Silvina Ocampo

Silvina Ocampo

Silvina Ocampo

(Buenos Aires, 1906 – 1993)

Escritora argentina. Era hermana de la escritora y fundadora de la revista Sur, Victoria Ocampo, y esposa del gran narrador argentino Adolfo Bioy Casares. Autora deslumbrante por la calidad literaria de sus cuentos, ha pasado a la historia de la literatura argentina del siglo XX por la crueldad desconcertante que supo imprimir en algunos protagonistas de estos relatos.

Nacida en el seno de una familia hondamente arraigada en los círculos culturales argentinos, su primera vocación artística la orientó hacia el cultivo de las artes plásticas; pero, tras recibir lecciones de pintura de Giorgio de Chirico, abandonó los pinceles y se adentró en el mundo de las Letras.

Su irrupción en el panorama literario argentino vino de la mano de un libro de cuentos, Viaje olvidado (1937), que al cabo de los años acabaría siendo objeto del desprecio de la propia escritora. Tras este mediocre estreno en la narrativa, volvió a las librerías con su primer libro de versos, titulado Enumeración de la patria (1942), en el que se sumaba a la tendencia de recuperar los modelos clásicos de la antigua poesía castellana. Idéntico esfuerzo realizó en su siguiente poemario, Espacios métricos (1945), al que siguieron, dentro del campo de la lírica, otras publicaciones como las tituladas Poemas de amor desesperado (1949), Los nombres (1953) y Pequeña antología (1954).

Tras un largo período de silencio poético en el que el cultivo de la prosa ocupó sus quehaceres literarios, en 1962 volvió a dar a la imprenta otro poemario, Lo amargo por lo dulce, que enseguida quedó considerado como uno de sus mejores logros en el género de la lírica. Finalmente, en 1972 publicó su última entrega poética, titulada Amarillo celeste.

Pero las mayores cotas literarias las alcanzó Silvina Ocampo con sus incursiones en el género de la narrativa de ficción, al que contribuyó también con valiosas aproximaciones en forma de ensayos y antologías. Dentro de una de las tendencias congregadas en torno a la revista Sur, y constituida por autores de la talla de Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Manuel Peyrou y Enrique Anderson Imbert, Silvina Ocampo apostó por la elevación de la literatura fantástica y policíaca a la categoría de géneros de primer orden.

En compañía de su esposo y del mencionado Borges, preparó una Antología de la literatura fantástica (1940) que se convirtió en una de las piezas emblemáticas de la mencionada corriente. Además, aquel mismo año los tres autores presentaron una Antología poética argentina. Posteriormente, volvió a colaborar con Bioy Casares, pero ahora en una obra de creación, la novela policíaca titulada Los que aman odian (1946).

A partir de entonces, se enfrascó en la escritura de numerosos relatos, que fueron viendo la luz en sucesivas recopilaciones: en 1948 apareció el volumen titulado Autobiografía de Irene, al que siguieron los relatos de La furia y otros cuentos (1959), Las invitadas (1961), El pecado mortal y otros cuentos (1966), Informe del cielo y del infierno (1969), Los días de la noche (1970), Y así sucesivamente (1987) y Cornelia frente al espejo (1988). Los cuentos de todos estas recopilaciones están poblados de seres fantásticos que aparecen enfocados desde la ironía y el humor negro de que hace gala su autora, o bien deformados por la extraña percepción de unos narradores incompetentes, incapaces de establecer cualquier pauta ética que les permita separar el bien del mal.

Por medio de este recurso en la composición estructural de sus relatos, Silvina Ocampo consigue dejar plasmada una corrosiva crítica de las convenciones sociales de su tiempo, ya que su exagerado distanciamiento de cualquier pauta social establecida y de la realidad circundante pone un contrapunto de desasosiego -y a veces, de explícita crueldad- que amenaza con destruir el lenguaje y las estructuras tradicionales. Además de las obras ya mencionadas, Silvina Ocampo colaboró con el dramaturgo Juan Rodolfo Wilcock en la redacción del drama titulado Los traidores (1956)[1].

 

[1] http://www.biografiasyvidas.com/biografia/o/ocampo_silvina.htm

Mercedes Rein

Mercedes Rein

Mercedes Rein

(Montevideo, 19 de noviembre de 1930 – ídem, 31 de diciembre de 2006)

 

Fue una dramaturga y narradora uruguaya.

Profesora de literatura en Enseñanza Secundaria, en 1955 viajó becada a la Universidad de Hamburgo para estudiar filosofía y letras. Fue también asistente de Literatura Hispanoamericana en la Facultad de Humanidades y Ciencias, cargo del que fue destituida por la dictadura.

Colaboradora desde 1956 del Semanario Marcha, donde ejerció intermitentemente la crítica literaria y teatral, Rein fue uno de los miembros del jurado, integrado también por Juan Carlos Onetti y Jorge Ruffinelli, del fatídico concurso de cuentos del semanario, por el cual Onetti, ella y el autor del cuento “El guardaespaldas”, Nelson Marra, fueron encarcelados en 1974.

Rein proviene del movimiento de teatro independiente. Su obra El herrero y la muerte, escrita con Jorge Curi, estuvo más de seis años en cartel en el Teatro Circular. Juana de Asbaje (1993) le permitió ganar el Premio Florencio a la mejor obra teatral del año.

Como traductora (sobre todo del alemán, como consecuencia de su estancia en Alemania), ha vertido al español textos de Bertolt Brecht (El círculo de tiza caucasiano, La opera de dos centavos, Galileo Galilei), Arthur Miller y Friedrich Dürrenmatt, entre otros, los cuales posteriormente llevó a escena. También tradujo al español El contrabajo de Patrick Suskind.

