Rafael Álvarez Ragazzo

Rafael Álvarez Ragazzo

RADAR

Por: Fernando Chagoya C.

Lo conocí hace varios años, se desempeñaba como tesorero municipal, era muy atento, cordial y dueño de una vasta cultura que le permitía estructurar una amena  conversación. Por su conducta intachable, respetuosa y vocación de servicio social, se ganó el aprecio de la ciudadanía. Así era Rafael Álvarez Ragazzo, quien falleciera  hace tres días inesperadamente. Su muerte nos impactó y laceró nuestra urdimbre afectiva. Apenas días atrás lo había saludado y hoy RAFA ya no está entre nosotros. Decía Platón una de las columnas del pensamiento  universal, que cuando la muerte se precipita sobre el hombre, la parte mortal se extingue, pero el principio mortal sed retira y se aleja sano y salvo. Creo que el buen RAFA, no ha muerto, porque su esencia se quedó entre quienes tuvimos la oportunidad de tratarlo. En el devenir de  su existencia, recuerdo a un RAFA  distinto al hombre calmado, de repente dentro de su ser se agitaron las fibras de la  lucha por el bien de la juventud y con el respaldo del  pueblo, solicitó en forma enérgica pero respetuosa que las autoridades municipales, adquirieran el terreno adecuado para la construcción del edificio de la Universidad  Tecnológica y su lucha triunfó. Así era Rafael, meditaba para llevar su pensamiento a la acción, seguro de que el ser humano debe de luchar por el bien de la humanidad.

Entrañable RAFA, jamás te olvidaremos y desde esta columna pido al supremo hacedor del universo que envié pronta resignación espiritual para tus familiares[i].

 

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Trancisión

Son las once de la mañana cuando una bandada de mariposas pasa frente a mi ventana en dirección al río. Observo reposadamente una que se posa a la orilla de una charca, junto a ella tres o cuatro libélulas de membranosas alas transparentes y cuerpo rojizo, se mueven delicadas, unas veces tocando el agua y produciendo círculos concéntricos que se diluyen con el viento, otras subiendo hasta los cables de energía eléctrica. Una rana bosteza y salta. La mariposa continúa su viaje, al momento que otra gran cantidad de ellas se aproxima, salgo de mi casa con una escoba de malva, tiro hacia el aire tapizado de alas amarillas, he conseguido derribar no menos de diez que aletean ahora en el suelo, entre el lodo, con cuidado desprendo una de las derribadas. Las alas parecen de terciopelo muy delicado. Levanto la vista y en el aire irrumpen millares de ellas que cubren el cielo, y todo lo que acierto a ver es un amarillo limón que parpadea. Mi cuerpo ahora es amarillo y tengo miedo, trato de correr pero no puedo, sin embargo vuelo. Una rama golpea mi cabeza, un niño ríe y me toma entre sus manos.

Rafael Álvarez Ragazzo
No 70, Julio-Diciembre 1975
Tomo XI – Año XI
Pág. 409