La vuelta al hogar

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Soy un hombre que todas las noches
sueña con el paraíso,
pero que al despertar amanece
con las costillas intactas.
J. J. A.

Pero al salir del paraíso, fastidiado, terriblemente fastidiado tanto de su suegra como de Eva, se encuentra, con sus costillas completas, ante un camino de polvo negro, horizontal, interminable. Un camino por el que vaga siempre dichoso, tranquilo, como si deseara que éste no condujera a parte alguna. Mas sin embargo, después de esos años, después de no soportar ya su soledad, mira a lo lejos una casa enorme. Regocijado, apresura el paso hacia ella.

Cerca ya, se detiene a contemplarla. Es una casa de madera vieja y del color de la tierra rasa. Una casa de diez pisos. Parece como si no la habitara nadie. Ninguna planta tiene puertas, sólo innumerables ventanas. Pero al último piso hay acceso por una escalera exterior lateral. Una escalera cilíndrica también de madera.

Se encamina hacia ella. Ya está frente a la casa, que cruje con el viento. Por la escalera extrañamente sonora, baja una muchacha desnuda. Él de pronto siente que le falta una costilla. Al llegar al último escalón se detiene lo mira y se sienta en el remate del pasamanos.

—¿Cómo te llamas?

—Adán. ¿Y tú?

—Eva. Mi madre está arriba. Te amo.

La madre, desde arriba, pregunta:

—¿Es Adán, hija mía?

La hija no contesta. Y mientras se miran a los ojos, enamorados, acercándose, la madre blasfema, grita, injuria, asomada a una ventana.

Xorge del Campo
No. 53, Mayo-Junio 1972
Tomo IX – Año IX
Pág. 31

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La eterna sombra


Amablemente, con todo respeto, le rogaba, le insistía a mi madre que se marchara, que se fuera, que ya no estuviese más a mi lado; pero ella no se iba…

—¿Cuándo acabará por irse, madre? Ya cantó la alondra, el sapo y el gallo, querido, venerable vejestorio. Ya se casaron y murieron sus demás hijos; ya tuvo nietos y bisnietos, y descendientes cuya progenie pasó hace siglos por la vida. Váyase ya, es su hora. Mire, que yo no quiero reírme de usted: es tan paca, tan apagada, mi risa, incapaz de cualquier estruendo. Mi risa y mis insultos son indignos de usted, querida madre. Por favor, márchese…

Pero mi madre no se va. Está siempre junto a mí para salvarme, para salvarme de mi maravillosa perdición.

Xorge del Campo
No. 99, Julio-Agosto 1986
Tomo XV – Año XXII
Pág. 497

Xorge del Campo

Xorge del Campo

Poeta, periodista cultural, cronista, amante de las letras y los libros. Xorge del Campo murió este miércoles 2 de julio, a una semana antes de cumplir 63 años.

Tras una vida de prolífica producción literaria y de investigación, Del Campo deja un importante legado que va desde la narrativa y cuento sobre la Revolución Mexicana (fue investigador-becario del Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana), hasta la creación de un diccionario ilustrado de narradores cristeros, pasando por la crónica urbana y la relación del futbol y la literatura, siendo uno de los pocos creadores mexicanos que se interesó en ese tema de la cultura popular.

En 1986, con ocasión del segundo Mundial de Futbol realizado en México, Del Campo buscó hacer una antología de textos inéditos relacionados con el balompié que quedó en una pequeña colección de ocho relatos (El cuento del futbol, editorial Luzbel) después de entrevistarse con 50 autores.

Xorge del Campo consideraba que el balompié era parte de la cultura, aunque cada día más alejado de esta por estar convertido en un negocio.

Ganador en 1963 del Premio Xavier Villaurrutia de escritores para escritores que otorgan la Sociedad Alfonsina Internacional y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CNCA), a través del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) de México, Xorge del Campo es recordado por quienes le conocieron como un verdadero amante de los libros.

Durante sus investigaciones del Campo se volvió un experto bibliófilo y allegándose todo tipo de materiales inusuales e incluso incunables. Además de cultivar las letras con sus ensayos, poesías e investigaciones, desarrolló el periodismo como editor, director y colaborador, marcando una trayectoria en el periodismo cultural.

Desde hace cinco meses su enfermedad se manifestó y empezó a minar su salud. El diagnóstico finalmente cerró toda esperanza: un cáncer de estómago que se le habí­a extendido hacia los pulmones y el cuello estaba acabando con la vida de este narrador infinito.

Sus colegas periodistas le recuerdan antaño leyendo en el café La Habana de Bucareli, punto de reunión obligado de escritores y periodistas de tantas épocas.

Xorge del Campo nació en Calimaya, Estado de México el 9 de julio de 1945. Estudió la licenciatura en Letras Mexicanas en la facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, la maestría en el Colegio de México y el Doctorado en la Universidad Complutense de Madrid España.

Colaboró en suplementos culturales de México y en revistas de nuestro país y el extranjero, poeta, ensayista y narrador, ha publicado nueve libros de poesía, seis de ensayos, dos novelas y un tomo de cuentos, así como tres volúmenes de crónicas y seis antologías.

Entre su obra creativa, ensayística y antológica cabe destacar Narrativa joven de México (1969), Animal de amor (1972), Flauta de ceniza (1985), Cuentistas y novelistas de la Revolución Mexicana, ocho tomos (1985), Los días que despertaron a México (1988), Crónicas de un chilango (1995), Espejos en su laberinto (1996), Quimera de sal (1999), así como su diccionario ilustrado de narradores cristeros.[1]

La eterna sombra


Amablemente, con todo respeto, le rogaba, le insistía a mi madre que se marchara, que se fuera, que ya no estuviese más a mi lado; pero ella no se iba…

—¿Cuándo acabará por irse, madre? Ya cantó la alondra, el sapo y el gallo, querido, venerable vejestorio. Ya se casaron y murieron sus demás hijos; ya tuvo nietos y bisnietos, y descendientes cuya progenie pasó hace siglos por la vida. Váyase ya, es su hora. Mire, que yo no quiero reírme de usted; es tan opaca, tan apagada, mi risa, incapaz de cualquier estruendo. Mi risa y mis insultos son indignos de usted, querida madre. Por favor, márchese…

Pero mi madre no se va. Está siempre junto a mí apara salvarme de mi maravillosa perdición.

Xorge del Campo
No. 44, Julio – Agosto 1970
Tomo VII – Año VII
Pág. 650