Como narradora, destacan sus inquietantes Zoologismos (1967). Con su delirante y obsesiva invasión de presencias fantasmales, tal vez sea lo más logrado de su producción narrativa. Ha sido también la responsable de las letras de varias canciones de Jorge Lazaroff.

Siendo docente, en su obra ensayística, además de trabajos académicos sobre el filósofo alemán Ernst Cassirer y los escritores Julio Cortázar y Nicanor Parra, figuran también algunos manuales sencillos de intención pedagógica.

Mercedes Rein fue también colaboradora del Semanario Brecha y miembro de número de la Academia Nacional de Letras[1].

 

[1] http://es.wikipedia.org/wiki/Mercedes_Rein

Juan Carlos Onetti

Juan Carlos Onetti

Juan Carlos Onetti

(Montevideo, 1908 – Madrid, 1994)

Novelista uruguayo, considerado no sólo el escritor más importante que ha dado la literatura de su país, sino uno de los máximos creadores de la narrativa en lengua castellana del siglo XX.

Hijo segundo de un funcionario de aduanas descendiente de emigrados irlandeses (ONetty, parece haber sido el apellido original) y de una brasileña que pertenecía a una familia de hacendados gaúchos, desertó de los estudios de derecho a mitad de la carrera, y desde la temprana adolescencia frecuentó las redacciones de periódicos y revistas de ambas márgenes del Río de la Plata, viviendo alternativamente en Montevideo y Buenos Aires, ciudad esta última en la que se instaló por primera vez, y ya independiente de los suyos, cuando sólo contaba veinte años.

Secretario de redacción del mítico semanario Marcha, donde firmaba sus críticas y colaboraciones con el popular seudónimo de Periquito el Aguador, asiduo del diario La Prensa y de la revista Vea y Lea, y encargado posteriormente de la sucursal rioplatense de la agencia Reuter, vivió un cuarto de siglo entre ambas capitales, de cuya síntesis surgiría la fantasmal Santa María donde transcurren sus principales ficciones (y algo más tarde Lavanda, resumen o boceto de la Banda Oriental).

Afincado en Montevideo, entre 1955 y 1975 fue director de bibliotecas municipales del distrito montevideano y luego integrante de la junta directiva de la Comedia Nacional, hasta que en el último de los citados años fue acusado de actividades subversivas por la dictadura que gobernaba su país, y eligió el exilio madrileño que ya no abandonaría hasta su muerte. En Uruguay había obtenido el Premio Nacional de Literatura, en 1962, y en España se le concedió el Cervantes, en 1980, y un año antes el de la Crítica por Dejemos hablar al viento, votado por los especialistas en forma unánime como el mejor libro de habla española publicado durante 1979.

Después de sus primeros relatos (ganó un concurso del género, convocado por el diario La Prensa, de Buenos Aires, en 1934) se inició en la novela con El pozo (1939), que los críticos han considerado el más claro antecedente hispánico de la llamada literatura existencialista, difundida por Sartre y Camus, que dominaría como tendencia, durante el decenio siguiente, la narrativa occidental. Tras ella escribió Tiempo de abrazar (1940), Tierra de nadie (1941), Para esta noche (1943), Los adioses (1954) y Para una tumba sin nombre (1959), además de las sucesivas colecciones de cuentos Un sueño realizado (1951), La cara de la desgracia (1960), El infierno tan temido (1962) y Tan triste como ella (1963).

Pero el pasaje a la madurez y la absoluta autonomía de una obra que aportaba no sólo un lenguaje inédito en la narrativa hispánica, sino un universo conjetural por el que los personajes y las secuencias transitaban de un libro a otro, enriqueciendo en forma creciente el conjunto, se produjo con la escritura de La vida breve (1950), su primera obra maestra, que tendría posterior continuidad en otros dos títulos igualmente magistrales: El astillero (1961) y Juntacadáveres (1967), que constituyen la llamada “trilogía de Santa María”, por transcurrir las tres novelas en la misma ciudad imaginaria, y ser habitadas por los mismos personajes que se van cediendo el protagonismo de las páginas de una a las de las otras, sin dejar por ello de ser cada una de ellas obras cerradas y autosuficientes en sí mismas.

Los temas y la atmósfera que van configurando la producción de Onetti son comunes y sórdidos: la soledad, la prostitución, la rutina, el dinero. La vida breve (entre las mencionadas) es por su exasperado realismo una auténtica obra maestra: relata el desdoblamiento de un ser tímido y sin aliento, José María Braussen, que se inventa otro yo, José María Arce, personaje violento que planea un crimen. En ella se da la fundación de Santa María, una ciudad mítica y ficticia (como Macondo de García Márquez y Comala de Rulfo), de indeterminado emplazamiento rioplatense, escenario de todo el ciclo narrativo.

El astillero y Juntacadáveres se centran en la historia del personaje Junta Larsen. La última, aunque escrita posteriormente, se refiere a hechos anteriores de Larsen, cuando éste proyecta organizar científicamente un burdel en la hipócrita sociedad de Santa María. En El astillero (su título más celebrado) relata el delirio y la derrota del personaje, enredado en la reorganización del astillero de un tal Petrus y en la seducción de la hija de éste.

Ya en el exilio español, Onetti agregó todavía un estremecedor epílogo a la serie con las densas páginas de Dejemos hablar al viento (1979), una suerte de Apocalipsis de la ciudad imaginada y de sus reiterados habitantes; trata también sobre un personaje de imprecisa identidad, Medina, que ejercita sucesivamente la medicina y la pintura (bajo la protección de una prostituta) y, de regreso a Santa María, actúa como comisario, sumido en una total degradación física y moral.

