París


Hijo de Hécuba y de Príamo, me crié libre y fuerte en una montaña. Todos hablaron de mi hermosura y por ella, viejas locas me persiguieron más de una vez.

…Cierto día fui llamado como juez para un concurso de belleza como los que se hacen la playa de Miami. Mi palabra decidía y era la última.

Mucho tengo que agradecerle a Venus que, en realidad, no me trajo sino conflictos. Me dio a Helena, famosa en toda Grecia por su hermosura. No pude gozarla mucho porque pronto vino a provocar mi rapto la famosa guerra de Troya de la que tanto han hablado los historiadores. Siempre pensé que armaron demasiado escándalo por una cosa tan pequeña. Luchamos lo indecible para que después de nueve años de continuos combates, ya Helena estuviera jamona.

Neftalí Beltrán
No. 99, Julio-Agosto 1986
Tomo XV – Año XXII
Pág. 491

Neftalí Beltrán

Neftalí Beltrán

Nació en el puerto de Alvarado, Veracruz, el 16 de mayo de 1916. Murió el 17 de septiembre de 1996, en Veracruz, México. Estudió en la Ciudad de México los primeros años de la carrera de Leyes. Beltrán surgió como poeta del grupo Taller (1938-1941) con Efraín Huerta y Alberto Quintero Álvarez, entre otros. A lo largo de su vida incursionó en diversos géneros: guionista cinematográfico y de radio, adaptador de libretos, dramaturgo y autor de canciones de diversas películas del cine mexicano, como La guerra de los pasteles (1943), donde Mapy Cortés canta las coplas del escritor.

En 1936 publicó su primer libro de poesía Veintiún poemas. En 1938 fue director de la revista Poesía y colaboró en el Tercer Taller Poético de Rafael Solana y en Letras de México. En 1937 publicó Dos sonetos y Canto de viento.

Como dramaturgo realizó su debut en 1940 en el grupo de repertorio Teatro de medianoche, dirigido por Rodolfo Usigli con la obra A las siete en punto. De su autoría también fueron La muralla estrenada en 1958 y La señora Narciso (de la que no se conoce si fue representada).

En 1941 salió a la luz Poesía y el que fuera considerado su primer gran libro, Soledad enemiga. En 1953 se imprimió el libro Algunas canciones de Neftalí Beltrán. En 1954 ingresó ala Secretaríade Relaciones Exteriores, como canciller y fue enviado a Río de Janeiro, Brasil, donde permaneció y fue ascendido a vicecónsul. Este cargo lo desempeñó durante 12 años. En 1966, ascendido a cónsul, fue trasladado a Europa. Estuvo en Portugal, Holanda, Italia y Polonia por 17 años. En 1978 publicó Poesía completa 1936-1977. En 1982 en Milán, Italia, escribió Fotografías (en la cual describe imágenes fotográficas, donde él aparece desde que era niño).

Para celebrar sus 50 años como poeta, la Universidad Veracruzana publicó, en 1986 Veintiún poemas dispersos. En este mismo año trabajó en la embajada de México en Buenos Aires. Al jubilarse del servicio exterior regresó a México. En 1995 recibió una beca del Consejo Estatal parala Culturay las Artes de Veracruz con la cual terminó de escribir Diez décima. (Neftalí Beltrán, 1916 – 1996. Por Ángel José Fernández. Unomásuno. Sección Cultural, 19 de septiembre de 1996. P. 21)

Trabajó para una treintena de películas, para las que escribió argumentos, adaptaciones y letras para canciones, entre las que se encuentra La red (1953) que dirigió Emilio Indio Fernández, película ganadora de la Palmade Oro en el Festival de Cannes en ese mismo año. (Falleció Neftalí Beltrán (…), La Jornada.20 de septiembre de 1996. P. 30)[1]

 

Ulises


Mucho han hablado de mis aventuras marinas y sólo diré ahora que no soy ningún Jonás. Se ha comentado también mi prudencia y por eso diré que no soy, como en alguna ocasión se ha dicho, el padre de la náutica, lo cual vino a costarme un serio disgusto con Noé que, como es bien sabido, fue el primer varón que tuvo el valor de reunir, navegando, a todo un respetable congreso.

Parece que esto lo ignoran todos los juglares de mi tiempo, cosa en parte perdonable, ya que casi siempre el juglar delira sin hacer el menor caso de la realidad y haciéndolo de la naturaleza.

Mi padre no fue Laertes, a quien cándidamente me adjudican los historiadores, sino un alemán vendedor de salchichas en el ágora.

Entonces no se había estudiado la ley de la herencia, pero ahora que la Biología pretende estar tan adelantada en ese campo, pienso que tal vez fue mi sangre alemana la que no me dejó ir detrás de las sirenas. Si viviera en el siglo XX, aquí entre ustedes, creo que no me quedaría otro papel que el del profesor de Ética en alguna Universidad Norteamericana.

Por prudencia no hablaré de Penélope y menos aún de Simbad el marino.

Neftalí Beltrán
No. 100, Septiembre-Diciembre 1986
Tomo XV – Año XXII
Pág. 659