La vida de una feminista en el siglo XXI

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Despertar después de un tranquilo sueño estimulado por un proyector de imágenes beautifuldreams: desayuno preparado por una cocinera mecánica que está programada para utilizar extractor de jugos, cafetera, sandwichera, todo eléctrico; limpieza de la casa: una palanca pone en movimiento a los aparatos que aspiran el polvo y realizan el aseo; una máquina recoge la ropa sucia y la lleva hasta la lavadora y planchadora automáticas; el viaje a la oficina es un autogiro alimentado por energía solar y conducido por un robot; al regreso del trabajo la comida está lista en un horno de microondas computarizado; para distraerse en la tarde, pone un film en videocasetera; va a la cama, allí su marido inerte aguarda, le oprime el botón rojo que indica hacer el amor; finalmente pone el despertador de música electrónica para el día siguiente recomenzar la rutina.

René Avilés Fabila
No. 103 – 104, Julio – Diciembre 1987
Tomo XVI – Año XXIII
Pág. 329

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La comida del distraído

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Llegó al lujoso restaurante y el mesero, por descuido, en lugar de ofrecerle la carta, le entregó la cuenta.

El cliente vio la abultada suma y sin más pagó añadiendo una generosa propina.

Salió a la calle sintiéndose terriblemente satisfecho: la comida había sido magnífica, los vinos también y el postre insuperable; caminaría un poco para ayudar a la digestión.

René Avilés Fabila
No. 107-108, Julio – Diciembre 1988
Tomo XVII – Año XXIV
Pág. 261

El más extraño de los animales prodigiosos

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Dentro de esa jaula de grandes proporciones, pasta tranquilamente una rara especie. Ningún letrero lo anticipa. Algunos expertos en zoología señalan que se trata de un pegaso sin alas, otros más afirman que es un unicornio sin cuerno. La gente sencilla, que se arremolina en el lugar, prefiere decirle caballo.

René Avilés Fabila
No. 128, Enero-Marzo 1995
Tomo XXIV – Año XXXI
Pág. 205

Fábula de las ilusiones

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Era un país tan pobre y atrasado que para subsistir medianamente tuvo que recurrir a la exportación de los únicos productos que poseía: ilusiones y esperanzas. Al principio todo el mundo hizo fuertes pedidos. Los habitantes de los distintos países deseaban obtener ilusiones y esperanzas importadas (el colmo de la moda y el esnobismo), creyendo que tendrían mejores resultados que con las de manufactura nacional. Gracias a tal situación, la economía del país pobre mejoró notablemente y sus ciudadanos conocieron mejores formas de vida. Pero llegó el momento en que ya nadie deseaba vivir de ilusiones o de esperanzas aunque fuesen extranjeras; ahora querían realidades a cualquier precio, provinieran de donde provinieran. Creció la demanda de realidades y, consecuentemente, disminuyó la de ilusiones y esperanzas, hasta que de plano desaparecieron las compras de tales mercancías. El país perdió su fuente de ingresos y volvió a su antiguo atraso, a su acostumbrada miseria. Sus habitantes entristecidos, sin dinero para adquirir realidades, consumieron sus propios productos; al momento viven de milagro.

Pobres: deberían hacer una revolución, es su única esperanza.

René Avilés Fabila
No. 52, Abril 1972
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 750

La máquina suprema

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…que fabricó una máquina
capaz de construir otra
idéntica a sí misma.

