Maryell Finisterre

Maryell Finisterre

Maryell Finisterre

 

De origen español, crecí en México. Mis padres, que son periodistas de viajes muy reconocidos, me llevaron con ellos desde mi niñez en sus tareas dentro de México, así como España y otros países de Europa.

Tomé cursos de fotografía de arte en la Ciudad de México y luego me uní a mis padres como fotoperiodista. Trabajo en comisiones de viaje para las principales revistas y publicaciones periódicas. He cubierto todo, desde las ceremonias de Mayo extravagantes en Sinaloa a la cocina maya regional de Yucatán. También he trabajado como freelance para varias empresas mexicanas y he sido patrocinada por la Oficina Española de Turismo en muchas tareas. En 2012 expuse mi trabajo en el Consulado de México en Sacramento, EE.UU., en la exposición Auto de Nueva York en Times Square, así como en el Glastonbury Fringe, Reino Unido.

Durante los últimos 5 años he estado viviendo en la bella ciudad de Bath, trabajando en proyectos fotográficos en Europa y México. Yo estoy involucrado activamente en la industria de la música, que me ha dado la oportunidad de cubrir muchas asignaciones fotográficas para bandas, artistas y compañías discográficas[1].

[1] http://maryellfinisterre.com/about/about-me/

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Ocaso

136-137 top

Los haces de luz se filtraban entre los vitrales de la vieja cúpula. La capilla se inundaba de la apacible música producida por el aleteo de las palomas.

Unos pies desnudos, blancos como nubes primaverales, descendieron por la escalinata del altar; continuaron su trayecto hasta la entrada del recinto; la doncella abrió lentamente el portón dejando que el frío aire del amanecer alborozara su cabello.

Entonces apareció él, trotando por el bosque, salvaje y libre, casi frenético. Una sola mirada de ella bastó para que él corriera a su encuentro y cayera rendido y manso sobre su regazo.

Estuvieron toda la mañana y parte de la tarde juntos. Él le transmitía su conocimiento milenario y la virgen le cantaba canciones antiguas y secretas sólo conocidas por ella.

Al llegar el ocaso se despidieron con tristeza; él prometió volver al día siguiente; ella sabía, al mirar sus ojos, que no era verdad, ya que amenazaban los albores de una época oscura y maligna y los unicornios siempre han huido de la violencia.

Maryell Finisterre
Número 136 – 137, julio-diciembre 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 14