El ciclo se completó con dos títulos que recuperan historias ocurridas en la vecina Lavanda o en el deteriorado y postrero refugio de Monte (los dos igualmente imaginarios), y cierran con espléndida contundencia la propuesta narrativa del autor uruguayo: Cuando entonces (1987) y ese testamento de la ficción onettiana que publicó un año antes de morir y tituló Cuando ya no importe (1993).

Convencido desde sus inicios del radical epigonismo de la literatura hispanoamericana, y contrario a la tendencia grandilocuente y retórica en los autores del continente desde los años de las guerras independentistas, que se había visto favorecida por las sucesivas influencias de románticos y modernistas, Onetti se planteó para sí mismo una escritura lacónica, que unida a su temperamento escéptico y desencantado produjo un estilo que no tiene antecedentes y que abrió una vía tan fructífera como inédita antes de él en la narrativa en lengua española[1].

 

[1] http://www.biografiasyvidas.com/biografia/o/onetti.htm

Mario Levrero

Mario Levrero

Mario Levrero

(Montevideo, Uruguay 1940-2004)

Fue fotógrafo, librero, guionista de cómics, humorista y redactor jefe de revistas de ingenio; publicó las novelas: La ciudad (1970), París (1980), El lugar (1984), Dejen todo en mis manos (1994), El alma de Gardel (1996) y El discurso vacío (1996). Al morir dejó inédita su última obra, La novela luminosa. También publicó los libros de cuentos: La máquina de pensar en Gladys (1970), Todo el tiempo (1982), Aguas salobres (1983), Los muertos (1986), Espacios libres (1987), El portero y el otro (1992), Ya que estamos (2001), Los carros de fuego (2003), más dos volúmenes de Irrupciones (2001), columna periodística que realizara entre 1996 y 1998.

Además, durante veinte años Mario Levrero estuvo a cargo de diversos talleres de escritura, incluyendo los talleres virtuales.  Dirigió la colección literaria De los Flexes Terpines, que publica Cauce Editorial (Montevideo) y sobre los que expresó: “Los libros de esta serie inicial han sido todos elegidos por mí.  Son auténticos escritores, de alma, no escriben “para” sino que escriben “por”: escriben por necesidad de escribir, que es la única fuente de la que surge auténtica literatura.”

Las prodigiosas señales luminosas

La característica primera persona del narrador en la literatura de Mario Levrero se convierte en un atrapador del lector; al avanzar el atrapado lector, irremediablemente vive otra vida más valiéndose, ahora él mismo, de la vida del narrador.   Esto lo consigue Levrero por la veracidad y la honestidad, así como por el carácter profundo de sus creaciones.

Se ha dicho que la obra de Levrero se caracteriza por presentar un mundo caótico, distorsionado, cruel, obsesivo, asfixiante, en fin, un mundo de pesadilla y, pueden ser válidas estas descripciones, siempre y cuando reconozcamos que se hacen acompañar por una estructura lúdica, cruel pero festiva a la vez.  Podemos agregar también los ambientes opresivos, las relaciones humanas ambiguas y casi pornográficas, la apatía del narrador y su imperiosa necesidad por satisfacer sus instintos más primitivos y otros no tanto, como el comer, el dormir, el mear o el hacer el amor; el fumar, el beber café y el aislamiento.  Dentro de toda esta aparente oscuridad, Levrero nos señala o, mejor dicho, nos muestra y traduce las prodigiosas señales luminosas que constantemente se están revelando, pero que sólo unos pocos logran traducir; Mario Levrero posee ese don y lo comparte generosamente con sus lectores.

Aquél que crea que los mundos que Levrero nos narra no existen en nosotros mismos, es que no se ha atrevido a echar una mirada hacia su interior.  Posiblemente Levrero tenga no muchos lectores, pero sus lectores se convierten en lectores leales que nunca lo abandonan porque no pueden y, además, no quieren escapar.

La narrativa de Levrero se ha querido encasillar de manera equivocada, en la ciencia-ficción y, después, en la literatura fantástica, concepto errado también.  La obra de Mario Levrero es luminosa, yo la llamaría si es que hay que llamarla de alguna manera, narrativa luminosa[1].

Tomás de Mattos

Tomás de Mattos

Tomás de Mattos Hernández

(Montevideo, 14 de octubre de 1947)

 

Es un escritor, columnista y abogado uruguayo, autor de cuentos y novelas, entre las que figuran ¡Bernabé, Bernabé! y La puerta de la misericordia.

Nacido en Montevideo, se radicó desde sus primeros días en Tacuarembó, donde en la década de 1960 integró el llamado Grupo de Tacuarembó, al que pertenecían una gran cantidad de artistas de distintos géneros de ese departamento. Entre ellos se encontraban Eduardo Milán, Numa Moraes, Eduardo Darnauchans, Eduardo Larbanois, Carlos da Silveira, Eduardo Lago, Julio Mora, Enrique Rodríguez Viera, Víctor Cunha, Washington Benavides y Carlos Benavides.

Su novela ¡Bernabé, Bernabé!, sobre la muerte de Bernabé Rivera luego de la Matanza del Salsipuedes, fue distinguida en Uruguay con los premios «Bartolomé Hidalgo» y del Ministerio de Educación y Cultura en 1988.

