Fantasías mexicanas

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Por el angosto Callejón de la Condesa dos carrozas se han encontrado. Ninguna retrocede para que pase la otra.

—¡Paso al noble señor don Juan de Padilla y Guzmán, marqués de Santa Fe de Guardiola, oidor de la Real Audiencia de México!

—¡Paso a don Agustín de Echeverz y Subiza, marqués de la Villa de San Miguel de Aguayo, cuyos antepasados guerrearon por su majestad Cesárea, en Hungría, Transilvania y Perpiñán!

—¡Por bisabuelo me lo hube a don Manuel Ponce de León, el que sacó de la leonera el guante de doña Ana!

—¡Mi tatarabuelo, Garcilazo de la Vega, rescató el Ave María del moro que la llevaba atada a la cola de su bridón.

Tres días con sus noches se suceden, y aún están allí los linajudos próceres, sin que ninguno ceda el paso al otro. Al cabo de esos tres días —y para que no sufriera mancilla ninguno de los dos linajes—, mandó el virrey que retrocedieran las carrozas al mismo tiempo, y la una volvióse hacia San Andrés, y la otra fuese por la calle del Puente de San Francisco.

Julio Torri en Ensayos y poemas (1917)
No. 6, Octubre 1964
Tomo I – Año I
Pág. 56

Estampa antigua

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No cantaré tus costados, pálidos y divinos que descubres con elegancia; ni ese seno que en los azares del amor se liberta de los velos tenues; ni los ojos, grises o zarcos, que entornas, púdicos; sino el enlazar tu brazo al mío, por la calle, cuando los astros en el barrio nos miran con picardía, a ti linda ramera, y a mí, viejo libertino.

Julio Torri
No. 121-122, Enero-Julio 1992
Tomo XXI – Año XXVIII
Pág. 105

Mujeres

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Siempre me descubro reverente la paso de las mujeres elefantas, maternales, castísimas, perfectas.

Sé del sortilegio de las mujeres reptiles —los labios fríos, los ojos zarcos— que nos miran sin curiosidad ni comprensión desde otra especie zoológica.

Convulso, no recuerdo si de espanto o de atracción, he conocido un raro ejemplar de mujeres tarántulas. Por misteriosa adivinación de su verdadera naturaleza vestía siempre de terciopelo negro. Tenía las pestañas largas y pesadas, y sus ojillos de bestezuela cándida me miraban con simpatía casi humana.

Las mujeres asnas son la perdición de los hombres superiores. Y los cenobitas secretamente piden que el diablo no revista tan terrible apariencia en la hora mortecina de las tentaciones.

Y tú, a quien las acompasadas dichas del matrimonio han metamorfoseado en lucia vaca que rumia deberes y faenas, y que miras con tus grandes ojos el amanerado paisaje donde paces, cesa de mugir amenazadora al incauto que se acerca a tu vida, no como el tábano de la fábula antigua, sino llevado por veleidades de naturalista curioso.

Julio Torri
No. 18, Noviembre 1966
Tomo III – Año III
Pág. 538

Balada de las hojas más altas

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Nos mecemos suavemente en lo alto de los tilos de la carretera blanca. Nos mecemos levemente por sobre la caravana de los que parten y los que retornan. Unos van riendo y festejando: otros caminan en silencio. Peregrinos y mercaderes, juglares y leprosos, judíos y hombres de guerra pasan con presura, y hasta nosotros llega a veces su canción.

Hablan de sus cuitas de todos los días, y sus cuitas podrían acabarse con sólo un puñado de doblones o un milagro de Nuestra Señora de Rocamor. No son bellas sus desventuras. Nada saben, los afanosos, de las matinales sinfonías en rosa y perla, del sedante añil del cielo en el mediodía, de las tonalidades sorprendentes de las puestas del sol cuando los lujuriosos carmesíes y los cinabrios opulentos se disuelven en cobaltos devaídos y en el verde ultraterrestre en que se hastían los monstruos marinos de Böcklin.

En la región superior, por sobre sus trabajos y anhelos, el viento de la tarde nos mece levemente.

Julio Torri
No. 68, Enero-Marzo 1975
Tomo XI – Año XI
Pág. 181

Consejos

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Si quieres ser feliz una hora, bebe un vaso de buen vino. Si quieres serlo un día, toma un baño. Si una semana, fornica una vez. Si un mes, púrgate. Si quieres ser dichoso un año, cásate. Si quieres ser feliz toda la vida, no te cases.

Julio Torri
No. 119-120, Julio-Diciembre 1991
Tomo XX – Año XXVIII
Pág. 368

Vieja estampa


Dos criados abren presurosos, a la curiosidad de los desocupados, las pesadas hojas de la puerta, cuyos tableros de cedro ostentan —en rica obra de talla— las armas de las Castillas, de los Mendozas, de los Altamirano de Velasco.

Tirada por piafantes brutos, sale la carroza, con muelles sacudimientos, de la penumbra del zaguán al deslumbramiento de la calle.

El conde de Santiago de Calimaya se encamina al palacio del Virrey. Han llegado pliegos de la Metrópoli que tratan de asuntos graves. La Real Audiencia y el Arzobispo tienen en la Corte poderosos valedores.
Y mientras pasa la carroza rebotando por el empedrado de la calle de Flamencos, los indios se descubren, los criollos se detienen curiosos.

Indiferente a todos, tras los cristales, el señor conde toma rapé de una caja de oro, con sus dedos descarnados y temblorosos.

