Los Griegos

Los griegos no inventaron nada. El mar destellaba antes que ellos. La tierra dura y accidentada estaba ahí. El fuego que habría de devorarlos, ni siquiera él venía de sus manos. Llegaron simplemente tarde, hasta la costa. Allí se detuvieron, e hicieron sus casas y sus libros. Ulises, como el mar, como la tierra y como el fuego, ya los aguardaba. Sólo puede atribuírseles que un día, hartos de mirar a un cielo vasto y oscuro, crearon las estrellas. Pero, inclusive sobre esto, a veces me asaltan graves dudas.

Sin embargo, cuando las noches son claras, musicales e inmensas, todo es una evidencia: las estrellas son griegas.

Carlos Villalba
No. 76, Marzo-Abril 1977
Tomo XII – Año XII
Pág. 268

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El árbol

Siembra esta semilla. Allí, adentro, recogido, hay un árbol.

Más tarde, como sucede con los huevos de donde salen los pollitos, la semilla se rompe, y emerge todo, menos el árbol.

Salen los pájaros que han de establecerse en sus ramas. Salen los chicos que han de arrancar sus hojas y desgarrar el tronco. Sale el leñador que lo cortará. Sale la familia que encenderá sus leños.

Además, en el rincón más oscuro de la semilla, acurrucado, queda el árbol.

Carlos Villalba
No 79, Septiembre 1977-Marzo 1978
Tomo XII – Año XIII
Pág. 656