25— Homenaje a Edmundo Valadés en la revista e-Kuóreo.

20 años sin Valadés en Ekuoreo

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Homenaje a Edmundo Valadés

A finales de los años setenta, cuando éramos estudiantes universitarios, conocimos la revista El cuento, dirigida por Edmundo Valadés desde México. En ese tiempo ya habíamos empezado a publicar Ekuóreo, revista de minicuentos, y estábamos definiendo su contenido editorial. El cuento, de alguna forma, iluminó ese camino.

Lo que aprendimos del maestro Valadés, con sus comentarios o la publicación de cartas de lectores, al principio de la revista, es que teníamos que leer muchos cuentos para aprender a escribir cuentos.

Años después, en una entrevista, Edmundo Valadés aseveró que Ekuóreo había sido la primera revista especializada en minicuentos en Latinoamérica. Esto despertó la curiosidad de Carlos Paldao, editor de la Revista interamericana de bibliografía (RIB) de la OEA, que a través de un encuentro en Europa entre la española Francisca Noguerol y el colombiano Henry González Martínez pudo constatar que Ekuóreo no había sido un invento de Valadés. Paldao publicó en 1996 un número especial de la RIB (el Vol. XLVI, No. 1-4) en el que la revista Ekuóreo salió por fin de su fase mítica y se instauró en la realidad de las bibliografías.

Nuestra deuda con el maestro Valadés es, por tanto, grande, y a los 20 años de su muerte  queremos rendirle este pequeño pero agradecido homenaje.

 

La incrédula

Sin mi mujer a mi costado y con la excitación de deseos acuciosos y perentorios, arribé a un sueño obseso. En él se me apareció una, dispuesta a la complacencia. Estaba tan pródigo, que me pasé en su compañía de la hora nona a la hora sexta, cuando el canto del gallo. Abrí luego los ojos y ella misma, a mi diestra, con sonrisa benévola, me incitó a que la tomara. Le expliqué, con sorprendida y agotada excusa, que ya lo había hecho.

—Lo sé —respondió-, pero quiero estar cierta.

Yo no hice caso a su reclamo y volví a dormirme, profundamente, para no caer en una tentación irregular y quizás ya innecesaria.

 

¿Por qué?

En el sueño, fascinado por la pesadilla, me vi alzando el puñal sobre el objeto de mi crimen.

Un instante, el único instante que podría cambiar mi designio y con él mi destino y el de otro ser, mi libertad y su muerte, su vida o mi esclavitud, la pesadilla se frustró y estuve despierto.

Al verme alzando el puñal sobre el objeto de mi crimen, comprendí que no era un sueño volver a decidir entre su vida o mi libertad, entre su muerte o mi esclavitud. Cerré los ojos y asesté el golpe.

¿Soy preso por mi crimen o víctima de un sueño?

 

La marioneta

El marionetista, ebrio, se tambalea mal sostenido por invisibles y precarios hilos. Sus ojos, en agonía alucinada, no atinan la esperanza de un soporte.

Empujado o atraído por un caos de círculos y esguinces, trastabilla sobre el desorden de un camerino, eslabona angustias de inestabilidad, oscila hacia el vértigo de una inevitable caída. Y en última y frustrada resistencia, se despeña al fin como muñeco absurdo.

La marioneta –un payaso cuyo rostro de madera asoma, tras el guiño sonriente, una nostalgia infinita- ha observado el drama de quien le da transitoria y ajena locomoción. Sus ojos parecen concebir lágrimas concretas, incapaz de ceder al marionetista la trama de los hilos con los cuales él adquiere movimiento.

 

Final

De pronto, como predestinado por una fuerza invisible, el automóvil respondió a otra intención, enfilado hacia imprevisible destino, sin que mis inútiles esfuerzos lograran desviar la dirección para volver al rumbo que me había propuesto.

Caminamos así, en la noche y el misterio, en el horror y la fatalidad, sin que yo pudiera hacer nada para oponerme.

El otro ser paró el motor, allí en un sitio desolado.

Alguien que no estaba antes, me apuntó desde el asiento posterior con el frío implacable de un arma. Y su voz definitiva, me sentenció.

—¡Prepárate al fin de este cuento!

 

Pobreza

Los senos de aquella mujer, que sobrepasaban pródigamente a los de una Jane Mansfield, le hacían pensar en la pobreza de tener únicamente dos manos.

 

Sueño

Sentada ante mí con las piernas entreabiertas, columbro la vía para cumplir mi sueño de cosmonauta: arribar a Venus.

