Espejismo

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…Como en Horai no es conocido el gran demonio del mal, los corazones de sus habitantes no envejecen nunca. Y por ser siempre jóvenes de corazón, sonríen desde que nacen hasta que mueren, excepto cuando los dioses les envían algún sufrimiento. Y entonces se cubren los rostros hasta que desaparecen las penas. Todos los pobladores del feliz Horai se aman y se confían unos a otros,igual que si fueran miembros de una sola familia. Y los acentos con que hablan las mujeres son tan dulces, que parecen cantos de alegres pajarillos, pues los corazones de las mujeres de Horai son tan transparentes como las almas de los pájaros. Y las oscilaciones de las mangas de las doncellas, cuando juegan, semejan el revoloteo de unas tenues y anchas alas. En Horai nada permanece oculto, fuera de las penas, porque allí no hay motivos para sentir vergüenza por nada, pues nada hay que necesite estar oculto; como alli no puede haber ladrones, tanto de día como de noche las puertas se hayan siempre abiertas; allí no existe nada que temer. Y como los habitantes de Horai son hadas, aunque mortales, todas las casas de Horai, excepto el Palacio del Rey Dragón, son pequeñas, extrañas y fantásticas. Y estas pequeñas hadas ciertamente comen su arroz en escudillas microscópicas y beben su vino en copas de no mayor cavidad que un dedal de mujer…

Lafcadio Hearn
No. 26, Septiembre – Octubre 1967
Tomo V – Año IV
Pág. 111

Lafcadio Hearn
No. 31, Agosto 1968
Tomo V – Año V
Pág. 675

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El padre y el hijo

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En un pueblo de la provincia de Izumo vivía un campesino tan pobre que cada vez que su mujer daba a luz a un hijo, lo arrojaba al río.

Seis veces renovó el sacrificio. Al séptimo alumbramiento, consideróse ya suficientemente rico como para conservar al niño y educarlo.

Poco a poco, con gran sorpresa suya, fue encariñándose con el pequeño.

Una noche de verano encaminóse a su jardín con el infante en brazos. Éste tenía cinco meses.

La noche, iluminada por una luna inmensa, era tan resplandeciente que el campesino exclamó:

—¡Ah, qué noche tan maravillosamente hermosa!

Entonces el niño, mirándolo fijamente y expresándose como persona mayor dijo:

—¡Oh, padre, la última vez que me arrojaste al agua, la noche era tan hermosa como ésta, y la luna nos miraba como ahora…!

Lafcadio Hearn
No. 22, Abril 1967
Tomo IV – Año III
Pág. 293

Más de Horai


Dicen que en Horai no existen ni la muerte, ni el pesar, ni el invierno. Allí no se marchitan nunca las flores, y el fruto no se termina jamás, y si una sola persona prueba una sola vez aquellas frutas no volverá a sentir hambre ni sed. En Horai crecen las plantas encantadas So-rin-shi, Ban-kon-to y Riku-go-aoí, que curan toda clase de enfermedades, y también la mágica hierba Yo-shin-shi, que resucita a los muertos, y esta mágica hierba es regada por un agua de la cual basta beber un solo trago para disfrutar de perpetua juventud. Los habitantes de Horai comen su arroz en unas escudillas muy pequeñitas; pero el arroz no disminuye nunca, por mucho que coman, hasta que el comilón se ha hartado. Y beben el vino en unas copas diminutas, y nunca se vacían, por mucho que beban, hasta que el bebedor se siente invadido por la agradable somnolencia de la embriaguez…

Lafcadio Hearn
No. 34, Marzo 1969
Tomo VI – Año IV
Pág. 197

Lafcadio Hearn

Patricio Lafcadio Tessima Carlos Hearn

(Santa Maura, isla de Leucada, mar Jónico, Grecia, 27 de junio de 1850 – Tokio, 26 de septiembre de 1904)

Fue un periodista, traductor, orientalista y escritor grecoirlandés que dio a conocer la cultura japonesa en Occidente. Se nacionalizó japonés y adoptó el nombre de Yakumo Koizumi.

Nació en Leucada, una de las Islas Jónicas, de donde proviene su nombre, Lafcadio; era hijo de una campesina griega de Citera, Rosa Antonia Kassimati, y de un cirujano militar irlandés católico, Charles Hearn, que se hallaba allí con motivo de la ocupación inglesa; cuando el futuro escritor tenía seis años su familia se trasladó a Dublín, donde Charles dejó a su mujer y a su hijo al ser destinado a las Indias Occidentales; pero la mujer, antes de volver a su país, confió a su hijo a una tía paterna que vivía en Gales, muy deseosa de que cursara carrera eclesiástica, por lo cual le hizo estudiar en varias escuelas parroquiales; sus padres, en fin, se desentendieron de él y sufrió una infancia bastante triste y solitaria; es más, perdió en un accidente el ojo izquierdo y quedó tuerto, lo que le confirió además un intenso complejo de inferioridad motivado también por su gran miopía; esta es la causa por la cual aparece en sus fotografías sin monóculo, de lado o con los ojos cerrados. Estudió, aparte de en Inglaterra e Irlanda, también en Francia, de cuyo idioma, así como del español, traducirá algunos textos, y perdió la fe completamente.