En 2002 se editó su novela La puerta de la misericordia, una recreación del relato bíblico sobre la vida de Jesús.1 En 2010 publicó El hombre de marzo. La búsqueda, novela histórica sobre la vida de José Pedro Varela.2

Fue director de la Biblioteca Nacional de Uruguay, entre 2005 y 2010.

Es académico emérito de la Academia Nacional de Letras del Uruguay y columnista de la revista semanal Caras y Caretas[1].

Ariel Muniz

Ariel Muniz

Ariel Muniz

(Minas, 1942 – León, 2005)

 Es un escritor uruguayo que vivió la mayor parte de su vida en México (desde 1977). Se desempeñó también como periodista cultural, guionista de historietas, profesor de literatura y director de Ciencias de la Comunicación en universidades mexicanas. Fungió como jurado en diversas competencias literarias.

Publicó libros de cuentos y ensayo en varios países americanos y europeos. Tiene en su haber una novela, editada en México y Uruguay, Una temporada en el edén. Entre sus libros se cuentan títulos como Las malas noticias, El juego de las máscaras sonrientes, Cuentos cruentos y Cada día del tiempo. Su prosa es elaborada y meticulosa, rica en modismos de su natal Uruguay. Su estilo, ágil y su ritmo, casi jazzístico, lo hicieron merecedor de varios premios internacionales.

Su último trabajo fue el de profesor de narrativa y modelos literarios en la Universidad Iberoamericana de León, Guanajuato. Fue bajo el sello de esta institución que publicó su libro de cuentos Los ojos del niño.

Se encontraba trabajando en la publicación de una novela y una recopilación de cuentos al momento de su muerte, el 10 de noviembre de 2005. El segundo de esos volúmenes fue publicado de manera póstuma por el Instituto Cultural de León bajo el título: “La construcción y otros cuentos” (2006).

Fue esposo de la también escritora e historiadora Célica Cánovas y padre de dos hijos: el músico Gabriel Muniz y el maestro en tecnologías, Pablo Muniz[1].

Cristina Peri Rossi

Cristina Peri Rossi

Cristina Peri Rossi

(Montevideo, 12 de noviembre de 1941)

 Poeta, narradora, traductora y ensayista uruguaya. Junto a la escritora Armonía Sommers, es una de las cuentistas contemporáneas más destacadas de Uruguay a partir de la década de 1950.

Hija de inmigrantes italianos. Estudió literatura comparada. Exiliada en España, donde reside desde 1972. Ha sido articulista y colaboradora de publicaciones españolas (El País, Diario 16, La Vanguardia, El Periódico de Barcelona y El Mundo). Nacionalizada española en 1975, mantiene la nacionalidad uruguaya. Beca Guggenheim en 1994. Ha efectuado traducciones principalmente de la brasileña Clarice Lispector. Una de sus obras más destacadas es La nave de los locos (1984), donde combina una técnica surrealista con referencias a las dictaduras militares de los años 70.

Tertuliana fija del programa de radio Una nit a la Terra, de Catalunya Ràdio, fue despedida en septiembre de 2007, en el momento en que éste pasó de franja horaria de baja audiencia a una hora de mucha audiencia, por no hablar catalán en dicho programa, en aplicación de la Carta de Principios de la Corporación Catalana de Radio y Televisión, lo que ella ha calificado de “persecución lingüística”. A pesar de residir en Barcelona durante más de 30 años y gozar de un elevado nivel cultural, Peri Rossi nunca ha hablado en catalán. Algunas personalidades del mundo de la cultura (Mario Benedetti, José Manuel Caballero Bonald, Fernando Savater, Félix de Azúa, Arcadi Espada, Javier Nart, Mario Muchnik…) y otros ciudadanos la apoyan en su blog. Otros ciudadanos, en cambio, le critican su posicionamiento para ocupar uno de los ya reducidos espacios que le quedan a la lengua catalana con el castellano, que es el preponderante en las comunicaciones de masas en Cataluña. También se dan críticas al hecho de que se pase por alto muy a menudo la regulación a la que están sometidos los profesionales de la Corporació Catalana de Radio i Televisió, en materia lingüística y en otras materias que especifica su Carta de Principios.

En 2008 ganó el Premio Loewe con su poemario Play Station.

Su trabajo es incluido junto al de Silvina Ocampo, Luisa Mercedes Levinson, Gloria Alcorta, Griselda Gámbaro, Luisa Valenzuela, Amalia Jamilis, Elena Garro o Armonía Sommers, dentro de aquellas escritoras que abordan lo «insólito-absurdo-extraño»[1].

Mario Benedetti

Mario Benedetti

(Paso de los Toros, 1920 – Montevideo, 2009)

Escritor uruguayo. Mario Benedetti fue un destacado poeta, novelista, dramaturgo, cuentista y crítico, y, junto con Juan Carlos Onetti, la figura más relevante de la literatura uruguaya de la segunda mitad del siglo XX. En marzo de 2001 recibió el Premio Iberoamericano José Martí en reconocimiento a toda su obra. Fue Director del Departamento de Literatura Hispanoamericana de la Facultad de Humanidades y Director del Centro de Investigación Literaria en La Habana.

En la obra de Mario Benedetti pueden diferenciarse al menos dos periodos marcados por sus circunstancias vitales, así como por los cambios sociales y políticos de Uruguay y el resto de América Latina. En el primero, Benedetti desarrolló una literatura realista de escasa experimentación formal, sobre el tema de la burocracia pública, a la cual él mismo pertenecía, y el espíritu pequeño-burgués que la anima.

