El encantado camarón

El pescador recogió sus nasas: el día no había sido bueno. —Ni siquiera uno… —pensó.

Mientras terminaba de subir las redes a la pequeña embarcación, notó que había enredado en ellas un pequeño camaroncito. Lo cogió en sus manos, recordando el cuento de camarón encantado:

—Camaroncito duro, ¡sácame del apuro! —dijo sonriendo y lo tiró al mar.

Cuando ya se había olvidado del asunto, casi entrando en la bahía saltó un enorme pez a la frágil embarcación… y nunca llegó al puerto.

Tania Perdomo Carrillo
No. 138 – 141, Enero – Diciembre 1998
Tomo XXX – Año XXXIV
Pág. 13

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