Alberto Ducrocq

La máquina suprema —creada después de mucho tiempo, esfuerzo y dinero— construyó máquinas a su imagen y semejanza para que poblaran al mundo y ayudaran al hombre. Formaban la nueva especie y quizá la más perfecta de cuantas han existido sobre la Tierra: nada las igualaba en perfección, inteligencia y vigor. Una sola máquina podía desarrollar el trabajo físico e intelectual de varios cientos de personas. Así el hombre entró de lleno en el reino espiritual de las puras ideas, que por último desembocó en el ocio y en la inactividad. Las máquinas hacían todo, incluso escribían las obras que los hombres leían y pintaban los cuadros que admiraban en las galerías de arte. También crearon religiones y filosofías que los seres humanos seguían casi por inercia, sin intereses reales y concretos. El gobierno y la justicia estaban en manos de robots; robots construidos especialmente para gobernar y para ser justos. El hombre se dedicaba a vagar por su planeta lamentando la pérdida del paraíso. Sin embargo, cuando observó que las máquinas tampoco eran perfectas (una dirigente quiso perpetuarse en el poder y un autómata con problemas amorosos se suicidó volándose la tapa electrónica), decidió que había llegado el momento de liberarse, de acabar con la Máquina Suprema y con su obra y comenzar de nuevo pero ahora más inteligentemente.

René Avilés Fabila
No. 52, Abril 1972
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 728

Hambre


Desperté con un apetito atroz e inaplazable; me dirigí a la cocina: el refrigerador estaba vacío; de una alacena obtuve un libro con decenas y docenas de sabrosísimas recetas; de inmediato lo herví en la olla de presión y luego puse la mesa dispuesto a darme un suculento banquete con sus páginas.

René Avilés Fabila
No. 93, Mayo-Junio 1985
Tomo XVI – Año XX
Pág. 685

La máquina de máquinas


Supongamos que logran crear una máquina indestructible y eterna que pueda crear otras máquinas y éstas, a su vez, otras que sin ayuda exterior resuelvan todas las actividades manuales del hombre y que, incluso, piensen por él (solucionen ecuaciones, construyan cohetes, cocinen, hagan limpieza, realicen obras de arte pictóricas y literarias, filosofen, gobiernen); aún así nada ni nadie podría evitar que la mano que la ponga a funcionar e inicie el proceso sea humana.

René Avilés Fabila
No 71, Enero-Marzo 1976
Tomo XI – Año XI
Pág. 545

(P)siquiátricas

El célebre siquiatra Rungis escuchó detenidamente, por espacio de varias sesiones, a su paciente; luego de meditar con profundidad sentenció:

—Estimado amigo, lo que usted tiene, la causa de sus terribles traumas y mala salud mental, es una enfermedad que viene desde su más tierna infancia, ¡usted desea a su madre!, la deseó cuando era apenas un bebé y se regodeó con sus senos y ahora mismo quisiera estar con ella. Es lo que en términos científicos llamamos complejo de Edipo.

El pobre paciente no supo cómo reaccionar ante tal diagnóstico. Salió abrumado del consultorio del analista, la mirada perdida y menos dinero en el bolsillo a causa de la abultada cuenta. Deambuló por la ciudad pensando en el suicidio: ¿y qué otro camino le quedaba a él, un androide?

René Avilés Fabila
No 95, Noviembre-Diciembre 1985
Tomo XV – Año XXI
Pág. 61

Apuntes para ser leídos por los lobos


El lobo, aparte de su orgullosa altivez, es inteligente, un ser sensible y hermoso con mala fama, acusaciones y calumnias que tienen más que ver con el temor y la envidia que con la realidad. Él está enterado, mas no parece importarle el miserable asunto. Trata de sobrevivir. Y observa al humano: le parece abominable, lleno de maldad, cruel; tanto así que suele utilizar proverbios tales como. Está oscuro como boca de hombre, para señalar algún peligro nocturno, o El lobo es el hombre del lobo, cuando este animal llega a ciertos excesos de fiereza semejante a la humana.