Julio Torri
No. 34, Marzo 1969
Tomo VI – Año IV
Pág. 166

Julio Torri

Julio Torri

Nació en la ciudad de Saltillo (estado de Coahuila) el 27 de junio de 1889 y murió en la ciudad de México el 11 de mayo de 1970.

Hizo sus primeros estudios en su ciudad natal, en el Colegio Torreón y en el Ateneo Fuente.

En 1908 se trasladó a la ciudad de México para seguir la carrera de abogado, y en 1913 se graduó enla Escuela Nacionalde Leyes.

En 1909, con un grupo de escritores y pensadores —entre los que figuraban el dominicano Pedro Henríquez Ureña, José Vasconcelos, Antonio Caso, Alfonso Reyes y otros— fundó el Ateneo de la Juventud. De 1916 a 1923 dirigió con Agustín Loera Chávez la colección de los cuadernos “Cultura”, de los que escribió algunos de los prólogos.

Al ocupar José Vasconcelos la Secretaríade Educación Pública, fue fundador y jefe del Departamento de Bibliotecas, y después director del Departamento Editorial, que publicó la bien conocida colección de autores clásicos universales. Secretario de la Embajada de México al centenario de la independencia del Brasil (1922), presidida por José Vasconcelos, y de la transmisión del mando presidencial de la Argentina(1923).

Fue profesor, principalmente de literatura española, en la Escuela Nacional Preparatoria (durante 36 años) y en la Facultadde Filosofía y Letras hasta 1964, y el más antiguo profesor de tiempo completo. En 1933 se doctoró en Letras en la Universidad Nacional Autónoma de México.

De su primer libro, Ensayos y poemas (1917, reeditado en 1938), hay versión al inglés (1938), y del segundo, De fusilamientos (1940), al alemán.

Miembro Correspondiente de la Academia Mexicanade la Lengua el 14 de enero de 1942, y de Número el 11 de julio de 1952, pronunció su discurso de ingreso el 21 de noviembre de 1953, sobre La “Revista Moderna de México”. En ese mismo año fue nombrado profesor emérito de la Universidad. Fue durante varios años profesor en los Cursos de Verano de la Universidad Nacional de México, y asistió en dos ocasiones como profesor visitante a los organizados en San Antonio (E.U.A.) por la Universidadde Texas. Perteneció a esa clase de escritores refinados que desprecian todas las formas de literatura superficial y farragosa, y que se rebelan contra lo que puede considerarse como un abuso de la palabra. Sus amigos de juventud y sus compañeros de escuela lo recordaban como humorista malicioso y travieso, y esta nota no desaparece nunca de sus escritos. Gustaba de la brevedad y quintaesencia. Excelente prosista, de las formas literarias escogió las más breves: el poema en prosa, el ensayo corto, los pensamientos, las máximas, las reflexiones agudas. En el poema en prosa siguió las dos corrientes principales del género. Una, cuyo maestro es Baudelaire, de naturaleza poética, como los que tituló Circe y La balada de las hojas más altas, y la otra pintoresca, descriptiva y de fino dibujo, cuya inspiración principal la encontró en el volumen Gaspard de la nuit de Aloysius Bertrand. De este último género son sus Fantasías mexicanas y Vieja estampa, de ambiente virreinal -que imitó Genaro Estrada en su Visionario de la Nueva España (1921)- y El raptor y La feria, de sabor nacionalista y popular. Sus ensayos son siempre breves y oponen -con elegancia, ingenio e ironía- ideas originales y con frecuencia paradójicas. Sus principales modelos eran escritores ingleses, especialmente Robert Louis Stevenson y Charles Lamb. Entre sus mejores ensayos pueden citarse En elogio del espíritu de contradicción y La oposición del temperamento oratorio y el artístico. Una vez terminados sus estudios profesionales, fue toda su vida profesor de literatura española en la Facultadde Filosofía y Letras; recorrió varias veces los programas de esa asignatura, desde la producción medieval hasta los escritores del siglo XX. Este constante contacto con el tema le permitió redactar un magnífico resumen de La literatura española (1952 y ediciones posteriores) de la colección de Breviarios del Fondo de Cultura Económica. Excelente manual de estilo limpio y elegante, de juicio seguro y de sólida erudición. En 1964 reunió en un volumen -titulado Tres libros- toda su obra original: Ensayos y poemas, De fusilamientos-ya publicados antes- y uno inédito: Prosas dispersas, que, entre otras páginas interesantes, contiene algunos recuerdos de sus compañeros del Ateneo de la Juventud. Tradujo al español Las noches florentinas de Heine (1918) y los Discursos sobre las pasiones del amor de Pascal (1942).[1]

Xenias


Una vez hubo un hombre que escribía acerca de todas las cosas; nada en el universo escapó a su terrible pluma, ni los rumbos de la rosa náutica y la vocación de los jóvenes, ni las edades del hombre y las estaciones del año, ni las manchas del sol y el vapor de la irreverencia en la crítica literaria.

Su vida giró alrededor de este pensamiento: “Cuando muera se dirá que fui un genio, que puede escribir sobre todas las cosas. Se me citará —como a Goethe mismo— a propósito de todos los asuntos.”
Sin embargo, en sus funerales —que no fueron por cierto un brillante éxito social— nadie le comparó con Goethe. Hay además en su epitafio dos fallas de ortografía.

Julio Torri
No 79, Septiembre 1977-Marzo 1978
Tomo XII – Año XIII
Pág. 623