Final para un cuento fantástico

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—¡Qué extraño! —dijo la muchacha, avanzando cautelosamente— ¡Qué puerta más pesada!

La tocó, al hablar, y se cerró se pronto, con un golpe.

—¡Dios mío! —dijo el hombre—. Me parece que no tiene picaporte del lado de adentro. ¡Cómo, nos han encerrado a los dos!

—A los dos, no. A uno solo —dijo la muchacha.

Pasó a través de la puerta y desapareció.

I. A. Ireland, Visitations
No. 1, Mayo 1964
Tomo I – Año I
Pág. 32

I. A. Ireland
No. 143-145, Abril-Diciembre 1999
Tomo XXX – Año XXXV
Pág. 14

I. A. Ireland

I. A. Ireland

Biografema I: El caso de I.A. Ireland

Antes, cuando todavía tenía tiempo de leer por gusto, una de mis actividades favoritas era resolver los cuentos como si fueran acertijos. Conectar aislados y recónditos hechos en la vida de algún escritor con un evento o metáfora ficticia de un texto suyo o de otro. Era una especie de juego silencioso, una lista o, más bien, una colección de coincidencias que iba anotando en la memoria, o en un mail o en un cuaderno que seguramente ya perdí. Roland Barthes escribe en su libro La cámara lúcida “me gustan ciertos rasgos biográficos que en la vida de un escritor me encantan igual que ciertas fotografías; a estos rasgos los he llamado “biografemas””. No pretendo abrir completamente mi colección de biografemas(hay algunos que le deben más a mi imaginación que al polvoriento trabajo de archivo), pero me gustaría escribir hoy sobre el caso de I.A. Ireland, escritor inglés de literatura fantástica.

Esta historia es algo atemporal, primero, porque se trata de un texto-laberinto que surge a principio de los años 40 y que probablemente otros lectores y escritores ya han recorrido y resuelto; y segundo, porque su desciframiento tiene origen en un ahora lejano 2010, en el living de un departamento de Catedral al que le decíamos “La paila”, junto a mis amigos Arturo y Carolina mientras leíamos laAntología de cuentos fantásticos editada por Borges, Bioy Casares y Silvina Ocampo. En esta antología es posible encontrar un cuento que el mismo Casares califica en el prólogo del libro como “brevísimo y perfecto”. Se trata de “Final para un cuento fantástico” extraído del libro Visitations (1919) del escritor I.A. Ireland. Como los demás autores antologados, este cuenta con una pequeña biografía que los porteños adjuntan precediendo al cuento: “I.A. Ireland, erudito inglés, nacido en Hanley, en 1871. Afirma ser descendiente del afamado impostor William Henry Ireland, que improvisó un antepasado, William Henrye Irelaunde, a quien Shakespeare habría legado sus manuscritos. Ha publicado A Brief History of Nightmares (1899); Spanish Literature (1911); The Tenth Book of the Annals of Tacitus newly done into English (1911).”  No obstante, ninguno de estos libros parece existir.

Es enormemente conocida la ávida afición de Borges y Casares por la falsificación y el embuste literario, sin ir más lejos, ambos publican un amplio número de textos detectivescos bajo el seudónimo conjunto de Honorio Bustos Domecq. Es en esta misma época que deciden editar la antología de textos fantásticos, publicada finalmente en 1940 y reeditada en 1965. El año 1947 en la revista estadounidense Avon Fantasy Reader se edita un cuento llamado “Climax for a ghost story”, perteneciente a un tal I.A. Ireland sin referencias bibliográficas ni biográficas al autor. La fantasmagoría no solo del cuento, sino de este inglés difuso levantó sospechas en nuestras lecturas. En un mail a Carolina de abril del 2011 le escribo: “hice una detallada búsqueda de la revista Avon Fantasy Reader, para decubrir que Borges efectivamente escribía en ella”. Sin embargo, hoy, no puedo dar fe de esa información.

El 2010 el historiador Roger Chartier asiste a la Universidad de Oxford y da una conferencia que publica posteriormente bajo el título de “The author’s hand”. Aquí revisa la implicancia cultural que tiene la aparición de la firma original y la letra de un autor en sus manuscritos.  Para eso ejemplifica con una historia extraída del libro de Patricia Pierce The great Shakespeare Fraud (2004) y de The confessions of William Henry Ireland (London: Ellerton and Byworth, 1805). Escribe:

In February 1795, William-Henry Ireland exhibited in his father’s house several recently “discovered” Shakespeare manuscripts: the authograph manuscript of King Lear; two unkown plays, Henry II and Vortigern and Rowena… the letters exchanged by the poet and his patron, Southampton; the very Protestant Shakespeare’s “Profession of Faith” and a letter addressed to him by Queen Elizabeth. When the documents were published in December  1795 under the title Authentic Account of Shakespeare MSS, Edmond Malone was the first to expose Ireland’s forgies by comparing the handwriting in the forged documents with the authentic ones. (81)

El autor inglés antologado por los argentinos dice ser descendiente de este William-Henry Ireland, conocido en la historia de la literatura por su falsificación de las obras de Shakespeare. Como los fraudulentos textos del poeta, esto también puede  ser una farsa.

En 1944, Borges publica el cuento “El tema del traidor y del héroe” en su libroFicciones. Este narra un tema, un argumento imaginado el 3 de enero del mismo año por un escritor que podría ser Borges, un argumento situado en la Irlanda de 1824. Aquí se cuenta la historia de Ryan Kilpatrick, un irlandés que se dedica a escribir la historia de Fergus Kilpatrick, su antecesor y conspirador en una rebelión que se forja el día después de su misteriosa muerte. Entre tramas y entramados Ryan descubre que esta muerte es, en realidad, una puesta en escena, una performance ideada por Nolan—copista de Shakespeare—quien, ante la certeza de que Kilpatrick es el traidor orquesta su muerte basándose en el Julio César y el Macbeth del dramaturgo inglés. Las historias de escritores que afirman ser descendientes de impostores se superponen y los nombres comienzan a duplicarse: Irlanda, Ireland, Shakespeare, William. Una frase de este cuento metatextual  nos dice: “que la historia hubiera copiado a la historia ya era suficientemente pasmoso; que la historia copie a la literatura es inconcebible”.  Borges, cual Nolan, copia su propia historia, deja entrever el índice de ficción otorgado a la referencia aparentemente real de su antología fantástica. Como “Final para un cuento fantástico”, “Tema del traidor y del héroes” no es un cuento sino un esbozo, un extracto, una anotación incompleta. Ireland parece ser, como Bustos Domecq y como Kilpatrick, otro juego de verdades y mentiras solapadas.

Hoy escribo esto porque encontré en googlebooks el libro El joven Nathaniel Hathorne del escritor catalán Victor Sabaté, editado el 2012. En su cuento “La catástrofe del señor Higginbotham” menciona, casi calcada, la historia que les remito (ausente quedan, sin embargo, las no menores referencias al cuento “El tema del traidor y del héroe”, a mi parecer el texto que resuelve parte del misterio). Mientras leía sus palabras no dejaba de pensar en Roland Barthes, en lo curioso que es que los misterios se develen a diversas personas a destiempos insólitos y quizá por qué razones. Y claro, también pensaba en Borges, en que el mundo real a veces también es “un juego preciso de vigilancias, ecos y afinidades” (“El arte narrativo y la magia”)[1].