Escape imposible

Soñó una torre y en la torre una doncella. Soñóse entrando cauto por los oscuros ámbitos, hasta llegar al húmedo centro de todos los deseos. Gozaba la tierna entrega de la joven cuando el padre de ésta, erguido de furia y cegado ante la mancha caída sobre su honor, apareció en la puerta, puñal en mano. Quiso entonces el soñador despertarse, más el anciano, con calma terrible y el puñal dispuesto al ataque, dijo: “Nadie puede escapar de un sueño”.

Y descargó el golpe.

Federico Patán
No. 85, Enero-Febrero 1981
Tomo XIII – Año XVI
Pág. 529

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Federico Patán

Federico Patán (España, 1937) reside en México desde 1939. Desde 1969 es profesor de Literatura Inglesa enla Universidad Nacional de México. Obtuvo el Premio Xavier Villaurrutia (1986) por Último exilio y el Premio Universitario ala Creación yla Difusión dela Cultura (1994) y  el premio José Fuentes Mares (2006), por Encuentros. Ha colaborado con Ciencia, Arte, Cultura (Instituto Politécnico Nacional), Revista dela Universidad de México, Revista del Colegio de Bachilleres, Los Universitarios, Apuntes, Thesis, Vida Universitario (Nuevo León), Anuario de Historia, Anglia, Revista de Bellas Artes, El Faro, Casa del Tiempo, Diálogos, Plural, El Cuento, Revista Mexicana de Cultura, Sábado, El Gallo Ilustrado, El Día y El Impulso (suplemento cultural, Venezuela).

            Entre su obra publicada encontramos, poesía: Del oscuro canto (1965), Los caminos del alba (1968), Fuego lleno de semillas (1980), A orillas del silencio (1982), Del tiempo y la soledad (1983), Imágenes (1986), Dos veces el mismo río (1987), El mundo de Abel Caínez (1991), Umbrales (1992), Arboles hay y ríos (2000), Es el espejo un agua rigurosa (2008); cuento:  Nena, me llamo Walter (1986), En esta casa (1987), Encuentros (2006); novela: Último exilio(1986), Puertas antiguas (1989), El rumor de la sangre (1999), Esperanza(2001) y Casi desnudo (2008). Asimismo, ha publicado libros de ensayo y traducciones.[1]

Anti-historia

Buscando demostrar que el mundo era redondo, partió en breve nave a un largo recorrido. Un viento propicio lo empujaba, de modo que en un tiempo prudente llegó al umbral de las respuestas. Allí, la nave precipitose en el vacío. Los sabios ocultaron la muerte del héroe.

Federico Patán
No. 85, Enero-Febrero 1981
Tomo XIII – Año XVI
Pág. 522