Rutina

Sacó la llave y entró.
Todo estaba como lo había dejado en la mañana.
Pasó por la cocina con más cansancio que apetito y se dirigió a la recámara.
Dejó al entrar sus zapatos y, descalza, se puso frente al espejo. Desabotonó el vestido que cayó a sus pies, lo recogió y lo lanzó sobre la silla. Se quitó luego el fondo y la ropa interior. Siguió con los pasadores que sostenían la peluca y todo se fue a apilar sobre lo demás.
Cuidadosamente se arrancó las pestañas postizas y las dejó sobre el tocador. Se quitó la cara y siguió con el cuerpo. Ya libre de todos sus atuendos, la mano se arrastró hasta el lecho, subió por las cobijas y se acurrucó entre las sábanas esperando que sonara el despertador del nuevo día.

Alán Kh. José
No 95, Noviembre-Diciembre 1985
Tomo XV – Año XXI
Pág. 85

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