De L’osservatore

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A principios de nuestra era, las llaves de San Pedro se perdieron en los suburbios del Imperio Romano. Se suplica a la persona que las encuentre, tenga la bondad de devolverlas inmediatamente al Papa reinante, ya que desde hace más de quince siglos, las puertas del Reino de los Cielos no han podido ser forzadas con ganzúas.

Juan José Arreola, en PROSODIA
No. 15, Septiembre- Octubre 1965
Tomo III – Año II
Pág. 174

Los cuervos

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… Pero tuvimos un rey, y su nahual era cuervo. Se hacía cuervo cuando quería, con los poderes antiguos de Topiltzin y Ometecutli. Se hacía cuervo nuestro rey, y se iba a volar sobre los sembrados ajenos, entre los cuervos de Sayula, de Autlán, de Amula y de Tamazula. Y veía que todos tenían el maíz que nos quitaron. Y como su nahual era cuervo, supo que los cuervos buscan y esconden las cosas. Y con los poderes antiguos de Topiltzin y Ometeculi, nos enseñó a todos para que nos volviéramos cuervos. Y un año limpiamos las tierras, que todas estaban llenas de chayotillo, de garañona y capitaneja. Limpiamos y labramos la tierra, como si tuviéramos maíz para sembrarla. Y cuando comenzaron las lluvias, ya para meterse el sol, nos hacíamos cuervos y nos íbamos volando para buscar el maíz que sembraban las gentes de Sayula, de Autlán, de Amula y de Tamazula. Volvíamos cada quien con un gran en el pico, a esconderlo en la tierra de Zapotlán. Pero como nos costaba mucho trabajo encontrar las semillas y todos teníamos ganas de comer maíz, nuestro Rey Cuervo dijo que los que se tragaran el grano por el camino, se quedarían ya cuervos, volando y graznando entre los surcos, buscando para siempre el maíz enterrado. Y muchos de nosotros no aguantaron las ganas y se tragaron el grano en vez de sembrarlo en nuestra tierra. Y ya no volvieron a ser hombres como nosotros.

Juan José Arreola, en LA FERIA
No. 09, Enero-Febrero 1965
Tomo II – Año I
Pág. 40

De Chuluapan

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Yo señor, soy de Chuluapan, para servir a usted. Le recomiendo que vaya por allá si le gusta tratar con gente franca. Si les cae mal, se lo dicen en su cara y a lo mejor hasta lo matan, pero eso sí, frente a frente. Claridosos, como nosotros decimos. Los chivos, los puercos y las gallinas andan sueltos por la calle pepenando los desperdicios y nadie se los roba, porque allá no hay ladrones. Pero eso sí, como dice el dicho, encierre usted sus gallinas si no quiere que las pise mi gallo.

Juan José Arreola. En “La feria”
No. 1, Mayo 1964
Tomo I – Año I
Pág. 40

La trampa

Hay un pájaro que vuela
En busca de su jaula.
F. Kafka

Cada vez que una mujer se acerca turbada y definitiva, mi cuerpo se estremece de gozo y mi alma se magnifica de horror. Las veo abrirse y cerrarse. Rosas inermes o flores carniceras, en sus pétalos funcionan goznes de captura: párpados tiernos, suavemente aceitados de narcótico. (En torno a ellas, zumba el enjambre de jóvenes moscardones pedantes.)

Y caigo en almas de papel insecticida, como en charcos de jarabe. (Experto en tales accidentes, despego una por una mis patas de libélula. Pero la última vez, quedé con el espinazo roto.)

Y aquí voy volando solo.

Sibilas mentirosas, ellas quedan como arañas enredadas en su tela. Y yo sigo otra vez volando solo, fatalmente, en busca de nuevos oráculos.

¡Oh Maldita, acoge para siempre el grito de mi espíritu fugaz, en el pozo de tu carne silenciosa!