Realizó varios trabajos antes de 1945, año en que inició su oficio de periodista en La Mañana, El Diario y Tribuna Popular, entre otros. El gran éxito de sus libros poéticos y narrativos, desde Poemas de la oficina, 1956 y Montevideanos, 1959, se debió al reconocimiento de los lectores en el retrato social y en la crítica, en gran medida de índole ética, que el escritor formulaba. Esta actitud tuvo como resultado un ensayo ácido y polémico: El país de la cola de paja (1960), y su consolidación literaria en dos novelas importantes: La tregua (1960), historia amorosa de fin trágico entre dos oficinistas, y Gracias por el fuego (1965), que constituye una crítica más amplia de la sociedad nacional, con la denuncia de la corrupción del periodismo como aparato de poder.

En el segundo periodo de este autor, sus obras se hicieron eco de la angustia y la esperanza de amplios sectores sociales por encontrar salidas socialistas a una América Latina subyugada por represiones militares. Durante más de diez años, Mario Benedetti vivió en Cuba, Perú y España como consecuencia de esta represión. Su literatura se hizo formalmente más audaz. Escribió una novela en verso: El cumpleaños de Juan Ángel (1971), así como cuentos fantásticos: La muerte y otras sorpresas (1968). Trató el tema del exilio en la novela Primavera con una esquina rota (1982).

En su obra poética se vieron igualmente reflejadas las circunstancias políticas y vivenciales del exilio uruguayo y el regreso a casa: La casa y el ladrillo, 1977; Vientos del exilio, 1982; Geografías, 1984; Las soledades de Babel, 1991. En teatro denunció la institución de la tortura con Pedro y el capitán (1979), y en el ensayo ha hecho comentarios de literatura contemporánea en libros como Crítica cómplice (1988). Reflexionó sobre problemas culturales y políticos en El desexilio y otras conjeturas (1984), libro que recoge su labor periodística desplegada en Madrid.

En 1997 publicó la novela Andamios, de marcado signo autobiográfico, en la que da cuenta de las impresiones que siente un escritor uruguayo cuando, tras muchos años de exilio, regresa a su país. En 1998 regresó a la poesía con La vida, ese paréntesis y en el mes de mayo del año siguiente obtuvo el VIII Premio de Poesía Iberoamericana Reina Sofía. En 1999 publicó el séptimo de sus libros de relatos, Buzón de tiempo, integrado por treinta textos. Ese mismo año vio la luz su Rincón de haikus, clara muestra de su dominio de este género poético japonés de signo minimalista tras entrar en contacto con él años atrás gracias a Cortázar.

En 2003 Mario Benedetti presentó un nuevo libro de relatos: El porvenir de mi pasado. Al año siguiente publicó Memoria y esperanza, una recopilación de poemas, reflexiones y fotografías que resumen las cavilaciones del autor sobre la juventud. También en 2004 se publicó en Argentina el libro de poemas Defensa propia. Ese mismo año fue investido doctor “honoris causa” por la Universidad de la República del Uruguay. Durante la ceremonia de investidura recibió un calurosísimo homenaje de sus compatriotas[1].

 

Ida Vitale

Ida Vitale

Poeta y crítica uruguaya nacida en Montevideo en 1924.

Estudió Humanidades en su país, siendo profesora de literatura hasta 1973 cuando la dictadura la forzó al exilio. Vivió en México de 1974 a 1984, radicándose definitivamente  en Austin, Texas, desde 1989.

Su obra lírica, caracterizada por una honda emoción expresada de manera lúcida y privada de patetismos, la convierten en una de las voces principales de la llamada generación del 45, y en la actualidad,  en nombre insoslayable del panorama poético hispanoamericano.

Además de poeta, es autora de artículos periodísticos y de crítica literaria, así como de numerosas traducciones.

Parte de su obra está contenida en los siguientes volúmenes: «La luz de esta memoria» en 1949, «Palabra dada» en 1953, «Cada uno en su noche» en 1960,«Oidor andante» en 1972,  «Jardín de sílice» en 1980, «Parvo reino» en 1984, «Sueños de la constancia» en 1988, «Procura de lo imposible» en 1998, «Reducción del infinito» en 2002, «Plantas y animales» en 2003, y «El Abc de Byobu» en 2005[1]

… de Carlos María Federici

¡Muchas gracias por el recuerdo! Conservo los ejemplares de la gran revista de Edmundo Valadés que albergaron mis minificciones, pero siempre me ha quedado la frustración de no haber visto allí publicados algunos de mis relatos más extensos (de seis páginas, por lo menos)… Lo cual no menoscaba en nada mi gratitud hacia don Edmundo, que supo dar oportunidad a tantos novatos (yo lo fui por entonces) codo a codo con verdaderas lumbreras de la pluma.
¡Una gran satisfacción el haber encontrado esta página! ¡Gracias de nuevo!
C.M. Federici

Carlos María Federici

 

 

 

Lo cierto es que fue una verdadera sorpresa para mí este maravilloso “blog” evocativo, que encontré casualmente, porque me “picó la curiosidad” el ver, entre las “Imágenes” de “Google” referidas a mi persona, una de Ana María Shua. Le di un “click” y así fue como llegué aquí. Lo que sí, hubo varios minicuentos más publicados en la revsita, y sería para mí una satifacción hacérselos llegar. Sólo indíquenme cómo proceder. Y gracias otra vez. Si desean actualizarse un poco más en cuanto mis producciones, en la siguiente página encontrarán varios relatos, de diversos géneros y extensión, la mayoría de los cuales se publicaron a lo largo de mi trayectoria, que se extendió entre los años 1961 y 2000. Hoy por hoy ando un poco “retirado”, pero siempre con ganas de difundir mis cuentos.
La URL es: http://urumelb.tripod.com/autores/fedirici/index.htm
¡Muchos saludos desde Montevideo!…

Carlos Maggi

Carlos Alberto Maggi Cleffi

(Montevideo, 5 de agosto de 1922)

Es un escritor, periodista, historiador y dramaturgo uruguayo.

