Tomás de Mattos

Tomás de Mattos

Tomás de Mattos Hernández

(Montevideo, 14 de octubre de 1947)

 

Es un escritor, columnista y abogado uruguayo, autor de cuentos y novelas, entre las que figuran ¡Bernabé, Bernabé! y La puerta de la misericordia.

Nacido en Montevideo, se radicó desde sus primeros días en Tacuarembó, donde en la década de 1960 integró el llamado Grupo de Tacuarembó, al que pertenecían una gran cantidad de artistas de distintos géneros de ese departamento. Entre ellos se encontraban Eduardo Milán, Numa Moraes, Eduardo Darnauchans, Eduardo Larbanois, Carlos da Silveira, Eduardo Lago, Julio Mora, Enrique Rodríguez Viera, Víctor Cunha, Washington Benavides y Carlos Benavides.

Su novela ¡Bernabé, Bernabé!, sobre la muerte de Bernabé Rivera luego de la Matanza del Salsipuedes, fue distinguida en Uruguay con los premios «Bartolomé Hidalgo» y del Ministerio de Educación y Cultura en 1988.

En 2002 se editó su novela La puerta de la misericordia, una recreación del relato bíblico sobre la vida de Jesús.1 En 2010 publicó El hombre de marzo. La búsqueda, novela histórica sobre la vida de José Pedro Varela.2

Fue director de la Biblioteca Nacional de Uruguay, entre 2005 y 2010.

Es académico emérito de la Academia Nacional de Letras del Uruguay y columnista de la revista semanal Caras y Caretas[1].

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La tortura de Satanás

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Cuando al fin pude llegar a la alcoba de Satanás, me sorprendí. Las paredes lucían algo como una pana roja, y los bordados de oro eran frecuentes y hasta aburridores. La cama tenía un colchón sin duda mullido, y las sábanas estaban tan almidonadas que no me dejaron ver ninguna de las formas de una mujer de cara perfecta. Pese al resplandor rojizo que se filtraba por las ventanas, allí nadie sudaba ni sentía necesidad de ventiladores o de bebidas refrescantes. Satanás era rubio, casi albino y hermoso.

—Pero, ¿no sufrís? – protesté sin temor, porque yo no tengo nada que temer. Se incorporó, abandonó su cigarrillo en un cenicero y me dijo que sí, que sufría. Al rato se fue si un apuro, dueño de su tiempo.

Decidí preguntarle a la mujer.

Ella permaneció de espaldas, se desperezó, me mostró una axila entalcada que parecía una telaraña, y cuando ya creía que se había quedado dormida, me respondió:

—Nada… Tener que ser Satanás

Tomás de Mattos
No. 14, 1965
Tomo III – Año II
Pág. 53