalla de Módena, Octavio se reconcilió con Marco Antonio y unió sus fuerzas con las de éste y con el ejército de Lépido para la formación del segundo triunvirato (43 a.C.). Ese mismo año, Cicerón fue apresado y ejecutado.

Formado en las principales escuelas filosóficas de su tiempo, mostró siempre una actitud antidogmática y recogió aspectos de las diversas corrientes. La originalidad de sus obras filosóficas es escasa, aunque con sus sincréticas exposiciones se convirtió en un elemento crucial para la transmisión del pensamiento griego. Al final de su De Republica contrasta su probabilismo con una exaltación religiosa de signo neoplatónico. Como literato, se convirtió en el modelo de la prosa latina clásica, con un estilo equilibrado y de largos y complejos períodos, aunque perfectamente enlazados (De divinatione)[1].

Benvenuto Cellini

Benvenuto Cellini

(Florencia, 3 de noviembre de 1500 – 13 de febrero de 1571)

Fue un escultor, grabador y escritor florentino. Se convirtió en uno de los orfebres más importantes del Renacimiento italiano y realizó monedas labradas, joyas, floreros y adornos exquisitos. Su autobiografía es un valioso testimonio de la época, aunque no carece de ingredientes fantasiosos.

Su padre, Giovanni Cellini fue músico y se casó con María Lisabetta Granacci, siendo Benvenuto su tercer hijo. No se le daba bien la música, pero sí el dibujo y la orfebrería, y a los quince años entró como aprendiz del orfebre Antonio Di Sandro, apodado Marcone. Un año después tuvo que exilarse a Siena a consecuencia de su apasionado temperamento que le hacía verse involucrado continuamente en duelos y peleas, ya que llegó a matar a un hombre.

Una vez en Roma (1519), fue discípulo de Miguel Ángel durante corto tiempo y residió allí ya casi sin interrupción hasta 1540. Trabajó para las principales familias de la aristocracia romana y Clemente VII le nombró maestro de la Ceca en 1529. Participó en las fuerzas de defensa durante el Saqueo de Roma (1527) perpetrado por las tropas del emperador Carlos V y, según cuenta en su Vida, mató de un arcabuzazo al mismísimo Condestable de Borbón. Posteriormente vivió en Florencia y Mantua, si bien regresó a Roma y se acogió a la protección del papa Clemente VII.

Tras un breve viaje a Francia, fue encarcelado en el Castillo Sant’Angelo por dos asesinatos, las calumnias de rivales envidiosos, el odio del sobrino del nuevo pontífice Paulo III, Pier Luigi Farnese, y la acusación sin fundamento del robo de joyas del papa durante el Saqueo. Cellini describió sus vivencias en prisión en tono místico. Logró sin embargo evadirse tras estar algún tiempo encerrado allí, y fue perdonado gracias a la intervención del cardenal Hipólito D’Este.

Entonces el rey Francisco I de Francia lo invitó a ir a París en 1540 y allí realizó el relieves en bronce de la Ninfa de Fontainebleau (Louvre, París). También creó para él un elaborado Salero de oro y esmalte (1539-1543; Kunsthistorisches Museum de Viena), una de sus obras maestras. El monarca le concedió una pensión anual y le mantuvo ocupado con diversos encargos, pero se vio obligado a marcharse en 1545 debido a sus discusiones con la amante del rey, Madame d’Étampes, a las rivalidades con los artistas locales y a sus propias excentricidades, y regresó a Florencia.

Allí, bajo el mecenazgo de Cosme I de Médicis, realizó numerosos trabajos en metal, entre ellos un busto en bronce de Cosme I (Museo Bargello, Florencia) y la colosal estatua, también en bronce, de Perseo (1545-1554; Loggia dei Lanzi, Florencia), considerada su mejor obra, en la que se muestran influencias de la escuela florentina, de Miguel Ángel y de Rafael, y cuya accidentada fundición cuenta en su Vida, pues estuvo a punto de agotarse el bronce y tuvieron que recurrir incluso a bandejas para poder tener suficiente. Poco después le intentaron envenenar, pese a lo cual logró sobrevivir tocado con molestos desórdenes digestivos. Diversas envidias de artistas rivales, las acusaciones de sodomía, prisiones y diversos problemas legales amargaron sus últimos años y contra todo ello escribió su Vida, como venganza moral contra sus detractores.

