El mosquito

Palmeó una y otra vez y no atinaba a matar al mosco que lo estaba molestando, pero en una de esas… ¡plap!, despertó y se encontró con su misma cabeza desecha entre unas manos gigantescas.

Fernando Cuervo Moguel
No. 107-108, Julio – Diciembre 1988
Tomo XVII – Año XXIV
Pág. 262

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