Tarea agotadora

Anoche, mientras todos dormían hice desaparecer los colores de las cosas. Luego desaparecieron las formas: todo se volvió negro, aunque todavía con algunos destellos. Desaparecieron del mundo las otras personas, sus ideas, sus opiniones, los productos de sus investigaciones, sus deseos más o menos satisfechos, sus animales domésticos. También desaparecieron las plantas, y los insectos, y los animales salvajes y el sol de mediodía en las antípodas. Hice desaparecer los sonidos, desde el llanto del bebé de arriba hasta la sinfonía del Nuevo Mundo, y también el roce de las patas de las hormigas en los armarios de mi cocina. Y el gusto de la sal, y las sensaciones de calor y frío, y las reproducciones de la Gioconda, y los números equivocados, y los laureles que supimos conseguir. Por último, me dormí.

Luisa Axpe
No 101, Enero-Marzo 1987
Tomo XVI – Año XXIII
Pág. 83

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Luisa Axpe

Luisa Axpe

Nació en Buenos Aires en 1945 y a comienzos de los setenta se graduó como psicóloga en la Universidad de Buenos Aires. Sus cuentos fueron publicados inicialmente en revistas como El Péndulo, Minotauro, Humi y Puro Cuento. En la década del ‘80 formó parte del reducido núcleo de escritores argentinos que producían fantasía y ciencia ficción. En 1986, Ediciones Minotauro, bajo la dirección de Marcial Souto, editó su libro de cuentos Retoños. Uno de los cuentos de ese libro integra la Breve antología de cuentos 2 publicada en 1992 por Editorial Sudamericana, junto a autores como García Márquez, Ray Bradbury, Graham Greene, Mujica Láinez y Bioy Casares. En 1989 obtuvo el premio J. S. Tallón de la Municipalidad de Córdoba, por sus cuentos Geolana, un conejo y el mundo, Pensamientos de colores y La casa sin gatos. En 1993, Editorial Sudamericana publicó su novela La mancha de luz. Tiene, entre otros inéditos, una novela, No te duermas en el tren, trabaja en varios proyectos narrativos y publica un blog (Gato Hambriento, http://gatohambriento.blogspot.com/).

Ella dijo
No sé casi nada de música, pero me alegro de estar capacitada para disfrutarla. Además, suelo pensar que hay música en todo: especialmente en la escritura. Cuando leo algo que me gusta, por lo general descubro que “suena” bien. Y ése es uno de mis mayores afanes a la hora de escribir. Tanto en la página como en mi cabeza, las palabras y las frases tienen que sonar bien, tienen que tener un ritmo, un color, un tono. El contenido, a veces, es un pretexto. Lo importante, casi siempre, es decir lo que sea lo más musicalmente posible, y que llegue a los ojos y a los oídos de los demás con la fluidez de una buena melodía. http://gatohambriento.blogspot.com/2008/03/partitura.html[1].

Una vuelta completa

Anoche, mi marido me dijo: “Vamos a darnos una vuelta”.

Empezamos por la piel. Seguimos por los pensamientos más superficiales, las inocentes ideas que estaban a flor de conciencia. Luego siguieron los recuerdos inmediatos, que se fueron haciendo cada vez más y más lejanos y profundos, hasta llegar a los remotos recuerdos infantiles, y así nos encontramos con un pozo de oscuridad que no sabíamos en que podría terminar. Confieso que nos asustamos un poco.

Entonces decidimos regresar.

Luisa Axpe
No. 97, Marzo-Abril 1986
Tomo XV – Año XXI
Pág. 306