Y el hombre se sintió solo

Y el hombre se sintió solo.

Miró a su alrededor un paraíso de metales. El sol brillaba aún con la tibieza y la calidez de la vida, pero el hombre sabía que en toda la extensión del planeta no había ningún otro ser vivo. Únicamente él, experimento de la última sabiduría humana, sobrevivió en el cataclismo final. Era ya un mecanismo más sencillo que la fotosíntesis, más fácil que la ósmosis, más natural que la simbiosis absoluta con el ambiente. Había sufrido muchas transformaciones, pero su inteligencia era todavía íntimamente humana y se asombraba ante el milagro de su supervivencia.

—¡Dios! —oró inconscientemente— No me abandones.

Y se envolvió en el sueño.

El hombre era una célula. Dios tomó su materia, la dividió y la bendijo: “Creced y multiplicaos”.

Y nuevamente comenzó el ciclo de la vida.

Mari Zacarias
No. 48, Septiembre 1971
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 294

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