Mejor casados

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Ante muchos y eruditos varones, leíase un discurso que Metelo Numídico, hombre en quien se reunían el talento y la palabra con la gravedad del carácter, dirigió, durante su censura, al pueblo romano sobre la cuestión del matrimonio, para exhortar a los ciudadanos a que tomasen esposas. En este discurso se encuentra el siguiente párrafo: “Romanos: si pudiésemos prescindir de esposas, seguramente ninguno de nosotros querría echar sobre sí semejante carga; pero ya que la naturaleza ha dispuesto de tal suerte las cosas, que no se puede ni vivir bien con una mujer, ni vivir sin mujer, aseguremos la perpetuidad de nuestra nación antes que la bienandanza de nuestra corta vida”.

Aulo Gelio
No. 25, Agosto 1967
Tomo IV – Año IV
Pág. 695

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Mujer cara

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Lais la Corintia, cuya elegancia y belleza era famosas, obtenía mucho provecho del comercio de sus perfecciones: los hombres más opulentos acudían a su casa desde todos los puntos de Grecia; pero no se les admitía hasta después de haber pagado el precio que ella misma fijaba, siendo muy exigente en estas peticiones… Un día fue secretamente Demóstenes a su casa y solicitó sus favores. Lais pidió diez mil dracmas, o un talento, lo que hace diez mil denarios de nuestra moneda. Confundido Demóstenes por el descaro de aquella mujer, asustado por la magnitud de la cantidad, se retiró en seguida, y dijo al marcharse; “No quiero comprar tan caro el arrepentimiento”

Aulo Gelio, en Noches Áticas
No. 5, Septiembre 1964
Tomo I – Año I
Pág. 65

Carneades y el eléboro

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“El académico Carneades, antes de escribir contra las doctrinas de Zenón el estoico, purgó la parte superior de su cuerpo con eléboro blanco, a fin de evitar que los humores corrompidos de su estómago, elevándose hasta el asiento del alma, alterasen el vigor de su espíritu. He aquí como este pujante talento se preparaba para combatir los escritos de Zenón. He leído este rasgo en una historia griega, y me he preguntado qué es el eléboro blanco; entrándome de que hay dos especies de eléboro, el blanco y el negro… El eléboro blanco purga el estómago y la parte superior del vientre, provocando vómitos. El eléboro negro purga la parte interior del vientre. Uno y otro tienen la virtud de desprender humores nocivos, origen de las enfermedades…, puede tomarse con toda seguridad el eléboro en la isla de Anticira, según asegura Plinio Segundo en su Historia Natural.”

Aulo Gelio, en “Noches Áticas”
No. 1, Mayo 1964
Tomo I – Año I
Pág. 90

Aulo Gelio

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Aulo Gelio

(ca.129 – ca.180 d.C.).

Escritor, juez y erudito latino del siglo II d.C, autor de una obra miscelánea en prosa, en 20 libros, con el título de Noctes Atticae (Noches Áticas). La mayor parte de los datos biográficos que se poseen proceden de su propia obra. Hay indicios de que nació en África, aunque pasó la mayor parte de su vida en Roma. Recibió una esmerada educación en Roma (VII 6, 12): estudió literatura con el gramático cartaginés Sulpicio Apolinar (XIII 18, 2-3) y retórica con Antonio Juliano (I 4, 1). Conoció a Frontón (XIX 8) y al neosofista Favorino (XVI 3, 1). Pasó al menos un año en Atenas (XII 11, 1), donde completó su formación como discípulo del filósofo platónico Calveno Tauro y con el cínico Peregrino, viviendo relajadamente como estudiante y turista; allí visitó a Herodes Ático, gran figura del momento (XIX 12, 1) y fue espectador de los Juegos Píticos, probablemente en agosto del 147. De resultas de su espíritu abierto a las nuevas tendencias intelectuales de la época y de su aprendizaje con tantos y tan grandes maestros, adquirió una extensa cultura. A su regreso de Atenas actuó como juez en pleitos privados (XII 13, 1; XIV 2, 1), aunque en su obra revela más interés por las leyes como erudito anticuario que como juez profesional. Se casó y tuvo hijos. Se dedicó a la literatura como escritor aficionado.

Las Noches Áticas

Es la única obra conservada de Gelio. Su título alude a las veladas (o ‘noches’) intelectuales del autor durante su estancia en Atenas. Consta de un prefacio y de 20 libros, pero se han perdido el inicio del prefacio, el final del libro 20 y el libro 8 entero (salvo los títulos de sus capítulos). Gelio cuenta en el prefacio que concibió y comenzó su obra durante su estancia de estudios en Atenas (de ahí el título), cuando por las noches tomaba apuntes de sus lecturas o audiciones, pero que completó el proyecto 30 años más tarde, como un instructivo pasatiempo para sus hijos. Cada libro, salvo el 19, se divide a su vez en capítulos cortos (no suelen exceder de dos páginas en las ediciones modernas), hasta un total de 383, que tratan sobre la más diversas materias: filosofía, historia, leyes, medicina, aritmética, geometría y astrología, pero especialmente sobre gramática en su acepción antigua, que incluía la literatura y la crítica textual, además de la lingüística propiamente dicha.

Las Noches Áticas se inscriben, pues, en el género de la miscelánea erudita, como escritos anteriores con el título de Silvae, o como el Pratum de Suetonio (hoy perdido) o la obra de Valerio Máximo; posteriormente, hacia el 200 Ateneo escribiría en griego una obra comparable, el diálogo Deipnosofístas. El criterio de exposición es la variedad o poikilía, con objeto de mantener vivo el interés del lector. El propio Gelio confiesa en su prefacio que prefiere una ordenación azarosa y casual: “usi sumus ordine rerum fortuito” (he aplicado un orden fortuito a la materia). En la exposición, y siempre en aras de la amenidad, a veces recurre al diálogo y a la dramatización. Las dramatizaciones son generalmente ficticias, aunque situadas en emplazamientos familiares para Gelio, y protagonizadas por personajes reales (amigos y maestros del autor)[1].