Siendo abogado, incursionó en diversos aspectos de la vida intelectual del Uruguay.

Escribió diversas obras teatrales (La trastienda, La Biblioteca, La noche de los ángeles inciertos, El patio de la torcaza, Frutos), ensayos (El Uruguay y su gente, Gardel, Onetti y algo más, Artigas y su hijo el Caciquillo) y narrativa (Cuentos de humor-amor). Ganó en seis oportunidades el premio a la mejor obra de teatro nacional estrenada en Uruguay. Escribió y dirigió el cortometraje “La raya amarilla”, que ganó el Gran Premio del Festival de Bruselas en 1964.

Redactó la Carta Orgánica del Banco Central del Uruguay y fue directivo del SODRE. Sus notas periodísticas de Marcha y El País (“El producto culto interno”) han tenido gran repercusión.

 En 2010 adhirió al movimiento Concertación Ciudadana, cuyo Comité Ejecutivo integra.

Si bien con un estilo definidamente ensayístico y no académico, que lo ha convertido en un autor muy accesible al público en general, ha sido, junto con Daniel Vidart y José Pedro Barrán, uno de los autores más perseverantes en el cuestionamiento de la cultura uruguaya. El propio Maggi se ha denominado ha sí mismo, en reiteradas ocasiones, como un “culturalista”, es decir, como alguien que piensa los problemas de la realidad según “los hechos formativos de la gente”.

Es considerado uno de los mejores dramaturgos de la historia uruguaya junto a Florencio Sánchez.[1]

 

Roberto Bertolino

Roberto Bertolino

(n Carmelo,1944-m. Buenos Aires, 1996)

Bertolino es el magnífico autor de Ramón y de otras obras que han merecido premios internacionales y ediciones en Japón, Bélgica, España, Holanda, Argentina, Suecia y Uruguay.

Las últimas son: El aguatero de Buenos Aires; El hombrecito de agua y El país de las plantas, todas del sello Editorial Guadalupe.

Roberto Bertolino se dio a conocer con Crónicas de Niños (1968) y Ramón (1971) en momentos en que todavía era residente en su natal Carmelo (Departamento de Colonia, Uruguay) y enviaba sus trabajos a El País, donde eran publicados con asiduidad. Así lo fue conociendo el público uruguayo y lo estimuló la Prof. Otilia Fontanals, quien realizara el prólogo para Ramón, libro ineludible en toda biblioteca bien constituida. Maestro, director de escuela pública, consultor de UNESCO en el área de la promoción de la lectura, editó su obra en España, Bélgica, Holanda, Japón, Argentina y Uruguay. Mereció numerosos premios, entre los que destaca Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores. La promoción 1996 de la Cátedra “Juana de Ibarbourou” lleva su nombre. [1]

José Pedro Díaz

José Pedro Dí­az D´Onofrio

Nació en Montevideo en 1921 y a lo largo de su trayectoria profesional ha desarrollado una obra que incluye ensayos, narrativa y poesí­a. Profesor de enseñanza secundaria, Díaz también se ha desempeñado como catedrático de literatura francesa enla Facultad de Humanidades y fue director del Departamento de Filología Moderna de esa facultad, entre otras materias.

Publicó una gran cantidad de estudios literarios sobre otros escritores como, por ejemplo, Julio Herrera y Reissig, Honorato de Balzac y Gustavo Adolfo Bécquer.

También fue un especialista en la obra de Felisberto Hernández y Juan Carlos Onetti. Su obra poética fue reunida en la edición Canto pleno y entre su obra narrativa figuran los tí­tulos El habitante, Partes de naufragio, Los fuegos de San Telmo y su más reciente novela, Las claraboyas y los relojes (2001). Asimismo, incursionó en el periodismo.

La Academia Nacional de Letras de Uruguay lo había postulado para el premio Menéndez Pelayo. También se destacan sus libros Tratado de la llama, Ejercicios antropológicos, El abanico rosa. Suite antigua. Una conferencia sobre Julio Herrera y Reissig, Poesí­a y el espectáculo imaginario.

Falleció a los 85 años en Julio de 2006.  Compartió su último medio siglo de vida con la poeta Amanda Berenguer.[1]

 

