Como un búmerang

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Tiene la manía de estar enfermo, lo dice a todo el mundo, el rumor corre y finalmente retorna a él. Se entera así de que está muy grave, según opinan los demás. Entonces vuelve a lanzar la noticia en un tono catastrófico. Y finalmente, amplificada de boca en boca, la noticia lo alcanza por segunda vez, como un bumerang. Así se entera de que está muerto.

Dino Buzzati
Número 129 – 130, Abril-Septiembre 1995
Tomo XXV – Año XXXI
Pág. 35

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Bumerang


Tiene la manía de que está enfermo, lo dice a todo el mundo, el rumor corre y finalmente vuelve a él. Se entera así de que está muy grave, según dicen los demás. Entonces vuelve a lanzar la noticia en un tono catastrófico. Y finalmente, amplificada de boca en boca, la noticia lo alcanza por segunda vez, como un bumerang. De este modo se entera de que está muerto.

Dino Buzzati
No. 113, Enero-Marzo 1990
Tomo XIX – Año XXVII
Pág. 101

Dino Buzzati

Dino Buzzati-Traverso

(Belluno, 1906 – Milán, 1972)

Escritor y poeta italiano que fue uno de los pocos representantes en su país de esa narrativa surrrealista o metafísico-existencial que tuvo en Franz Kafka a su máximo exponente. Tras doctorarse en derecho en la Universidad de Milán, inició en 1928 una extensa carrera de periodista en el Corriere della sera, diario en el que también desarrolló labores de redactor y enviado especial. Más tarde se empleó como redactor jefe en la Domenica del corriere.

Debutó en el campo de las letras con Barnabó delle montagne (1933), pero fue en su segundo libro, Il segreto del Bosco Vecchio (1935), una fantástica presentación de un mundo de gigantes, de animales que hablan y de hechos prodigiosos, donde se hicieron evidentes algunos de los motivos fundamentales de su obra: el gusto por la magia y la alegoría, una inclinación a la fabulación y al romanticismo descriptivo y un clima de leyenda nórdico-gótica.

Su mayor logro fue El desierto de los tártaros (1940), historia de jóvenes oficiales que consumen toda su existencia en una solitaria fortaleza fronteriza, esperando en vano la invasión de los tártaros, en la que se retrata el ansia, la renuncia y la soledad del hombre, incapaz de escapar a su propio destino. La novela tuvo un gran éxito de público y de crítica y fue traducida a múltiples lenguas. El resto de su obra, entre la que destacan Siete mensajeros (1942) o Sessanta racconti (1958), con el que obtuvo el premio Strega, ahondan en su tendencia a lo grotesco, en el misterio y la angustia de lo cotidiano o en el absurdo e inexplicable destino humano[1].

 

La quiromántica

Le preguntaron al condenado a muerte cuál era su último deseo.

—Quisiera consultar a una quiromántica —respondió.

—¿A cuál?

—Amelia, la quiromántica del rey.

Amelia era la mejor de todas y el rey confiaba tanto en ella que nunca decidía nada sin consultaría.

El condenado a muerte fue llevado ante la quiromántica, que no sabía de quién se trataba. La mujer estudió la palma de la mano izquierda del condenado y declaró sonriendo:

—Eres muy afortunado, muchacho: tendrás una vida larga.

—¡Basta! —dijo el condenado, y pidió ser devuelto a prisión.

La anécdota corrió por todas partes y la gente reía a carcajadas de la quiromántica del rey. Pero a la mañana siguiente, cuando el condenado era conducido al patíbulo, el verdugo, que ya había levantado el hacha para el tajo final, lo bajó y rompió en llanto:

—¡No, no! ¡No puedo hacerlo! ¡Imagínese que llegara a saberlo su Majestad! ¡No, de ningún modo!

Y arrojó lejos el hacha.

 

Dino Buzzati
No. 113, Enero-Marzo 1990
Tomo XIX – Año XXVII
Pág. 29