Flavio Hugo Rubalcaba Márquez

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Flavio Hugo Rubalcaba Márquez

Flavio Hugo Ruvalcaba Márquez es mexicano y licenciado en Derecho. Ha cultivado los géneros de novela, cuento, ensayo, poesía y crónica cultural. Es autor de las novelas El descanso del cambio, Las alas del árbol y La purísima desnudación de las notadas. La crónica cultural se ha reunido en la obra La lupa de Dalí. Su tesis doctoral se denomina Los dogmas y tabúes como fuentes del Derecho. Ha publicado poesía bajo el título La hebra en la tela[1].

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Un azul que se mueve

Udrenio Sarube, de oficio buscador de visiones, una tarde recibió la carta de una vieja que nunca habría de conocer. En ella leyó: si quieres columpiar tus ojos en un azul que se mueve, busca el barril de las siete medidas debajo de la cruz que aquí señalo. Si tienes éxito en tu búsqueda, guárdate de tocar lo que mires.

Al día siguiente, sin dudar un instante, partió hacia el lugar referido, llevando en sus aperos todo lo necesario para encontrar, abrir y transportar toneles. En medio de un desierto cuidado por espinas, serpientes, resequedades y unas cuantas caracolas marinas enterradas, dando trece pasos desde un mirador de piedras hacia el sur, halló, después de nueve días de sol abrasante y de fatiga porosa, el sitio marcado. Sin descansar un minuto se entregó a la tarea de buscar el tonel prometido. Dos días y dos noches extrajo del suelo toneladas de arena, tierra, piedra. Por fin, al tercer día quedó al descubierto un tonel de roble apolillado y de siete cinchos de metal herrumbroso. Ebrio de gusto y ansiedad, sin subir el hallazgo a la superficie, con un tirón de hierro le quitó la tapa. Limpiándose la arena de los ojos pudo ver el misterio escondido: dentro de aquel recipiente oloroso a milenios se batían con suavidad las olas de un mar infinito y azul en el que agitaban el aire con alas membranosas y picos dentados animales gigantescos y desconocidos. Ante ese miraje reservado para él por el hado poderoso, Urdenio no pudo contenerse más, y olvidando el consejo de la vieja de un salto cayó en las aguas refrescantes del barril encantado.

Mucho tiempo después pasó por el lugar un gambusino que inútilmente buscaba salida del desierto. Al asomarse al tonel, que aún permanecía dentro del hoyo, sólo vio un puñito de sal.

Flavio Hugo Rubalcaba Márquez
No. 103 – 104, Julio – Diciembre 1987
Tomo XVI – Año XXIII
Pág. 267