El hijo Andrómedo

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Supongamos que Andrómeda es una galaxia decente, compuesta de anticuada materia, y que pasé en ella diez años explorando de un lado a otro, y que luego dé la vuelta y regrese a casa. Se imaginarán que por mi hazaña me acogería un estruendoso recibimiento en Nueva York. Nada de eso. Yo tendría unos cincuenta años más, pero en la Tierra habría envejecido en más de cuatro millones. Todos mis amigos habrían muerto; que nadie hablaría mi idioma, ni inglés ni húngaro; los científicos tendrían que descifrar lentamente mis notas. Viviría una nueva raza que nosotros podríamos considerar como una extraña y horrible especie nueva, pero que sería en realidad muy superior y mucho mejor que la nuestra, y lo que harían conmigo, ejemplar de una antigua, fabulosa, irrazonable y extinguida raza, es evidente: me encerrarían en un parque zoológico.

Edward Teller
No. 6, Octubre 1964
Tomo I – Año I
Pág. 49

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Vida extraña

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“… como Marte tiene algo de oxígeno, un poco de agua y una temperatura que no es demasiado baja, es posible que haya vida. Si llegamos, pues, a Marte –y llegaremos-, y si nos topamos con vida, me arriesgaría a hacer una predicción: la vida en Marte será tan extraña, tendrá un aspecto tan poco común, que el primer observador no la reconocerá en absoluto como vida.

Edward Teller
No. 10, marzo-1965
Tomo II – Año I
Pág. 191

Edward Teller

Edward Teller

Edward Teller

(Budapest, 1908) 

Físico estadounidense de origen húngaro. Nacido en el seno de una próspera familia de origen judío, estudió en Karlsruhe y Leipzig (1940). Muy pronto se interesó por la física atómica, primero con Niels Bohr en Copenhague y, posteriormente, en Gotinga. En 1935 emigró a Estados Unidos, y cinco años más tarde trabajó en Chicago con el equipo responsable de la primera reacción nuclear en cadena autosostenible. En 1943, Teller fue uno de los primeros en incorporarse al Proyecto Manhattan, en Los Álamos. Aunque el objetivo principal era el de construir una bomba de fisión, Teller empezó a considerar la posibilidad teórica de diseñar una mucho más poderosa bomba de fusión termonuclear. La obtención del arma nuclear por parte de los soviéticos en 1949 reafirmó sus propósitos y, tras varios años de trabajo, el primer ingenio termonuclear fue probado con éxito en el atolón de Enewalk, en 1952. Ferviente anticomunista, fue consejero del gobierno en cuestiones de armamento nuclear y en 1982-1983 apoyó firmemente el programa de Iniciativa de Defensa Estratégica[1].

Seres extraterrestres

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En nuestra propia galaxia tenemos más de cien mil millones de estrellas. Muchas de ellas tendrán por fuerza planetas, y algunos de éstos estarán habitados. Y más allá de nuestra galaxia hay miles de millones de otras galaxias. No somos, ciertamente, los únicos seres vivientes. Sería muy extraño creer que lo somos. Dudo también que seamos los únicos seres inteligentes. Pero es de veras tan viejo como se ha dicho –casi diez mil millones de años- y la vida humana abarca sólo el último millón o medio millón de años, ha de haber otros que llegaron antes; me gustaría saber dónde están todos esos otros.

Edward Teller
No. 10, Marzo-1965
Tomo II – Año I
Pág. 170