Cecil B. DeMille

Cecil B. DeMille

Cecil Blount DeMille

(Ashfield, Massachusetts, 12- agosto- 1881. Hollywood, California, 21- enero-1959)

 

Fue un director de cine estadounidense conocido por dirigir y producir la cinta Los diez mandamientos (1956), la séptima película más taquillera de todos los tiempos y la primera de la lista que se basa en la Biblia.

Entre sus otras películas éxitosas se incluyen Cleopatra (1934), Sansón y Dalila (1949) y El mayor espectáculo del mundo (1952) por la cual ganó el premio Óscar a la mejor película.

Nació en Ashfield, Massachusetts. Sus padres, Henry Churchill DeMille (1853–1893), episcopaliano, y Matilda Beatrice Samuel (1853–1923), judía de ascendencia alemana, se dedicaban a escribir obras de teatro. Henry murió cuando Cecil tenía 12 años y su madre comenzó a mantener el hogar, tras abrir un colegio para señoritas y una compañía de teatro.

Demasiado joven para enrolarse en el ejército y participar en la guerra de Estados Unidos contra España, siguió a su hermano William a Nueva York, para estudiar en la Academia de Artes Dramáticas, e hizo su debut teatral en 1900.

Fue durante 20 años actor y manager de la compañía de su madre. En 1913 junto a Jesse L. Lasky y Samuel Goldwyn, fundaron la Lasky (Paramount), y al año siguiente, produjeron The Squaw Man, su primera película de Hollywood. Produjo y dirigió 70 películas y estuvo muy ligado a muchas más. La mayoría de sus películas son comedias con dejes sexuales, ya que siempre sostuvo que los norteamericanos eran curiosos sólo con el sexo y el dinero.

Su hija adoptada Katherine DeMille se casó con el talentoso actor Anthony Quinn en contra de sus deseos y nunca le prestó ningún apoyo. Su hija biológica se llamó Cecilia.

También es muy conocido por sus producciones de filmes épicos y bíblicos, como Rey de reyes (King of Kings), Los diez mandamientos (The Ten Commandments) (1923)[1].

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En Rusia

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Se nos dijo que más allá, en el seno de las montañas, en un lugar conocido como Valle de Svanetia, residía una tribu, descendiente de una hueste de cruzados extraviados, que aún usaban corazas y armas con inscripciones en latín. Aquella gente hablaba una lengua que no comprendía nadie más que ellos, y practicaba una religión mixta de paganismo, cristianismo e islamismo.

Cecil B. Demille
No. 138 – 141, Enero – Diciembre 1998
Tomo XXX – Año XXXIV
Pág. 92