Juan José Arreola
No. 121-122, Enero-Julio 1992
Tomo XXI – Año XXVIII
Pág. 50

El mapa de los objetos perdidos

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El hombre que me vendió el mapa no tenía nada de extraño. Un tipo común y corriente, un poco enfermo tal vez. Me abordó sencillamente, como esos vendedores que nos salen al paso en la calle. Pidió muy poco dinero por su mapa: quería deshacerse de él a toda costa. Cuando me ofreció una demostración acepté curioso porque era domingo y no tenía qué hacer. Fuimos a un sitio cercano para buscar para buscar el triste objeto que tal vez él mismo habría tirado allí, seguro de que nadie iba a recogerlo: una peineta de celuloide, color de rosa, llena de menudas piedrecillas. La guardo todavía entre docenas de baratijas semejantes y le tengo especial cariño porque fue el primer eslabón de la cadena. Lamento que no le acompañen las otras cosas vendidas, las monedas que he podido gastar. Desde entonces vivo de los hallazgos que el mapa me otorga. Vida bastante miserable, es cierto, pero que me ha librado para siempre de toda preocupación. Y a veces, de tiempo en tiempo, aparece en el mapa alguna mujer perdida que se aviene misteriosamente a mis modestos recursos.

Juan José Arreola
No. 128, Enero-Marzo 1995
Tomo XXIV – Año XXXI
Pág 129

Epitalamio

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La amada y el amado dejaron la habitación hecha un asco, toda llena de residuos amorosos. Adornos y pétalos marchitos, restos de vino y esencias derramadas. Sobre el lecho revuelto, encima de la profunda alteración de las almohadas, como una nube de moscas flotan palabras más densas y cargadas que el áloe y el incienso. El aire está lleno de te adoro y de paloma mía.

Mientras aseo y pongo en orden la alcoba, la brisa matinal orea con su lengua ligera pesadas masas de caramelo. Sin darme cuenta he puesto el pie sobre la rosa en botón que ella llevaba entre sus pechos. Doncella melindrosa, me parece que la oigo cómo pide mimos y caricias, desfalleciente de amor. Pero ya vendrán otros días en que se quedará sola en el nido, mientras su amado va a buscar la novedad de otros aleros.

Lo conozco. Me asaltó no hace mucho en el bosque, y sin frases ni rodeos me arrojó al suelo y me hizo suya. Como un leñador divertido que pasa cantando una canción obscena y siega de un tajo el tallo de la joven palmera.

Juan José Arreola
No. 47, Julio-Agosto 1971
Tomo VII – Año VIII
Pág. 164

La trampa

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Hay un pájaro que vuela
en busca de su jaula.
F. Kafka.

Cada vez que una mujer se acerca turbada y definitiva, mi cuerpo se estremece de gozo y mi alma se magnifica de horror.

Las veo abrirse y cerrarse. Rosas inermes o flores carniceras, en sus pétalos funcionan goznes de captura: párpados tiernos, suavemente aceitados de narcótico. (En torno a ellas, zumba el enjambre de jóvenes moscardones pedantes).

Y caigo en almas de papel insecticida, como en charcos de jarabe. (Experto en tales accidentes, despego una por una mis patas de libélula. Pero la última vez, quedé con el espinazo roto). Y aquí voy volando solo.

Sibilas mentirosas, ellas quedan como arañas enredadas en su tela. Y yo sigo otra vez volando solo, fatalmente, en busca de nuevos oráculos.

¡Oh Maldita, acoge para siempre el grito de mi espíritu fugaz, en el pozo de tui carne silenciosa!

Juan José Arreola
No. 57, Febrero-Marzo- 1973
Tomo IX – Año IX
Pág. 515

La lengua de Cervantes

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Tal vez la pinté demasiado Fra Angélico. Tal vez me excedí en el color local de paraíso. Tal vez sin querer le di la pista entre el catálogo de sus virtudes, mientras vaciábamos los tarros de cerveza con pausas de jamón y chorizo. El caso es que mi amigo halló bruscamente la clave, la expresión castiza, dura y filosa como un puñal manoseado por generaciones de tahúres y rufianes, y me clavó sin más ¡puta! en el corazón sentimental, escamoteando la palabrota en un rojo revuelo de muleta; la gran carcajada española que hizo estallar su cinturón de cuero ante el empuje monumental de una barriga de Sancho que yo no había advertido jamás.