En 1869 marchó a Nueva York, donde se ganó la vida trabajando en los restaurantes. Luego, en Cincinnati (Ohio), trabajó como corrector de pruebas y consiguió ingresar como redactor del The Cincinnati Enquirer en 1873; sus artículos sobre el mundo marginal de la ciudad resultaron muy entretenidos y muy pronto le nombraron cronista; pero sus relaciones íntimas con una mulata, Alethea (“Mattie”) Foley, provocaron un escándalo tal que le echaron. Le admitieron en el periódico rival de esa misma ciudad, The Commercial; sin embargo le despidieron también en 1877; tras siete meses de privaciones se marchó a Nueva Orleans y pudo entrar en el periódico Ítem de esta ciudad; se interesa por el vudú, la historia, la cocina y los barrios bajos del lugar y escribe famosos artículos al respecto; ya en 1881 empezó a trabajar con buen sueldo en The Times Democrat, para el que escribió artículos de fondo y sueltos en los números dominicales, donde también publicó traducciones del francés y el español en un pulido estilo literario: de hecho, se considera que Lafcadio Hearn es el único estilista en esa época de los Estados Unidos. Recogió algunos de estos trabajos en Hojas sueltas de literatura extraña (1884) y en Gombo Zhebes (1885), donde ofrece una imagen decadente y hedonista de Nueva Orleans. A partir de este último año sus textos aparecieron en las revistas de Nueva York y en 1887 publicó Fantasmas de China; trabaja también en Scribner’s Magazine y ese mismo año The Harper’s Magazine le envió como corresponsal a la Martinica, donde permaneció dos años y medio; fruto literario de esa estancia fueron Dos años en las Antillas francesas (Two years in the French West Indies, 1890), la mejor descripción de estas islas publicada hasta hoy, y Youma, The Story of a West-Indian Slave (“Yuma, la historia de un esclavo de las Indias Occidentales”), del mismo año. Publica varias traducciones de escritores franceses importantes (relatos de Guy de Maupassant o Las tentaciones de San Antonio de Gustave Flaubert) y también sus primeros escritos propios. De entre estos últimos, dos novelas: Guita y Karma.

Absolutamente harto de la mentalidad y costumbres norteamericanas, en 1890 marchó a Japón para escribir allí otra serie de artículos destinada también a The Harper’s Magazine; pero, poco después de su llegada a Yokohama, rompió sus relaciones con este periódico irritado por la tiranía de los editores y, con el apoyo del profesor Basil Hall Chamberlain, de la Universidad de Tokio, se dedicó a la enseñanza. Visiones del Japón menos conocido (1894) fue el primero de doce excelentes volúmenes que escribió sobre Japón, cuya lengua nunca llegó a dominar completamente. Se casó con Setsuko Koizumi, perteneciente a una buena familia japonesa de samuráis; juntos tuvieron cuatro hijos y junto a ella consiguió la estabilidad que había estado buscando en sus viajes; además, ella le contó los interesantes cuentos tradicionales de espectros y aparecidos que aprovechó para escribir sus relatos de fantasmas orientales; su dominio de la lengua local era imperfecto y su esposa ignoraba el inglés, pero ambos podían comunicarse en un japonés rudimentario; consiguió un empleo de profesor de inglés en Matsue, provincia de Shimane; a fin de resolver las cuestiones legales planteadas por su matrimonio, se hizo súbdito japonés en 1895, se convirtió al Budismo y asumió el nombre de Koizumi Yakumo, con lo cual su sueldo pasó a ser muy inferior al de los extranjeros no naturalizados. En 1894 abandonó la enseñanza y obtuvo el puesto de redactor jefe de The Cronicle, un periódico en inglés de la ciudad portuaria de Kōbe; finalmente, el profesor Chamberlain le obtuvo la cátedra de literatura inglesa de la Universidad de Tokio, donde enseñó hasta 1903 e impartió unas lecciones que fueron publicadas de forma póstuma. Su última obra es un agudo sumario de los conocimientos que Hearn llegó a reunir sobre su país adoptivo: Japón. Ensayo de interpretación. Su labor resulta aún muy valiosa para la comprensión del mundo y de la civilización orientales, y destacó también como un excelente narrador de cuentos de fantasmas; entre las diversas colecciones en que reunió estos relatos, destaca en especial Kwaidan, que fue además llevada al cine[1].

 

Atmósfera de Horai


Esta atmósfera no es de nuestra edad humana, es de una antigüedad formidable; es tan antigua que sólo el pensarlo me hace temblar. Y no es un compuesto de nitrógeno y de oxígeno. No está hecha solamente de aire, sino de espíritus; es la sustancia de quintillones y de quintillones de generaciones mezcladas en una inmensa forma translúcida; es la enorme masa de incontables almas de seres que nunca imaginaron parecerse a nuestras formas. Todo mortal que respira aquella atmósfera se inocula en su misma sangre la emotividad de aquellos espíritus, y éstos le cambian sus sensaciones, reformándole su noción del Tiempo y del Espacio, y, por consiguiente, ya no puede ver más que como los espíritus vieron, y sentir como ellos sintieron, y pensar como ellos pensaron. Y estos cambios de sensibilidad se efectúan de un modo tan plácido como si se estuviera durmiendo el más amable de los sueños…

Lafcadio Hearn
No. 34, Marzo 1969
Tomo VI – Año IV
Pág. 187