A mis zapatos

Y yo contemplaba cuidadosamente mis zapatos como si estos hubiesen desarrollado un afecto especial para mí, como si de noche, a falta de mis pies, se sintieran fríos y solos. No sé cuántas veces, bajo el efecto estridente de la hora de comer, me he mofado de sus suelas grises, pobrecillas, que han conocido la humillación constante de la ciudad. Y pensar que parecen inexpertos, quizá insignificantes: recién nacidos en día de lluvia… Al día siguiente son espejos y otro más y son alondras. Y sin embargo son siempre mis zapatos, saludándome en la piecera de los días, reconociéndome paso a paso, lamiéndome los pies, fieles cachorros apátridas y huérfanos. Ahora se inclinan sobre mí, acariciándome, pidiéndome un poco más de cariño, ahora lanzan pequeños gemidos rítmicos. Las agujetas son sus lenguas o sus brazos que se aferran a la seguridad de Yocaminando o de Yoparada o Yocontemplándolos, una mañana de niebla como hoy. Y ellos me sonríen temerosos desde su estante indescifrable. En más de alguna ocasión ha habido quien los evoque como esclavos a ras del piso, como pobres… como los que lloran paso a paso de la vida. Pero son mis zapatos. Y me lamen los pies.

Beatriz Álvarez K.
No. 68, Enero-Marzo 1975
Tomo XI – Año XI
Pág. 165

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