En el circo

Por una fracción de segundo, la linda trapecista llegó hasta la barra del trapecio que su compañero le había enviado. Al ir precipitándose al vacío, su instinto de conservación la hizo asirse a los hilos que teje el destino. Allí permaneció hasta que fueron en su auxilio.

Marinés Vargas
No. 55, Noviembre 1972
Tomo IX – Año IX
Pág. 301

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