Beatriz

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Beatriz lo observó sobre el puente y se sintió sobrecogida por su mirada. El florentino la siguió con la vista y ella bajó los ojos al pasar a su lado.

—¡Con cuánta intensidad puede amar ese hombre! —pensó—. El amor puede llevarlo hasta el infierno, puede convertirse en su infierno. Se sintió tentada. Pero luego, al recordar la pureza de su frente y el ascetismo de sus labios apretados:

—Aunque me daría miedo ser amada por alguien así, carente de toda ternura, porque ¿qué mujer podría representar para él el Paraíso?

Olga Harmony
No. 103 – 104, Julio – Diciembre 1987
Tomo XVI – Año XXIII
Pág. 338

Olga Harmony

Olga Harmony

 

Decana de la crítica teatral: Olga Harmony

Alejandra Serrano 16-NOV-2010

Con más de cuarenta años de andar en el teatro, hoy en día Olga Harmony es la crítica teatral más leída y reconocida en el medio nacional. Corrección, es el crítico más reconocido y es considerada la decana de la crítica teatral en México. Ante tal distinción, ella ha comentado en un par de ocasiones: “cuando dicen que soy la decana de la crítica, pienso que han de refereirse a qué de canas”.

Olga Harmony, nació en la Ciudad de México en 1928. Dramaturga, novelista y cuentista, recibió en noviembre de 2002 la medalla del INBA en el Palacio de Bellas Artes por “su obra en beneficio de la reflexión y del desarrollo de la actividad teatral” y este año recibe la medalla Xavier Villaurrutia en el marco de la 31 Muestra Nacional de Teatro.

Braulio Peralta, con motivo de la presentación del libro Ires y venires del teatro en México de Olga Harmony (1996), escribió: “Es, sin lugar a dudas, amiga del teatro, no sirviente de los intereses personales de los hacedores del teatro. Es crítica teatral, no escribiente en busca de cotos de poder en los medios de comunicación. En Olga Harmony -con mayor persistencia que otros- se condensa la más honda tradición del ensayo y la crítica kinésica y proxénica. No es monedita de oro. Es una voz independiente a la que todos leen -con atención y temor-”.

Durante la 3ra Feria del Libro Teatral en la ciudad de México, en una mesa dedicada a la reflexión del hacer del crítico, Fernando de Ita señalaba que en los tiempos que él comenzaba a escribir crítica, había una serie de personas escribiendo, entre ellos Olga Harmony, que poseían “una calidad intelectual literaria y un conocimiento de su oficio realmente notable”. En esa misma mesa, Harmony observó como un cambio positivo el que “ los teatristas se han despojado de prejuicios y ya no nos ven [a los críticos] como el enemigo, sino como un interlocutor válido de su propio quehacer”. Para conocer más de esta incansable mujer de teatro, se puede conseguir el libro de la editorial El Milagro, Memorias. Olga Harmony, donde a través de conversaciones con David Olguín, Harmony recapitula su vida en el teatro y la vida misma en otros tiempos.

Olga Harmony es una mujer notable, un enigma silencioso a los ojos de jóvenes teatristas quienes nerviosos murmuran: Ahí está la Harmony ¿Dónde estarán estos jóvenes en 30 años? ¿Seguirán labrando su camino? o esta permanencia es producto del tesón de una etirpe en extinción, una estirpe a la que nosotros solo podemos contemplar para lamentarnos de nuestra pequeñez.

La crítica es un ejercicio solitario y muchas veces ingrato. Este día, el teatro nacional reconoce en Olga Harmony un pilar fuera del escenario. La entrega de la medalla será hoy durante la inauguración de la Muestra Nacional[1].

 

Harmony, articulista de La Jornada, es considerada en la actualidad una de las críticas de teatro más sagaces, penetrantes e influyentes, cuyo pensamiento y pluma no deja de señalar las cuestiones y obstáculos que afectan al arte teatral[2].

 

Pigmalíon


En el lecho nupcial, Pigmalión reposa sus excesos. Con hartura de vino y placer, enervado por la felicidad inesperada, duerme un sueño basto: ronca.

Su obra animada lo observa. El solo recuerdo de los toscos abrazos parece magullar aún su carne novicia; el eco de sus frases imperiosas e incoherentes lastima todavía sus oídos; la manera con que se pringó al comer, su aliento áspero y el hedor repelente de sus axilas, hacen que lo siga observando con helada objetividad.
Libre ya de la sorpresa, del inconsciente fingimiento, un codo en la almohada lo estudia detenidamente.

—¿Cómo hacer para que este hombre cambie?

Olga Harmony
No 101, Enero-Marzo 1987
Tomo XVI – Año XXIII
Pág. 46