Guillermo Augusto García Cuevas

Guillermo Augusto García Cuevas

Guillermo Augusto García Cuevas

 

Abogado, periodista, escritor y poeta. Nació el 8 de septiembre de 1930 en Coatzacoalcos, Veracruz; murió en Chilpancingo el 18 de agosto de 2001. Hijo de Guillermo García Díaz y Carmen Cuevas Ruiz.

Estudió leyes y desde su época de estudiante participó en actividades artísticas, obteniendo formación en artes plásticas al lado del maestro Ramón Alva de la Canal. Ejerció la carrera jurídica y el periodismo. Fue director de La voz de Veracruz, de la revista Aspectos y colaborador de Impacto, El Universal y Vértice

Al radicar en el Distrito Federal, en 1957, junto con otros diaristas fundó la Peña Literaria del Club de Periodistas de México; y después, el Congreso Cultural Latinoamericano, A. C., con apoyo del OPIC (Organismo de Promoción Internacional de Cultura).

A consecuencia del arduo trabajo profesional y artístico se afectó su salud, por lo que a fines de 1979 decidió vivir en Chilpancingo.

Autor de cuentos, novelas, poemas y ensayos, dio recitales en Taxco, Acapulco, D. F., y Chilpancingo. Recibió los premios de Cuento El Universal, 1968; de Poesía Conacurt, 11 juegos culturales, 1977; y también de Poesía Rafael Romero Parra, 1990, otorgado por el Centro de Cultura de Taxco y el H. Ayuntamiento Municipal.

Publicó La palabra mágica, Talleres América, 1970; El corte transversal, México, 1978; Cuarenta poemas de Guillermo Augusto, 1979; Participación de muerte, cuentos, 1972; El aullido, 1978, novela; Exposición narrativa, cuentos, volumen colectivo, con Aurora Reyes, Juan R. Campuzano y otros, Peña Literaria Juan Bautista Villaseca, 1972; Papel de estraza, revista de poesía, cuento, ensayo y crítica, número 50, volumen colectivo, con Alfredo Gutiérrez y Falcón, Efraín Huítzil López, Agripino Hernández Avelar y otros; Héroes de tiempo completo, 1986, y Corolario, México, Carsa, 1995[1].

 

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Chao

EL PRIMER DÍA.— Adán vio que Caín había dado muerte a su hermano Abel, y ello le entristeció, trató entonces de dar consejo a su hijo, pero éste desoyéndolo se fue a beber jugo de uvas agrias.

EL SEGUNDO DÍA.— Caín se levantó “crudo” y vio que mientras tanto sus sobrinos, los hijos del difunto Abel, habían construido una hermosa ciudad, loco de envidia se puso a comer hongos alucinantes para inspirarse, después de lo cual estuvo “puestísimo” e inventó poderosos cañones y bombas de alto poder, armas con las que arrasó la ciudad. Superviviendo sólo una pareja de seres humanos.

Habiendo visto la mala acción de su hijo, Adán lo reconvino nuevamente, pero el patán despreciando sus palabras, se marchó a tomar su bebida preferida, whisky combinado con vodka, fifty-fifty —como lo estilaba.

EL TERCER DÍA.— Caín se levantó con la sensación de que todo daba vueltas a su alrededor, así que tomó unas “pastillas” para ponerse bien, entonces observó que los nietos de Abel habían reconstruido la ciudad y ello le enfureció, se puso su pantalón de seda, su camisa refulgente y sus anillos de diamantes, y mientras escuchaba música discordante, pero muy en onda, “carburó” el sono-destructor, máquina infernal con la que destruyó la reedificada ciudad.

Por tercera vez, Adán ttrató de hacer reflexionar a su hijo, pero el intento sólo produjo la ira de Caín, que había progresado tanto en el disfrute de la vida, y cansado como estaba de las chocherías de su pitecantropus padre, le dijo segundos antes de encender los motores de su astronave:

“¡Viejo estúpido, quédate con tu tierra y con tus muertos, yo me voy a la Luna a gozar de la “laif”, el universo es mío, chao!”

 

Guillermo Augusto García Cuevas
No. 39, Noviembre – Diciembre 1969
Tomo VII – Año V
Pág. 112