En 1562, esculpió en mármol el crucifijo de El Escorial, que sería regalado por Francisco I de Médici al rey Felipe II de España en 1576 y se conserva en el trascoro de la Basílica de El Escorial. De belleza natural, como un sabio del Renacimiento, Cristo aparece aquí con una serenidad sobrehumana; muere sin perder su belleza. Los cabellos y la barba impecables, tienen su explicación técnica en el dominio broncista del autor. «Es la cabeza más bella del Renacimiento italiano», se dice. Esta escultura expresa también la actitud poco convencional de Cellini, pues se esculpió como desnudo integral, por lo que durante siglos se ha mostrado al público con un paño blanco, que en las fotos en blanco y negro parecía esculpido.

Escribió su Vida entre 1538 y 1562, considerada justamente por Óscar Wilde uno de los pocos libros que merecen la pena leerse, y un Tratado de orfebrería y escultura. Estas memorias constituyen un más que ameno relato de sus huidas, aventuras e intrigas, así como un testimonio inigualable de lo que era el mecenato en la Italia del Renacimiento; son muy valiosas para conocer la vida política, social y eclesiástica del siglo XVI. Se mantuvieron inéditas hasta el siglo XVIII, y en 1945 fueron ilustradas por Dalí en una edición norteamericana. Su obra literaria se completa con cierto número de Rime compuestas en diversos momentos de su trayectoria vital.

Cellini ha sido considerado como un prototipo del hombre del Renacimiento y uno de los más conspicuos escultores del Manierismo tanto en mármol, en su desnudo Crucifijo de El Escorial, como sobre todo en bronce. El Perseo degollando a Medusa, fundido en 1554 a su retorno de Francia, es, no sólo por la gallarda actitud del héroe, personificación del triunfo de Cosme I de Médicis sobre sus oponentes republicanos, sino también por el elaborado pedestal marmóreo con arpías y máscaras entre las que se abren cuatro hornacinas con dinámicas y elegantísimas figuras alusivas al mito de Perseo, una de las cimas expresivas del Manierismo maduro, excelso en el relieve de La liberación de Andrómeda[1].

 

Pitigrilli

Pitigrilli

Seudónimo de Dino Segre.

(Turín, 9 de mayo de 1893 – Turín, 8 de mayo de 1975)

Hijo de David Segre, de religión judía y de Lucia Ellena, católica, quien lo hizo bautizar con el desconocimiento del padre. Se graduó en Leyes en la Universidad de Turín en 1916.

Formó pareja por poco tiempo con la poetisa Amalia Guglielminetti. Se desempeñó como periodista y escritor de novelas.

En 1921 publicó Cocaina, una de sus más reconocidas obras.

En 1924 fundó la revista literaria Grandi Firme, la cual atrajo un público de jóvenes literatos. La revista se editó hasta 1938, cuando el gobierno fascista la prohibió.

A partir de 1930 viajó por Europa, estableciéndose primordialmente en París, alternando breves períodos de permanencia en Italia. Regresó a Italia en 1940, arriesgándose a ser detenido por ser judío, y se mudó con su familia a Suiza en 1943, donde se quedó hasta 1947.

En 1948 viajó a la Argentina, donde se radicó por diez años. Regresó a Europa, permaneciendo más que nada en París con ocasionales visitas a su casa en Turín. Murió en esa ciudad[1].

 

Massimo Bontempelli

Massimo Bontempelli

(12 de mayo de 1878, Como – 21 de julio de 1960, Roma)

Escritor italiano que, junto a sus amigos Alberto Savinio y Giorgio De Chirico, introdujo el Surrealismo en Italia, aunque según su concepción teórica lo llamó «realismo mágico».