René Avilés Fabila
No. 91, No. de 20 Aniversario – 1984
Tomo XIV – Año XX
Pág. 431

Por equivocar la consulta


Un hombre está a punto de morir. Recuerda que las religiones proponen la salvación del alma, la inmortalidad y él desea sobrevivir en el más allá. Quiere encomendar su alma a Dios. Pero resulta que toda su vida fue agnóstico, así que de pronto se encuentra con un problema que ya no tiene tiempo de enfrentar. ¿A qué dios invocar antes de exhalar su último suspiro? ¿Acaso al de los cristianos o a Buda o quizá a Alá o a Jehová, probablemente a alguna deidad griega o azteca? Desesperado, sintiendo la muerte muy cerca, rodeando su cuerpo agónico, pide un diccionario y lo consulta. Casi al azar, rápidamente, selecciona un nombre a través de un dedo incierto: Brahma: Dios de los indios. Y a él se encomienda, le dirige palabras confusas pidiendo misericordia y perdón por sus pecados. Piedad, en una palabra.

Después de la muerte, un sacerdote católico apareció allí por mero accidente, dijo al conocer el caso:

—No supo escoger cuidadosamente. Por error le dieron el diccionario de la Real Academia Española, en donde muy a las claras indica que Brahma es falsa deidad venerada por idólatras y no el verdadero Dios. Pobre hombre, su alma ya debe estar quemándose en el infierno

René Avilés Fabila
No. 91, No. de 20 Aniversario – 1984
Tomo XIV – Año XX
Pág. 402

La vida de una mujer occidental en el siglo XXI


Despertar después de un tranquilo sueño estimulado por un proyector de imágenes beautyful-dreams;

desayuno preparado por una cocinera mecánica, programada para utilizar extractor de jugos, cafetera y sandwichera;

limpieza de la casa: una palanca pone en movimiento a los aparatos que aspiran el polvo y realizan el aseo;

una máquina recoge la ropa sucia y la lleva hasta la lavadora y la planchadora automáticas;

el viaje a la oficina es en un autogiro alimentado por energía solar, conducido por un robot;

al regreso del trabajo la comida está lista en un horno de microondas computarizado;

para distraerse en la tarde, un film en la videocassettera;

va a la cama, allí aguarda su marido inerte, le oprime un botón rojo que indica hacer el amor;

finalmente pone el despertador de música electrónica para el siguiente día recomenzar la rutina.

Rene Avilés Fabila
No. 116, Octubre – Diciembre 1990
Tomo XIX – Año XXVII
Pág. 368

Wells y Einstein


Aquel científico necesitaba saber qué sucedería si en la máquina del tiempo retrocedía al momento en que sus padres estaban por conocerse e impedía la relación.

Llegó a esa época sin mayores dificultades. Un joven llegaba al pueblo en donde el destino le depara una esposa. De inmediato supo quién era. No en balde había visto fotografías del viejo álbum familiar. Lo que hizo a continuación fue relativamente sencillo: convencer a su padre que allí no estaba el futuro, que mejor fuera a una gran ciudad en busca de fortuna. Y para cerciorarse lo acompañó a la estación de ferrocarril. Se despidieron y mientras desde la ventanilla una mano se agitaba, el riguroso investigador sintió cómo poco a poco se desvanecía hasta convertirse en nada.

René Avilés Fabila
No. 134, Enero-Marzo 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 37

Televisiva


La mujer sangraba, tenía heridas por todo el cuerpo, el vestido desgarrado, en el rostro reflejaba el pánico; sólo aguardaba la embestida final del monstruo. En ese momento una interrupción vino en su ayuda: la historia de terror quedaba trunca. Ella, aprovechando el anuncio de whisky, se alejó rápidamente de la bestia asesina. Al volver el film, el suspenso había desaparecido: por un lado el monstruo desconcertado buscaba a su presunta víctima, por el otro la mujer llegaba conduciendo su automóvil a casa de héroe, médico por cierto, para estañar sus heridas.