Juan José Arreola
No. 57, Febrero-Marzo- 1973
Tomo IX – Año IX
Pág. 503

Contrición

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Ya sé, con algún teólogo moderno, que el mal también es útil. Puede desembocar en el bien. Y hay una idea muy bella precisamente de ese teólogo, que dice que el arrepentimiento puede modificar el pasado y hacer que todos los acontecimientos de la vida se coordinen hacia un fin.

Lo importante es lograr que en la hora de la muerte, todos los hechos de la vida armonicen y se subordinen al acto final de conciencia. Que a través de una visión cónica, en lo más profundo se vea el primer acto de conciencia, simultáneo con el último. La contrición es la única manera de irse del mundo. Nada debe ser más triste que morirse rencoroso o sediento de vida. Podría yo decir, porque probé de todo un poco.

Juan José Arreola
No. 51, Enero – Febrero 1972
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 692

Bíblica

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Levanto el sitio y abandono el campo… La cita es para hoy en la noche. Ven lavada y perfumada. Unge tus cabellos, ciñe tus más preciosas vestiduras, derrama en tu cuerpo la mirra y el incienso. Planté mi tienda de campaña en las afueras de Betulia. Allí te espero guarnecido de púrpura y de vino, con la mesa de manjares dispuesta, el lecho abierto y la cabeza prematuramente cortada.

Juan José Arreola
No. 51, Enero – Febrero 1972
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 622

Caballero desarmado

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Yo no podía quitarme semejantes ideas de la cabeza. Pero un día mi amigo el arcángel, al doblar una esquina y sin darme tiempo siquiera de saludarlo, me cogió por los cuernos y levantándome del suelo con sinceridad de atleta, me hizo dar en el aire un salto de carnero. Las astas se rompieron al ras de la frente (tour de force magnifique), y yo caí de bruces, cegado por la doble hemorragia. Antes de perder el conocimiento esbocé un gesto de gratitud hacia el amigo que se escapaba corriendo, gritándome excusas.

El proceso de cicatrización fue lento y doloroso, aunque yo traté de acelerarlo lavándome a diario las heridas con un poco de sosa cáustica disuelta en aguas de Leteo.

Volví a ver hoy al arcángel, en ocasión de mi cuadragésimo cumpleaños. Con un gesto exquisito me trajo mis cuernos de regalo, montados ahora en un hermoso testuz de terciopelo. Instintivamente los coloqué en la cabecera de mi lecho como un símbolo práctico y funcional: de ellos he colgado esta noche, antes de acostarme, tomos mis arreos de juventud.

Juan José Arreola
No. 35, Abril 1969
Tomo VI – Año IV
Pág. 300

Juan José Arreola
No. 119-120, Julio-Diciembre 1991
Tomo XX – Año XXVIII
Pág. 371

Flash


Londres, 26 de noviembre (A.P.). —Un sabio demente, cuyo nombre no ha sido revelado, colocó anoche un Absorsor del tamaño de una ratonera en la salida de un túnel. El tren fue vanamente esperado en la estación de llegada. Los hombres de ciencia se afligen ante el objeto dramático, que no pesa más que antes, y que contiene todos los vagones del expreso de Dover y el apretado número de víctimas.
Ante la consternación general, el Parlamento ha hecho declaraciones en el sentido de que el Absorsor se halla en etapa experimental. Consiste en una cápsula de hidrógeno, en la cual se efectúa un vacío atómico. Fue planeado originalmente por Sir Acheson Beal como arma pacífica, destinada a anular los efectos de las explosiones nucleares.

Juan José Arreola
No. 30, Mayo 1968
Tomo V – Año V
Pág. 573

El último deseo


A Giovanni Papini, experto en balances, liquidaciones y cortes de caja, debemos un reciente escrutinio de la conciencia humana, con saldos más o menos iguales: Giudizio Universale, Florencia, 1957.

En los círculos allegados a su intimidad se ha propagado la especie de que el escritor fue favorecido, en los postreros años de su vida; con trances sobrenaturales que incluyeron visiones beatíficas y recorridos turísticos a través del cielo y el infierno.

En el último desván del universo, dicen las malas lenguas, Papini entrevistó a nuestros primeros padres. Adán y Eva, que están todavía en carne y hueso, han envejecido prodigiosamente y no se acuerdan de nada. Dicen que su única ilusión es que muy pronto ocurra el Juicio Final y la Resurrección de la carne, para que ellos puedan morir a más tardar el día siguiente y ser sepultados en su tierra natal. Por supuesto, quieren tomarse antes una foto de familia, con todos sus descendientes reunidos en el Valle de Josafat.