Se licenció en letras y filosofía en la Universidad de Turín en 1903. Trabajó como periodista en Il marzocco, La Nazione y Nuova Antologia) y como profesor. Formó parte del Círculo Carducciano. Colaboró entre otras en la revista La Voce bajo el pseudónimo de Minimo Maltempelli y publicó sus primeras obras (Socrate moderno, 1908 e I sette savi, 1912) que pronto repudió. Tras la primera guerra mundial, en la que participó como oficial de artillería y corresponsal de Il Messaggero, se adhirió al Futurismo, bajo cuya estética publicó Il purosangue. L’ubriaco (1919), poesías, y las novelas La vita intensa (1920) y La vita operosa (1921).

Estuvo en París como periodista entre 1921 y 1922 y entró en contacto con las Vanguardias artísticas del lugar. En sus novelas cortas La scacchiera davanti allo specchio (1922) y Eva ultima (1923) asoma la inspiración irracional y onírica, coincidente con el Primer manifiesto del Surrealismo de André Breton (1924).

Estrecha amistad con Luigi Pirandello, quien, con ocasión de su colaboración para el teatro de Arte, lo inclina a escribir teatro para su compañía. Así nacieron Nostra Dea (1925) y Minnie la candida (1927).

Con Curzio Malaparte funda (1926) la revista internacional “900”, Cahiers d’Italie et d’Europe]] que concluyó en 1927 y se publicaba en francés revolviendo a todos los intelectuales cosmopolitas del llamado Novecentismo. En ella expone su poética innovadora del «realismo mágico» que, según el modelo francés, invita al artista moderno a descubrir el encanto del inconsciente y de las aventuras impredecibles, pero sin renunciar al control de la razón humana. Como “mitógrafo” el artista debe revelar “el sentido mágico descubierto en la vida cotidiana de los hombres y de las cosas” simplificando la realidad problemática inmersa en la sociedad de masas y traduciéndola en fábulas y mitos nuevos. Esta poética fue publicada por él en 1938 bajo el título L’avventura novecentista.

Si sus primeras novelas y narraciones de sello mágico tienen una cierta originalidad rica en ideas, por ejemplo en su colección La donna dei miei sogni e altre avventure moderne (1925), la posterior narrativa de Bontempelli se consume en un constructivismo muy abstracto, artificioso e intelectual. Muestran este manierismo estilístico sus novelas Il figlio di due madri (1929) y Vita e morte di Adria e dei suoi figli (1930), y también las posteriores Gente nel tempo (1937) y Giro del sole (1941).

Se convierte al Fascismo, en el que ve el único medio de establecer una sociedad moderna en Italia, y Bontempelli es nombrado académico en 1930. Pero su aversión al provincianismo lo lleva sin embargo a encontrarse en posiciones antitéticas al régimen hasta que es expulsado del PNF en 1939. Confinado en Venecia madura durante los años de guerra una revisión de sus ideas políticas. En 1948 es elegido senador en las listas del Fronte Popolare; pero su nombramiento es invalidado por su pasado fascista. En 1953 obtiene el Premio Strega con su último libro, L’amante fedele. Una grave enfermedad le impide proseguir su obra en los últimos años de su vida, reduciéndolo a un penoso aislamiento y murió en Roma, el 21 de julio de 1960[1].

 

Tomaso Campanella

Tommaso Campanella

(Stilo, Calabria, 5 de septiembre 1568 – París, 21 de mayo de 1639)

Fue un filósofo y poeta italiano. Es también citado por su nombre castellanizado, Tomás Campanella. Su nombre antes de entrar en la Orden Dominica fue Giovanni Domenico Campanella.

Escribió, entre otras muchas obras, una defensa de Galileo y el tratado utópico La ciudad de Dios (compuesto durante su larga estancia en la cárcel por una conjura antiespañola, la misma causa que el economista Antonio Serra), donde describe un Estado teocrático universal basado en principios comunitarios de igualdad.