René Avilés Fabila
No. 134, Enero-Marzo 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 7

La Esfinge de Tebas


La otrora cruel Esfinge de Tebas, monstruo con cabeza de mujer, garras de león, cuerpo de perro y grandes alas de ave, se aburre y permanece casi silenciosa. Reposa así desde que Edipo la derrotó resolviendo el enigma que proponía a los viajeros, y que era el único en su repertorio. Ahora, escasa de ingenio, y un tanto acomplejada, la Esfinge formula adivinanzas y acertijos ingenuos, que los niños resuelven fácilmente, entre risas y burlas, cuando van a visitarla a su morada, durante el fin de semana.

René Avilés Fabila
No. 42, Mayo 1970
Tomo VII – Año VI
Pág. 415

René Avilés Fabila

Soy René Avilés Fabila, nací en el DF y aquí estudié hasta concluir Ciencias Políticas en la UNAM. Luego, fui a la Universidad de París, a realizar estudios de posgrado. No sé para qué, pues siempre quise ser escritor, autor de novelas y cuentos. Comencé a escribirlos alrededor de 1960, o un poco antes, junto con una generación rebelde que encabezaban José Agustín y Parménides García Saldaña. Nuestro gran maestro fue Juan José Arreola, pero yo tuve otros más: Juan Rulfo y José Revueltas. Del primero aprendí literatura, del segundo ética política, el ser permanentemente crítico.

Aunque me siento más cuentista que autor de largas extensiones, mi primer libro publicado fue una novela, Los juegos, 1967, la que no encontró editor, tal como lo he contado en varios momentos, especialmente cuando en 2007 se cumplieron cuarenta años de la edición de autor. Fue una salida exitosa y plena de escándalo. Unos me insultaron y otros me defendieron con igual vehemencia. Era una obra contracultural y puesto que nada ha cambiado en el país culturalmente hablando, sigue siendo tan válida como cuando apareció. Siguieron multitud de novelas y libros de relatos breves. De las primeras, me quedo con TantadelEl reino vencido El amor intangible, aunque debo aceptar que mucho le debo a El gran solitario de Palacio, donde narro la masacre de Tlatelolco. Mis cuentos amorosos y los fantásticos, ahora reunidos en cuatro volúmenes Todo el amor (I y II) y Fantasías en carrusel (I y II) son los trabajos que más me gustan. De mis libros autobiográficos tengo predilección por tres: RecordanzasMemorias de un comunista y El libro de mi madre.

De los premios y reconocimientos obtenidos me quedo con la beca del legendario Centro Mexicano de Escritores, allá por 1965, donde trabajé con Juan Rulfo, Juan José Arreola, Francisco Monterde y donde escribí mi primer libro de cuentos cortos: Hacia el fin del mundo, editado por el Fondo de Cultura Económica. El Premio Nacional de Periodismo, por cultura, me lo dieron en la época del Innombrable, es decir, Carlos Salinas, y el jurado lo encabezaban Rafael Solana y Edmundo Valadés. El Colima por el mejor libro publicado lo obtuve con un libro que amo: Los animales prodigiosos, ilustrado por José Luis Cuevas y con prólogo de Rubén Bonifaz Nuño. Cuando cumplí treinta años como escritor, el homenaje me conmovió mucho, pues entre los organizadores estaban Bellas Artes, el Fondo de Cultura Económica, la UNAM, la UAM, el IPN, la Casa Lamm y la Fundación Alejo Peralta y cuya duración fue exactamente de un mes.[1]

La Hidra de Lerna


Nueve cabezas tiene la Hidra de Lerna que trajo Hércules.

Serpiente de fealdad repugnante.

Cabezas que vuelven a crecerle en cuanto se las cortan.

Los guardianes se descuidan y nadie resiste violar la orden de no alimentar a los animales: con tal de divertirse, avientan puñados de golosinas para mirar insanos, cómo sus nueve cabezas logran atraparlas en pleno vuelo, sin dejar que algo caiga al suelo.

Ojalá no se enferme del estómago.

René Avilés Fabila
No. 42, Mayo 1970
Tomo VII – Año VI
Pág. 404