Cielo fingido

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El mono de piedra, el cerdo pecador, el delfín del desierto y el caballo que antes era dragón atravesaron una colina y vieron un templo, en cuyo pórtico estaba escrito Lui Yin Sze (Templo del Trueno), que según el caballo era la morada de un venerado santo budista. “Kwanlyin habita en el Océano del Sur, Pu Hien, en la montaña de Omei, Wen Shu Pusa en Wutai; no sé quien vive aquí. Entremos”. Pero el Mono dijo: “No se llama el Templo del Trueno, sino el Pequeño Templo del Trueno, entiendo que más vale no entrar”. Pero el caballo insistió. El mono dijo: “Está bien, pero después no me eches la culpa”.
Entraron. Vieron la imagen de Julai, con ochocientos ángeles, además de los cuatro querubines, ocho Bodhisatvas y de innumerables discípulos. Estas imágenes llenaron la reverencia al caballo, al cerdo, y al delfín, que se arrodillaron para venerarlas: pero el mono seguía indiferente. Entonces una fuerte voz exclamó: “¿Por qué el mono no venera el Buddah?”. Al decir esto, se encontró encerrado en una esfera de metal, mientras el caballo era conducido a una de las piezas contiguas. El mono temió que el caballo sufriera daño. Empleó sus artes mágicas para agrandarse, pero la esfera de metal se agrandó también; se redujo entonces al volumen de una semilla de mostaza, para huir por un agujerito; pero la esfera de metal se achicó. El mono llamó en su auxilio a los espíritus de los cuatro puntos cardinales. Acudieron, pero ninguno pudo mover o dar vueltas la esfera. Buscaron auxilio en el cielo, y los ángeles de las veinticinco Constelaciones recibieron orden de intervenir. Estos, con infinito trabajo horadaron un agujerito minúsculo, por donde el mono pudo evadirse. Así, los cuatro amigos se evadieron del fingido cielo.

Ch’iu Ch’anh Ch’un.
No. 23, Mayo 1967
Tomo IV – Año III
Pág. 390

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