A las seis

“Imaginar no es necesariamente crear”

Albert Camus

Recargado en un poste y con los brazos cruzados veía pasar la gente que recorría veloz su camino. Miró su reloj de pulsera: eran seis menos nueve minutos. Ella y él solían encontrarse en esa esquina; habían resuelto hacerlo así, pues rodeados de gente, autos, perros y postes, sentían que todo se volvía legal. “Todo se volvía legal…” Eso había sucedido hacía bastante tiempo, sin embargo esta era la cuarta ocasión en que él la esperaba en el mismo sitio de siempre, y también era la cuarta ocasión en que sabía que ella no iría a la cita. Las seis menos tres minutos. El deseaba que ella llegara. Le hubiera gustado verla corriendo entre la gente, apresurándose por llegar a tiempo; vestida con pantalones de mezclilla y camisa vaquera; los cabellos agitados por el viento, la sonrisa fresca en sus labios… Pero no. Ella no volvería más. Miró su reloj: eran las seis menos un minuto. En ese momento recordó que habían olvidado decir el acostumbrado adiós la última vez. Su reloj marcaba las seis menos ocho segundos… siete… seis… cinco… cuatro… tres…

José Luis Romero Camarena
No. 85, Enero-Febrero 1981
Tomo XIII – Año XVI
Pág. 543

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