No debe extrañarnos el hecho de que los editores y biógrafos del ilustre contador italiano se hayan puesto de acuerdo para omitir de sus libros esta anécdota conmovedora y pueril.

Juan José Arreola
No. 30, Mayo 1968
Tomo V – Año V
Pág. 525

(sin título)


Yo señor, soy de Chuluapan, para servir a usted. Le recomiendo que vaya por allá si le gusta tratar con gente franca. Si les cae mal, se lo dicen en su cara y a lo mejor hasta lo matan, pero eso sí, frente a frente. Claridosos, como nosotros decimos. Los chivos, los puercos y las gallinas andan sueltos por la calle pepenando los desperdicios y nadie se los roba, porque allá no hay ladrones. Pero eso sí, como dice el dicho, encierre usted sus gallinas si no quiere que las pise mi gallo.

Juan José Arreola, en “La Feria”
No. 77, Junio 1977
Tomo XII – Año XIII
Pág. 378

La última camiseta


Pertenezco al género confesional. Soy un hombre que siempre busca confidente. Muchas veces a una persona que acabó de conocer le arrojo el tonelaje como un camión de volteo. Quiero morir sin que haya quedado oculta una sola de mis acciones. Entre sacerdotes de la infancia y médicos de la juventud, y amigos y amigas de todas las épocas, está mi vida hasta en lo más vergonzoso. Todavía me queda esta última camiseta… hasta el hueso, pues.

Juan José Arreola
No. 73, Julio-Septiembre 1976
Tomo XI – Año XII
Pág. 784

Duermevela


Un cuerpo claro se desplaza limpiamente en el cielo. Usted enciende sus motores y despega vertical. Ya en plena aceleración, corrige su trayectoria y se acopla con ella en el perigeo.

Hizo un cálculo perfecto. Se trata de un cuerpo de mujer que sigue como casi todas una órbita elíptica.

En el momento preciso en que los dos van a llegar a su apogeo, suena el despertadr con retraso. ¿Qué hacer?

¿Desayunar a toda velocidad y olvidarla para siempre en la oficina? ¿O quedarse en la cama con riesgo de perder el empleo para intentar un segundo lanzamiento y cumplir su misión en el espacio?

Conteste con toda sinceridad. Si acierta le enviamos a vuelta de correo y sin costo alguno, la reproducción del cuadro que Marc Chagall ha pintado especialmente a todo color para los lectores interesados en el tema.

Juan José Arreola
No. 99, Julio-Agosto 1986
Tomo XV – Año XXII
Pág. 485

Cuento infantil


Había una vez un joven militar que amaba la virtud, aunque ahora parece una increíble verdad. Apenas era entonces humilde capitán de las fuerzas revolucionarias que conmovieron a Europa, partiendo del frente popular que derrumbó la bastilla en el curso de una noche indudablemente memorable. Porque ardió en cada una de las antorchas individuales, una esperanza común, esa que sigue latiendo todavía hasta en las almas apagadas por el desencanto, y que se aloja en un sistema de tres palabras elementales, pero muy difíciles de explicar con acciones: Libertad, igualdad, fraternidad.

El muchacho que todavía se sigue llamando Napoleón, amaba la virtud, como dijo naturalmente Goethe, su tradicional enemigo de sangre y fronteras.

Un día, o una noche igualmente inexplicables para todos nosotros los humildes, los oscuros, que repetimos a duras penas unos versos de Víctor Hugo, y que nos formamos o conformamos al ser los últimos miembros de la humana infantería, Napoleón concibió una idea que ahora nos parece inadmisible, en vista de los malos resultados que han dado para la humanidad: la de asumir el poder. Sí, nada menos, la de ser el jefe y el capitán general de todos nosotros. Y la de convertirse de la noche a la mañana en Emperador de todo el mundo, a partir de un pueblo que dio de sí mismo lo mejor que podía darnos: la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad, envueltas en la bandera de su entusiasmo y de su sangre, comúnmente derramados, ya fuera en la herida particular de un héroe desconocido, o en la cabeza coronada de los príncipes del mundo, mediante el acto igualitario, fraterno y único que se vive y padece gracias al artificio cortante de la guillotina, que a todos los libera, de una vez y para siempre ya nos llamemos Luis XVI o Robespierre…

Al ver con ojos limpios y ardientes que por todas partes imperaba el desorden. Napoleón creyó ponerse de buena parte y asumió el poder. Para crear el orden… La moraleja sale sobrando.

