No es un aerolito

—Haga su informe… No olvide especificar la hora y las coordenadas del lugar en donde lo encontraron.

—Su única procedencia posible es de arriba.

—¿De arriba?

—¿De qué otro lugar?

La noticia cundió por todos los centros de población. De los cuatro puntos cardinales llegaron curiosos, observaban con recelo el objeto encontrado. Los peritos lo rodeaban frunciendo el ceño. Ninguno se aventura a emitir conjetura alguna.

Las autoridades cercaron el objeto con la valla de protección para mantener al público a prudente distancia. Luego discutieron con los técnicos lo que debía hacerse.

Resolvieron practicar una horadación en un costado.

El ruido de los aparatos que cortaban el metal avivó la emoción de los curiosos, aumentando el nerviosismo del cuerpo de seguridad, que en ningún momento dejó de apuntar sus armas hacia el objeto.

Un murmullo se extendió al contemplar el rayo laser.

—¡Apunten hacia el hueco! —ordenó quien dirigía la operación. Instintivamente los mirones retrocedieron tratando de agazaparse cuando los técnicos comenzaron a retirar la parte separada.

Al acabarla de quitar escucharon extraños sonidos en el interior: “Capitán Cousteau a Batiscafo. Capitán Cousteau a Batiscafo. Contesten… contesten… No se preocupen, en este momento se alistan tres submarinos para rescatarlos…”

Jorge I. Tenorio Bahena
No. 39, Noviembre – Diciembre 1969
Tomo VII – Año V
Pág. 111

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