Carlos María Federici


Carlos María Federici [Charles Fedson]. Es montevideano, y se ha obstinado en residir en esta pequeña gran ciudad durante más años de los que el decoro consiente en mencionar, pese a que la peripecia de alguno de sus personajes roce la frontera exótica del Extremo Oriente, o incluso los límites de la Nebulosa del Cangrejo. Su actividad, cuyo comienzo puede situarse a principios de la década del ’60, se ha venido centrando mayormente en la narrativa “de géneros” (policial, fantasía, ciencia ficción y/o terror); pero el comic ha tenido sin duda un lugar de preferencia, aunque no de volumen, en ella. Si la cantidad de sus obras en este medio de narración secuencial es decididamente magra, y su calidad debatible, en cambio no puede negársele, en varios casos, cierta cualidad pionera, al menos en nuestro ámbito. Barry Coal, su primera producción publicada (1968), tuvo dos interesantes particularidades: por un lado, constituyó el primer intento de realizar una tira “de aliento internacional” que se registró en estas playas; por otro, el hecho de que el protagonista (cuyo apellido puede traducirse, literalmente, “carbón”) fuese un detective negro, no tenía hasta entonces precedente, ni siquiera entre las historietas extranjeras. Su trayectoria, por desgracia, fue tan breve como la del periódico que la albergara, clausurado en pocos meses por motivos políticos. En 1973, Dinkenstein, la segunda incursión por parte de Federici en el comic digna de mención, materializó toda la admiración del autor por las viejas películas de terror del sello Universal, además de su casi culto por los creadores norteamericanos de comic de los años ’50. Concebida en principio para el mercado de EE. UU., se publicó, en cambio, en Argentina, Bélgica y finalmente en nuestro país (la etapa, paradójicamente, de más difícil culminación de su accidentado ciclo). Finalmente, “Jet” Gálvez, que apareció en 1980-81 en páginas de una revista paraescolar de la época, resumió también una serie de convicciones sustentadas por quien la firmó. Una aventura de ciencia ficción en episodios a colores, destinada a públicos preadolescentes, no dejaba de lado, sin embargo, ciertos guiños al lector veterano, en forma de alusiones a personajes e historietas clásicos, como asimismo en la factura de los diálogos, que mucho debían al modo norteamericano de los buenos tiempos. Se evitaba la apariencia desagradable, agresiva y áspera del comic más reciente, procurando una general impresión de simpatía, inclusive por parte de los “villanos” y de los escasos “monstruos” que figuraban en la trama. “Un futuro ‘como los de antes'” fue la frase que un crítico le dedicó, en son de encomio, halagando al autor, que se vio correctamente interpretado en sus esfuerzos. Luego de eso, Federici realizó exposiciones de originales (1981, 1984, 1985), aunque sin perder de vista la principal finalidad del género, que debería destinarse a la dinámica de las prensas antes que al estatismo de la galería. Sin perjuicio de lo cual , él opina que resulta conveniente que, de vez en cuando, se facilite al público la visión de la obra original, a fin de que le sea posible hacerse una idea más clara -generalmente inaccesible a través de las reproducciones- de todo el sudor y en ocasiones, la sangre, que van mezclados con la tinta china. Por motivos similares estuvo de acuerdo con que parte de sus realizaciones figuren en el Museo del Humor y la Historieta de la ciudad de Minas.

Eduardo Galeano

Eduardo Galeano

 

Eduardo Germán Hughes Galeano, nace en Montevideo el 3 de septiembre de 1940. En él conviven el periodismo, el ensayo y la narrativa, siendo ante todo un cronista de su tiempo, certero y valiente, que ha retratado con agudeza la sociedad contemporánea, penetrando en sus lacras y en sus fantasmas cotidianos. Lo periodístico vertebra su obra de manera prioritaria. De tal modo que no es posible escindir su labor literaria de su faceta como periodista comprometido.

A los 14 años entró en el mundo del periodismo, publicando dibujos que firmaba “Gius”, por la dificultosa pronunciación castellana de su primer apellido. Algún tiempo después empezó a publicar artículos, que firmó ya como Galeano. Desempeñó todo tipo de oficios: fue mensajero y dibujante, peón en una fábrica de insecticidas, cobrador, taquígrafo, cajero de banco, diagramador, editor y peregrino por los caminos de América.

En sus inicios fue redactor jefe de la prestigiosa revista Marcha (1960-64), publicación que durante décadas dio cobijo a las voces más interesantes de las letras uruguayas y que terminó siendo silenciada en 1974 por la dictadura. En el año 1964 Galeano era director del diario Época. En 1973 tuvo que exiliarse a Argentina en donde funda y dirige la revista literaria Crisis, en la que también destaca la labor del poeta Juan Gelman. En 1975 se instala en España, encontrando un país que estaba a punto de dar un salto histórico cualitativo con la recuperación de la democracia. Reside en Calella, al norte de Barcelona. Publica en revistas españolas y colabora con una radio alemana y un canal de televisión mexicano.

Sus primeros escritos son reportajes de corte político en los que la realidad aparece continuamente golpeada por las circunstancias. Tanto el reportaje titulado “China” (1964) como “Crónica de un desafío”, del mismo año, o “Guatemala, un país ocupado” (1967) reflejan una escritura de urgencia, de denuncia, que retrata la cotidianeidad de unos tiempos difíciles con una escritura situada siempre en primera línea de los hechos que vertebran el presente. Con “Las venas abiertas de América latina” (1971), explicativo título, logró su obra más popular y citada, condenando la opresión de un continente a través de páginas brutalmente esclarecedoras que se sumergen en la amargura creciente y endémica de América Latina. Esta obra ha sido traducida a dieciocho idiomas y mereció encendidos elogios desde diversos sectores. El escritor alemán Heinrich Böll, Premio Nobel de Literatura en 1972 y autor de “Opiniones de un payaso”, obra clave de la literatura contemporánea, llegó a decir a propósito de la obra de Galeano que pocas obras en los últimos tiempos le habían conmovido tanto.

Junto al Galeano periodista empieza a aparecer el Galeano narrador que prolonga en sus obras su visión de América Latina. De la novela corta “Los días siguientes” (1963) a los relatos contenidos en “Vagamundo” (1973) pasan diez años pero se mantiene una misma percepción de las cosas, continuada en “La canción de nosotros” que merecío el premio Casa de las Américas de 1975. En Galeano el contexto político y social no puede eludirse y es el marco central en el que transitan sus historias. “Días y noches de amor y de guerra” (1978) se enmarca en los difíciles días de la dictadura en Argentina y Uruguay.

