Un retrato

Como confeti multicolor, por los colores de los vestidos, parientes y amigos salían para la iglesia cuando se escuchó el estampido… Súbitamente asomó en los rostros una interrogación color morado obispo… Uno, dos, tres, subieron rápidamente a la recámara…

El novio, inmóvil, con la pistola en la mano; como el, como salido del cañón humeante, el horrible demonio de los celos de un color amarillo repugnante… El impacto había tirado a la novia sobre la cama, junto al coqueto tocador color de rosa…

Del costado pectoral izquierdo de la virgen muerta manaba sangre de un hermoso color rojo juvenil, tiñendo las alburas color ángel bueno del primoroso traje nupcial…

En el bello rostro de la instantáneamente occisa había una dulcísima sonrisa de un color de violetas imperiales… En la mano derecha sostenía el amplificado retrato, 5 por 7, de un gallardo mozalbete de cabellos desaliñados por la brisa, cabellos negros, ondulados, brillantes, color como centro de carbón vegetal, cuya faz irradiaba una expresión de amor, de alegría, mezclada con un gesto picaresco de reciente triunfo…

Ella, la novia muerta, había tomado una fotografía con una pequeña cámara de bakelita negra, un domingo en Chapultepec, cinco años atrás, cuando se hicieron novios…

¡Ah!… el arma… Hoy, era él, Teniente comisionado por el Ejército en la “costa chica” de Guerrero…

Elmer Llanes Marín
No. 46, Noviembre 1970
Tomo VIII – Año VII
Pág. 107

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