El lector

Cerró el libro, se levantó del cómodo sillón, tomó un generoso trago de la copa de cogñac y, se dijo para sí mismo: “No lo entendí, estos nuevos cuentistas ya no escriben con la claridad y sencillez de los de antes, sino sólo para que los comprenda un grupo de privilegiados…”
Tomó entonces otro libro, se sentó de nuevo y comenzó a leer, esta vez muy complacido “Había una vez un rey…”

Mauricio Ceballos Novelo
No. 80, Abril-Septiembre 1978
Tomo XII – Año XIII
Pág. 735

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