Juan José Arreola
No 78, Julio-Agosto 1977
Tomo XII – Año XIII
Pág. 478

La noche del soltero


Allí estaba otra vez don Salva caído en el insomnio, como un sapo en lo profundo de un pozo, golpeándose la cabeza en su almohada de piedra, casándose, y descasándose, enviudando, y volviéndose a casar con todas las muchachas de Zapotlán, con las de ahora y con las que conoció hace mucho, poniéndoles miles de defectos a unas y a otras, quedándose definitivamente solo en su noche de soltero empedernido; deshojando la inmensa margarita de los enamorados infieles, con ésta sí, con ésta no, con ésta tampoco, con aquella Dios me libre, como si las tuviera a su entera disposición, porque saben que es rico y bien parecido… Todas se le entregan y se le desvanecen, pero Chayo se le resiste a las tres de la mañana y el sultán solitario se duerme pensando en ella, allí en su cama angosta con perillas de latón: “Mañana mismo le voy a decir que se case conmigo”

Juan José Arreola
No. 116, Octubre – Diciembre 1990
Tomo XIX – Año XXVII
Pág. 413

Receta casera


Haga correr dos rumores. El de que está perdiendo la vista y el de que tiene un espejo mágico en su casa. Las mujeres caerán como las moscas en la miel.

Espérelas detrás de la puerta y dígale a cada una que ella es la niña de sus ojos, cuidando de que lo oigan las demás, hasta que les llegue su turno.

El espejo mágico puede improvisarse fácilmente, profundizando en la tina del baño. Como todas son unas narcisas, se inclinarán irresistiblemente hacia el abismo doméstico.

Usted puede entonces ahogarlas a placer o salpimentarlas al gusto.

Juan José Arreola
No. 50, Diciembre 1971
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 507

Duermevela


Un cuerpo claro se desplaza limpiamente en el cielo. Usted enciende sus motores y despega vertical. Ya en plena aceleración. Corrige su trayectoria y se acopla con ella en el perigeo.

Hizo un cálculo perfecto. Se trata de un cuerpo de mujer que sigue como todas una órbita elíptica.

En el momento preciso en que los dos van a llegar a su apogeo, suena el despertador con retraso. ¿Qué hacer?

¿Desayunar a toda velocidad y olvidarla para siempre en la oficina? ¿O quedarse en la cama con riesgo de perder el empleo para intentar un segundo lanzamiento y cumplir su misión en el espacio?

Conteste con toda sinceridad. Si acierta le enviamos a vuelta de correo y sin costo alguno, la reproducción del cuadro que Marc Chagall ha pintado especialmente a todo color para los lectores interesados en el tema.

Juan José Arreola
No. 50, Diciembre 1971
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 491

Juan José Arreola

Juan José Arreola (1918-2001) fue un escritor, académico y editor mexicano de origen jalisciense; aficionado también al ajedrez. Nació en Zapotlán el Grande, hoy ciudad Guzmán, el 21 de septiembre; contemporáneo de Yáñez y Rulfo.

            En la segunda edición (1992) de La narrativa contemporánea I se dice que con Arreola “nos enfrentamos a un creador en que él mismo, parece un personaje novelesco, un aventurero a la manera de los conteurs de la palabra y la letra, la palabra que fluye de sus labios, incesante y vertiginosa, transformándolo en el recitador oficial de su pueblo y la letra que como ineluctable imán lo atrae. ‘… En la escuela del señor Aceves se leía mucho. Aparte de la lectura de los libros escolares, el profesor Aceves nos daba una sección semanal a base de libros más avanzados. Recuerdo la claridad, la impresión que me produjo La canción de Rolando, en texto abreviado para niños: todos nos convertimos en caballeros medievales, armados con durandales, joyosas y santaclaras de otate y carrizo…’. Hombre para quien la palabra escrita es el disparadero para una aprehensión de la realidad que es a su vez palabra metamorfoseada.

