José Miguel Guridi y Alcocer

José Miguel Guridi y Alcocer

José Miguel Guridi y Alcocer

(San Felipe Ixtacuixtla, Tlaxcala, 23 de diciembre de 1763 – 4 de octubre de 1828)

Fue un político mexicano, además de filósofo, teólogo, poeta y escritor. Fue de ideología centralista.

Realizó sus estudios en la Ciudad de México obteniendo un doctorado en Teología en el Colegio Mayor de Santa María de Todos los Santos. Fue párroco en Acajete y en Tacubaya.

A partir de 1810 asistió dos años a las Cortes de Cádiz como diputado por su provincia, juró su puesto el 24 de diciembre de 1810, fue presidente de las Cortes el 24 de mayo de 1812, pidió licencia en julio de 1812 y regresó a América en los primeros meses de 1813.2 En 1820, en la ciudad de México fue diputado provincial por Tlaxcala y miembro de la Suprema Junta Provisional Gubernativa, la cual presidió en 1821. Luchó porque se respetaran las libertades en la Nueva España. Por su influencia, algunos criollos tlaxcaltecas se asociaron a Los Guadalupes, organización que uniría criollos e insurgentes. Influyó para que el licenciado Cornelio Ortiz de Zárate ingresara a la insurgencia y participara en el Congreso de Anáhuac, representando a Tlaxcala.

Cuando entró el ejército Trigarante a la capital de México y se consumó la Independencia, pronunció en la catedral un discurso. Después firmó el Acta de Independencia del Imperio Mexicano y representó a Tlaxcala en el Congreso Constituyente de 1822, del cual fue presidente. Luchó porque Tlaxcala fuera una provincia separada de Puebla y de México.

Entre sus obras se encuentran Arte de la lengua latina y Poesía lírica y dramática[1].

 

[1] http://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Miguel_Guridi_y_Alcocer

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Astucia de virrey

143-145 top
Se quejó una viuda de que un platero rico, su compadre, a quien había empeñado en mil pesos unas pulseras de mucho precio, se había quedado con ellas para uso de su esposa, negando el contrato de que no había constancia ni testigos. El Virrey hizo retirar a la querellante a una pieza interior, y comparecer al platero en su presencia. Le refirió la demanda, y negaba: aparentó darse por satisfecho, entrando en conversación sobre materias, y haciéndole varias preguntas, paseándose al mismo tiempo por el salón. En medio de la parla, haciendo ademán de buscar por las bolsas de su casaca, dixo: “me he dejado adentro de mi caxuela, ¿V. usa polvos?” “Sí, señor”, respondió el patrón franqueándole la suya.

La tomó S. E. y quedándose con ella en la mano, como por olvido o abstracción, continuó sus paseadas, y llegándose a la puerta la entregó a un alabardero, y le previno en secreto marcharse con ella a la casa del platero, diciendo a nombre de éste a su esposa, que por señas de aquella caxa, le entregase las pulseras de la comadre, pues ya se había descubierto todo ante el virrey. El pensamiento salió tan bien, que la alhaja empeñada estuvo en un momento en las manos de S, E. quien confundiendo con ella y la presencia de la viuda, que hizo salir entonces, al infame platero que no podía hablar, entregó a aquella sus pulseras, y condenó a éste a perder los mil pesos prestados, en pena de su maldad.

José Miguel Guridi y Alcocer
No. 143-145, Abril-Diciembre 1999
Tomo XXX – Año XXXV
Pág. 8