María Jesús Barrera

María Jesús Barrera

Es originaria de Nueva Rosita, Coahuila. Actualmente radica en Guadalajara, Jalisco. Es Licenciada en Pedagogía y Letras Hispanoamericanas y Maestra en Lengua y Literatura Mexicana por la Universidad de Guadalajara.  

Formó parte de la antología Cuento y Poesía; De color barrovino (1984); en 1989 la Editorial Joaquín Mortiz editó su novela Otra vez lunes. Fue premiada en el Concurso de Cuento FIL/SEP (1991), con su obra Manos juntas. Es miembro fundador de la revista Perfiles, del Grupo Literario Rosario Castellanos, Mesa Literaria y SOGEM. En 1998, Plaza y Valdéz publicó su novela Vetas de la memoria. Ha participado en creación colectiva publicando cuentos en la Colección Perversidades: La mentira (1998) El encargo de López (1999) El pelícano (2000); Delante de la luz cantan los pájaros (2007); y en Amatoria, publicado por la Secretaria de Cultura de Jalisco, 2006, el cuento Extraño amor.   

La Secretaría de Cultura de Jalisco en 2008 reeditó la novela Vetas de la memoria, la cual fue presentada en el Festival Ogarrio de Real de Catorce, San Luis Potosí (2009).   

En 2009 gana la convocatoria tercera serie de la colección Siglo XXI Escritores coahuilenses por la Universidad Autónoma de Coahuila con la novela Tres piernas, la cual es presentada en la Feria del Libro Saltillo (2010).   

En noviembre de 2010 participó en el libro “Fragmentos de la historia” con el cuento Una misma memoria, en conmemoración al bicentenario de la Independencia de México y al centenario de la Revolución Mexicana.   

Aparece en Mujeres que dejan huella de Maya Navarro y Muestrario de Letras en Jalisco (2007), Haz de corazones locos de Miguel Garcia Ascencio (2002), Diccionario de escritoras en Guadalajara (2003) y Escritores Jaliscienses de Sara Velasco (1985). Ha colaborado en los diarios El Informador y El Occidental[1].

Otras novelas publicadas han sido La casa de los pavos reales (1981) y En el centro de mi corazón (2002) por la Editorial del Magisterio “Benito Juárez”.  

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Manos juntas

Está con las manos juntas. Ella, yo y la vida en otro sitio. Estamos ahí y aún en silencio nos entendemos: sé que a ella también le molesta el ruido y la luz y le necedad de quienes nos rodean. Quedo, muy quedo, le suplico: “No te vayas”. Me escucha sin responder y trato de convencerla: “Que voy a hacer sin ti”, insisto. “Me faltará tu fuerza, tu ternura. ¿Quién alentará el final de mis días agotados?”

Ella, desde donde está, permanece silenciosa. Yo, continúo viéndole las manos juntas a través del vidrio de su caja fúnebre.

María Jesús Barrera
No. 118, Abril-Junio 1991
Tomo XX – Año XXVIII
Pág. 251