Sábanas

Jonás las usó como velas de su embarcación el día que fue tragado por una ballena. Abraham vistió a su pueblo con ellas y fueron símbolo de moda y status entre griegos y romanos. En el Medioevo, las princesas solían unirlas y esperar impacientes a que el galán en turno, se sirviera de ellas para escalar la torre y pasar una noche de amor apasionado. La iglesia tiene una que es muy venerada, y en otras épocas eran exhibidas como testimonio de la virginidad en las recién casadas. Por siglos han sido refugio de pecadores y de amantes, de la unión marital y baño para nenes en edad de incontinencia. Son la estrella principal de las películas eróticas, el regalo ideal en las despedidas de soltera, la indumentaria favorita de los fantasmas; han tapado muertos, ventanas, mesas y pianos. En fin, las sábanas tienen un pasado tan vergonzoso, que nos hemos visto obligados a inventar toda clase de cobijas y colchas para esconderlas.

Lorella Leonetti DN
No. 105-106, Enero-Junio 1988
Tomo XVII – Año XXIII
Pág. 135

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