A los 15 años ingresó en el convento dominico de Santo Domingo de Placanica, emitiendo sus votos con el nombre de fray Tommaso. Estudió filosofía y teología en Morgeto y Nicastro, mostrando especial admiración por la física naturalista y el antiaristotelismo de Telesio. En 1589, sin contar con sus superiores, se dirige a Nápoles en compañía de un rabino judío, que lo introduce en el círculo de Gian Battista Porta, en el que se practicaban curiosidades mágicas y naturalistas, por las que siempre sintió especial atracción.

En 1591 publicó allí su primera obra, Philosophia sensibus demonstrata, en defensa de Telesio, sufriendo poco tiempo después la primera sospecha de demonismo y herejía, y siendo procesado por su propia Orden al año siguiente. Un cuarto proceso (tras haber pasado por Roma, Florencia, Bolonia y Padua) más grave que los anteriores, hace que le trasladen a Roma, siendo encarcelado en la Torre Nona por orden del Santo Oficio. Obtenida la libertad, se retira al pequeño convento de Santa Maria de Gesu (Stilo), aparentando una vida recogida y tranquila. Mientras tanto planeaba una conjuración contra la dominación española en Calabria, y la instauración de una república teocrática perfecta similar a la utopía que formula en Cittá del sole. Delatado, se le abre en 1599 un proceso político y eclesiástico en el que se le acusa de rebelión y herejía. El gobierno español y la autoridad eclesiástica determinan en 1602 condenarle a cadena perpetua en el Castillo de Nápoles, donde pasa 27 años. Durante esta reclusión compuso sus principales obras, reelaboró las que en Bolonia le había arrebatado la Inquisición y mantuvo relación con estudiosos de su tiempo (Galileo, Scoppio, Gassendi, etc.). A requerimiento de la propia Orden Dominicana le fue otorgada la libertad total por el papa Urbano VIII. El 21 de octubre de 1634, vestido de fraile mínimo, con falso nombre, huyó a Francia, donde Campanella encontró afectuosa acogida. Cinco años después, murió en el convento de la Rue Saint-Honoré de París.

Campanella tenía un temperamento impetuoso, combativo; talento de amplia erudición, con una audacia intelectual desenfrenada, que le llevó a abordar todas las ciencias. Se creyó predestinado por Dios para la misión providencial de realizar la unidad de todo el mundo, dividido por luchas doctrinales, políticas y religiosas; unidad que constituyó la gran obsesión de su vida.

Una de sus obras más destacadas fue La ciudad del sol, que fue escrita en 1602 pero no fue publicada hasta 1623. Es una utopía en la que el autor expone su concepción de ciudad ideal. Está dispuesta en forma de diálogo entre un almirante genovés y el Gran Maestre de los Hospitalarios. El marino cuenta al caballero cómo se vio obligado a tocar tierra en la Isla de Taprobana, donde los indígenas lo conducen a la Ciudad del Sol, que está rodeada por siete murallas, dedicadas cada una a un astro. En la punta de un monte se encuentra el templo dedicado al Sol.

La organización política de esta singular República es de carácter teocrático. Se mezclan los asuntos religiosos y públicos de manera inescindible. El supremo gobernante es el Sacerdote Sol, auxiliado por los Príncipes Pon, Sin y Mor, competentes respectivamente en materia de poder, sabiduría y amor. Al príncipe Pon le corresponde conocer el arte guerrero y de los ejéricitos; al Príncipe Sin, la enseñanza de la ciencia y la sabiduría, y al Príncipe Mor, las labores de la procreación y la educación de los infantes.

Los Ciudadanos de esta República filosófica, conocedores de que la propiedad privada engendra el egoísmo humano e incita a los hombres a enfrascarse en crueles luchas, han convenido en que la propiedad sea comunitaria. Todos los hombres habrán de trabajar pero los funcionarios serán los que harán la distribución de la riqueza. Hasta los actos más íntimos son en común en esta ciudad.