            Lector insaciable y libérrimo, en 1930 entra a trabajar como encuadernador: ‘De este trato con los libros en cuanto objetos de artesanía, data creo yo, mi amor físico por ellos’.

Realiza todos los oficios posibles, hasta el de tepachero en el puerto de Manzanillo –etapa que sin duda fue dolorosa, pues con inusitada reticencia dice: ‘En el puerto de Manzanillo pasé sólo unos meses, como tepachero, bastante desdichado por cierto, y apenas embellecidos por la presencia del mar’.

Finalmente en 1945 es becado por el Instituto Francés de América Latina, dos años antes había publicado su primer cuento Hizo el bien mientras vivió, que marcará el inicio de su carrera como narrador; a partir de ese momento escribiría una serie de cuentos que revelan su madurez como narrador: Gunther Stanpenhorst (1946), Varia invención (1949), Confabulario (1952), Confabulario y varia invención (1955), Confabulario total (194-1961), La feria (1963), etc.”[1]

En 1948, gracias a Antonio Alatorre, encontró trabajo en el Fondo de Cultura Económica como corrector y autor de solapas. Obtuvo una beca en El Colegio de México gracias a la intervención de Alfonso Reyes. Su primer libro de cuentos Varia invención, apareció en 1949, editado por el FCE. Para 1950, comenzó a colaborar en la colección “Los Presentes”, y recibió una beca de la Fundación Rockefeller.

En 1952 apareció la que muchos consideran su primera gran obra Confabulario. En 1955 fue galardonado con el Premio del Festival Dramático del Instituto Nacional de Bellas Artes. En 1963, año en que recibió el Premio Xavier Villaurrutia, salió a la luz pública otra de sus grandes obras, la novela La feria. En 1964 dirigió la colección “El Unicornio”, y se inició como profesor en la Universidad Nacional Autónoma de México.

En 1969, recibió Presea de Reconocimiento de parte del Grupo Cultural “José Clemente Orozco”, de Ciudad Guzmán. En 1972 se publicó la edición de Bestiario, que completaba la serie iniciada en 1958, con Punta de plata. En 1977, fue acreedor del Premio Nacional de Periodismo de México en divulgación cultural, por su trabajo en Canal 13.

En 1979 recibió el Premio Nacional en Lingüística y Literatura, en la Ciudad de México. Diez años más tarde, se hizo acreedor al Premio Jalisco en Letras (1989). En 1992 participó como comentarista de Televisa para los Juegos Olímpicos de Barcelona, ese mismo año, recibió el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo, que se concede al conjunto de una producción literaria, y se entrega en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. En 1995, recibió el Premio Internacional Alfonso Reyes; y en 1998, el Premio Ramón López Velarde. En 1999, con motivo de su ochenta aniversario, el Ayuntamiento de Guadalajara, le entregó reconocimiento y lo nombró hijo preclaro y predilecto, durante una ceremonia protocolar efectuada en el Hospicio Cabañas en Guadalajara.[2]


[1] Abreu Gómez, Ermilo et. al. La narrativa contemporánea I. Presentación de E. Revueltas, México, Promexa (Gran colección de literatura mexicana), 1992, p 371.

Caballero desarmado

Yo no podía quitarme semejantes ideas de la cabeza. Pero un día mi amigo el arcángel, al doblar una esquina y sin darme tiempo siquiera de saludarlo, me cogió por los cuernos y levantándome del suelo con sinceridad de atleta, me hizo dar en el aire una vuelta de carnero. Las astas se rompieron al ras de la frente (Tour de force magnifique), y yo caí de bruces, cegado por la doble hemorragia. Antes de perder el conocimiento esbocé un gesto de gratitud hacia el amigo que se escapaba corriendo, gritándome excusas.

El proceso de cicatrización fue lento y doloroso, aunque yo traté de acelerarlo lavándome a diario las heridas con un poco de sosa cáustica disuelta en aguas de Leteo.

Juan José Arreola
No. 96, Enero-Febrero 1986
Tomo XV – Año XXI
Pág. 165