El pez sujeto

4 - Copy

El único código ballenero oficial aprobado por una legislatura es, quizá, el de Holanda, decretado por los Estados Generales de 1695. Aunque ninguna otra nación haya poseído una ballenera escrita, los pescadores norteamericanos, sin embargo, han sido sus propios legisladores y abogados en este asunto. Crearon un sistema que supera, en cuanto a comprensión concisa, a las Pandectas de Justiniano y a los estatutos de la Sociedad China para la supresión de la intervención en los asuntos de otras personas. Sí, estas leyes podrían grabarse en un cuarto de penique de los tiempos de la reina Ana, o en la lengüeta de un arpón, por ser tan breves.

I. Un pez sujeto pertenece a la parte a la que está fijo.

II. Un pez suelto está a disposición de la parte que pueda capturarlo antes.

Herman Melville, en MOBY DICK
No. 4, Agosto -1964
Tomo I – Año I
Pág. 71

Anuncios

Herman Melville

Herman Melville

Herman Melville

(Nueva York, 1819 – id., 1891

Novelista estadounidense. A los once años se trasladó con su familia a Albany, donde estudió hasta que, dos años después, tras la quiebra de la empresa familiar, tuvo que ponerse a trabajar. La dificultad para encontrar un empleo estable le llevó, en 1841, a enrolarse en un ballenero. Fruto de sus experiencias en alta mar fueron Typee (1846) y Omoo (1847), escritas a su regreso a Estados Unidos en 1844.

En 1847 contrajo matrimonio, y dos años después publicó Mardi. Dado que había sido etiquetado de autor de novelas de viajes y aventuras, el simbolismo de esta obra desconcertó a crítica y público, que la rechazaron.

También en 1849 apareció Redburn y un año después La guerrera blanca, en la que arremetía ferozmente contra la rigidez de la marina estadounidense. Con estas obras recuperó el favor del público, pero se advertía ya la creciente complejidad que iba a caracterizar sus obras posteriores, influidas por el simbolismo de Nathaniel Hawthorne.

En 1850 publicó Moby Dick, obra también rechazada. Esta novela, considerada una de las grandes obras de la literatura universal, escondía una gran metáfora del mundo y la naturaleza humana: la incensante búsqueda del absoluto que siempre se escapa y la coexistencia del bien y del mal en el hombre, y ello tras un argumento aparentemente simple: la obsesión del capitán Ahab por matar a Moby Dick, la ballena blanca.

Pierre (1852) y Cuentos del mirador (1856), que contiene el relato «Bartleby el escribiente», considerado uno de los antecedentes de la obra de Kafka, dejaban ver el creciente desprecio del autor por la hipocresía humana. Israel Potter (1855) y El confidente (1857) fueron las últimas obras que publicó en vida. Olvidado por todos, su novela Billy Budd no apareció hasta 1924. La obra de Melville se tiene como una de las cimas de la corriente romántica estadounidense[1].

Ámbar gris

18 top
…El ámbar gris es blando, plástico, y tan sumamente fragante y aromático que se lo utiliza profundamente en perfumería y en la fabricación de pastillas, cirios preciosos, polvos para el pelo y pomadas. Los turcos lo usan para cocinar y también lo llevan a la Meca, con el mismo fin que se lleva incienso a San Pedro, en Roma. Algunos fabricantes de vino echan unos pocos granos al vino tinto para sazonarlo.

¿Quién habría de suponer que damas y caballeros tan distinguidos se deleitarían con una esencia hallada en las entrañas ignominiosas de un cachalote enfermo? Sin embargo, así es. Algunos suponen que el ámbar gris es la causa, y otros el efecto, de la dispepsia del cachalote.

Ahora bien, que la incorrupción de éste ámbar gris tan fragante se encuentre en el centro de tanta decadencia. ¿No significará algo? Recuerden ese dicho de San Pablo a los corintios sobre la corrupción y la incorrupción; como somos nosotros sembrados en el deshonor, pero elevados a la gloria. Y recuerden igualmente el dicho de Paracelso sobre lo que constituye el mejor almizcle. No olviden tampoco que todas las cosas hediondas, el agua de colonia, en las etapas rudimentarias de fabricación, es la peor.

Herman Melville. Moby Dick, XCII
No. 18, Noviembre 1966
Tomo III – Año III
Pág. 484