Trata de una sociedad comunista ideal en la que el poder está en manos de hombres sabios y sacerdotes. Con esto podemos ver cuan influyente fue la Iglesia sobre Tommaso Campanella. La ciudad del sol contribuyó a desarrollar la ideología progresista y a estimular el progreso social[1].

Ovidio

Ovidio

(Publio Ovidio Nasón, en latín Publius Ovidius Naso; Sulmona, actual Italia, 43 a.C.-Tomis, hoy Constanza, actual Rumania, 17 d.C.)

Poeta latino. Educado en las artes de la política, estudió en Roma y completó su formación en diversas ciudades del mundo griego, pero pronto abandonó la política para dedicarse por entero a la poesía, convertido en un hombre adinerado tras heredar la hacienda de su padre.

Tuvo numerosas amantes, y se casó tres veces (con dos divorcios), y algunas de sus peripecias amorosas aportaron el material poético para sus Amores, una serie de poemas que narran los incidentes de sus relaciones con Corina, personaje en el que seguramente condensó diversas figuras femeninas.

Ovidio perteneció a una serie de poetas que no conocieron las guerras civiles que asolaron Roma durante el siglo I a. C. Los antiguos poetas augusteos, como Virgilio y Horacio, con sus valores patrióticos y su estética clasicista, estaban ya muy lejos de la generación de Ovidio, heredero de la estética helenística que representa el gusto por la erudición y por la despreocupación política y social.

En Roma, donde residió hasta los cincuenta años de edad, se relacionó con la más alta sociedad, incluido el emperador Augusto. Sin embargo, en el año 8 d. C. cayó en desgracia y fue desterrado hasta su muerte en Tomis, en el Ponto Euxino, cerca del Mar Negro, sin que se sepa cuál fue exactamente el motivo; el propio Ovidio supone que se debió al tono libertino de algunas de sus obras, que se habría interpretado como un ataque a la política de reforma moral y a la estética del emperador Augusto, quien llegó a castigar el adulterio como si fuese una ofensa contra el Estado o la religión, incluso más allá de la propia tradición romana. Sin embargo, estas obras circulaban desde hacía tiempo, por lo que se ha especulado también con la posibilidad de que el poeta conociera un escándalo en el que estaba implicada la hija del emperador.

En su primera etapa, la poesía de Ovidio tiene un tono desenfadado y gira alrededor del tema del amor y el erotismo. Amores, Arte de amar, considerada por algunos su obra maestra, y Remedios de amor destacan por la maestría técnica en el manejo del dístico elegíaco y la facilidad brillante y a veces pintoresca del verso. El propósito didáctico, los consejos y ejemplos sobre cómo seducir a las mujeres y relacionarse con ellas, se mezcla en estas obras con la anécdota burlesca y un costumbrismo teñido de sátira; a los ojos modernos, más que de amor se trata de erotismo, o incluso de un simple repertorio de anécdotas picantes, aunque debe tenerse en cuenta que lo que enla Antigüedadse entendía por amor se acerca más a lo que hoy llamaríamos erotismo. Por ello, cuando estas obras influyan en el amor cortés trovadoresco (siglo XII), las diferencias serán también notorias.

A la obra de madurez del poeta corresponden Las metamorfosis, extenso poema en hexámetros que recoge diversas historias y leyendas mitológicas sobre el tema de las metamorfosis o transformaciones. Se trata de un poema escrito con la voluntad de competir con Virgilio, aunque a la solemnidad de la Eneida opone Ovidio el guiño, la broma y el refinamiento, y a la épica armónica y ática del excelso Virgilio, la variedad pasional y helenística.

Durante la Edad Mediay el Renacimiento, la obra circuló casi como una enciclopedia sobre mitología clásica. Las obras compuestas durante el tiempo de exilio se caracterizan por la melancolía; destacan los Tristes, cinco libros de elegías que relatan su infeliz existencia en Tomis y apelan a la clemencia del emperador Augusto[1].