Con la “Memoria del fuego” hay una recuperación del pasado indigenista. Esta obra narra la odisea de las dos Américas, centrándose en los hechos más cotidianos, componiendo una trilogía febril e incisiva, apoyada en la rigurosidad de las fuentes y en la que se entrecruzan crónicas históricas con pinceladas del presente, siempre en busca de un futuro más justo. De aquella trilogía histórica formaban parte “Los nacimientos” (1982), “Las caras y las máscaras” (1984) y “El siglo del viento” (1986). En los tres libros hay un mismo objetivo y como dice el periodista italiano Gianni Miná, una voz incisiva y militante que trata de impedir que se olvide la tragedia que asola a quienes viven en el más completo subdesarrollo.

“La memoria del fuego” está estructurada en torno a pequeñas vivencias cotidianas que es en donde encuentra Galeano la verdadera grandeza del ser humano. La intrahistoria es el universo en el que caminan las obras del escritor uruguayo, al margen de grandes gestas y de sucesos grandilocuentes, que se apartan del hombre de a pie y del verdadero devenir de los acontecimientos históricos. Son, en palabras de Galeano, historias pequeñas, pero no minimalistas.

Joan Manuel Serrat toma prestado un fragmento de una de estas historias de la “Memoria del fuego” para ilustrar a modo de presentación en sus recitales el tema “Che Pykasumi”, que el cantautor interpreta en lengua guaraní.

Un año antes de la publicación de “El siglo del viento” y una vez terminada la dictadura uruguaya regresa a Montevideo. Tres años después firma “El libro de los abrazos”, de contenido más sutil y poético. El propio Galeano definiría de este modo la raíz de esta obra: “Creo que un autor al escribir abraza a los demás. Y éste es un libro sobre los vínculos con los demás, los nexos que la memoria ha conservado, vínculos de amor, solidaridad. Historias verdaderas vividas por mí y por mis amigos, y como mi memoria está llena de tantas personas, es al mismo tiempo un libro de “muchos”… Es un equívoco que ha fragmentado los lazos de solidaridad, que ha condenado a este mundo de finales de siglo a tener hambre de abrazos, a padecer de soledad, el peor tipo de soledad: la soledad en compañía. Es el mismo proceso que se manifiesta con la pobreza”.
Precisamente en “El libro de los abrazos”, uno de los libros más exitosos y logrados de Galeano, está contenido un pequeño relato titulado “La noche”. Este relato dividido en cuatro partes sirvió de inspiración a Serrat para su canción “Secreta mujer” que formó parte del álbum “Sombras dela China” (1998):

LA NOCHE / 1
No consigo dormir. Tengo una mujer atravesada entre los párpados. Si pudiera, le diría que se vaya; pero tengo una mujer atravesada en la garganta.

LA NOCHE / 2
Arránqueme, Señora, las ropas y las dudas. Desnúdeme, desnúdeme.

LA NOCHE / 3
Yo me duermo a la orilla de una mujer: yo me duermo a la orilla de un abismo.

LA NOCHE/ 4
Me desprendo del abrazo, salgo a la calle.
En el cielo, ya clareando, se dibuja, finita, la luna.
La luna tiene dos noches de edad.
Yo, una.

El mismo año de “El libro de los abrazos” aparece “Nosotros decimos no”. En 1992 publica “Ser como ellos y otros artículos” y un año después “Las palabras andantes”, recopilación de cuentos y reflexiones ilustrados por el artista brasileño José Francisco Borges. El propósito de Galeano en los 90 sigue siendo el mismo que le había impulsado en las otras décadas. Palpar la realidad para mostrarla en un libro. Como respiro, muestra su pasión por el fútbol y lo reivindica desde la literatura, al modo que también hará Javier Marías, en un libro titulado “El fútbol a sol y sombra”.

En 1998 Galeano ofrece en “Patas arriba. La escuela del mundo al revés”, otro de esos libros de denuncia que no edulcoran el presente ni rehuyen de sus sombras. Es por tanto Galeano un ejemplo de coherencia en una obra que sirve siempre de guía a la hora de definir un continente como el de América Latina que debe seguir cerrando heridas. La voz de Galeano suena clara en el marasmo de intereses e injusticias cotidianas. Más allá de una obra literariamente sólida, está la figura del cronista que persigue injusticias, que conjura temores, que rescata del abismo personajes e historias postergadas.

La obra de Eduardo Galeano nos convoca a mirar qué pasado hemos levantado y qué futuro estamos dejando para nuestros descendientes. Establece un frente común contra la pobreza, la miseria moral y material, la hipocresía de un mundo que sigue abriendo cada vez más distancias entre los que tienen y los que no tienen. Lo demagógico puede ser un riesgo inevitable en este tipo de propuestas, pero Galeano la salva con un estilo conciso, brillante y, sobre todas las cosas, necesario. En Eduardo Galeano hay un compromiso constante con el ser humano y sobre todo una fidelidad a unas ideas que condenan el neoliberalismo y que siguen apostando por un socialismo real, no de andar por casa, y que de alguna forma recupere el pulso perdido, lejos del presente en el que el hombre es visto como una mercancía y en el que parece que no hay lugar para las utopías.

Eduardo Galeano reside desde 1985, -tras finalizar la dictadura uruguaya-, en su Montevideo natal donde sigue haciendo su literatura y su periodismo de marcado tinte político.
En la actualidad dirige su editorial llamada “El Chanchito”.

Su narrativa está acosada por la realidad inmediata de América Latina, transformándose sus obras, traducidas a más de veinte idiomas, en un archivo histórico-cultural de todo el continente.[1]