 

Memoria

Cuando alguien muere, sus recuerdos y experiencias son concentrados en una colosal computadora, instalada en un planeta invisible. Allí queda la historia íntima de cada ser humano, para propósitos que no se pueden revelar.

Enfermo de curiosidad, el diablo ronda alrededor de ese planeta.

 

 


 

 

 

ekuoreo historia

La historia de e-Kuóreo y descripcción y textos de cada uno de sus números la puede investigar en este blog. Haga clik en la imagen

 

EKUÓREO: Siendo estudiantes de literatura, Harold Kremer y Guillermo Bustamante Zamudio inventaron y sostuvieron una mini-revista de minicuentos: Ekuóreo. Diez años después, el maestro Edmundo Valadés habló de ese juego como una publicación especializada en recoger minicuentos. Quince años después, los editores recibieron una llamada de la OEA, pues no podían publicar su número de la Revista interamericana de bibliografía, dedicado al microrrelato, sin una reseña de ese trabajo. «Si hubiéramos sabido que Ekuóreo iba a ser famosa, la habríamos hecho más bonita», se lamentaba Kremer.

   Efectivamente —como dice Raúl Brasca, en la tercera entrega de sus antologías de minicuento (Dos veces bueno 3)—, Ekuóreo es «una mítica revista literaria colombiana, la primera en Latinoamérica dedicada exclusivamente a la minificción» (Buenos Aires: IMFC, 2002. p.5). Lo de “primera en Latinoamérica” puede ser una exageración, pues tal vez es la primera en el mundo; y lo de “mítica” sí que es justo, pues con el auge del género y, en consecuencia, con el auge de los estudios sobre esa forma literaria, Ekuóreo se volvió de reiterada mención (ver…), pero por su forma de aparición, por su formato, porque siendo jóvenes ellos no sabían que eran precoces, no tenía registro ISSN; al principio ni siquiera tenía fecha. Por ser “literatura volante” —como diría Juancarlos Moyano en un artículo en el periódico El excelsior de México (de próxima aparición aquí)— no ha anidado en las maneras tradicionales de reseñar las publicaciones periódicas, ni incluso en las maneras habituales de guardarlas en las bibliotecas.

Más de veinte años después, entonces, se hace la historia de la primera época de la revista: se relata el proceso, se reseñan las fuentes de los textos y de las ilustraciones —en la medida de lo posible—, se reproducen todos los relatos publicados y facsímiles de todas las entregas, se revelan secretos y se hunde en el misterio cosas que parecían claras, se introduce un índice alfabético de los autores publicados y una bibliografía de minicuentos, sobre el minicuento y otros asuntos…

Foto Kremer 3

Semblanza y textos de Harold Kremer en El Cuento revista de imagnación. Haga click en la foto.

 

HAROLD KREMER. (1955). Nació en Buga, Colombia, en 1955, y vive en Cali desde siempre y para siempre. Profesor de la Universidad del Valle y cofundador en 1980 de Ekuóreo, la primera revista hispanoamericana de minicuento, se ha dedicado con asombroso empeño a la investigación del cuento como género. Ha publicado con Guillermo Bustamente Zamudio Los minicuentos de Ekuóreo y Colección de cuentos colombianos.

Con una larga lista de  publicaciones y premios se confirma su dominio del oficio.

Triunfo Arciniegas dice: La lectura es una pasión que se refina con los años. Hay autores que definitivamente no volveré a leer, hay libros que se caen en la primera página, hay escritores cuya escritura echa a perder el más preciado tema, pero Kremer se mantiene sorpresivo y fresco, digno de numerosas lecturas. Y en una casa repleta de libros, los suyos permanecen al alcance de la mano en la mesa de noche.

         En el prólogo de La noche más larga (1984), el novelista Fernando Cruz Kronfly escribe sobre el mármol unas preciosas y precisas palabras de absoluta vigencia: “Harold Kremer, el autor, es una de esas personas que parecen no interesarse por saber en qué consiste o dónde queda exactamente la línea divisoria entre la literatura y la vida…  un narrador serio, sin afanes ni aspavientos… un trabajador solitario y hasta entristecido, que sabe perfectamente bien en qué consiste el inmenso valor de lo imaginario y de la ficción, … Y que conoce, igualmente bien, la regla de oro de la literatura según la cual el único compromiso del escritor consiste en hacerlo bien, con originalidad pero sin ignorar lo mejor de los avances culturales universales”.

A pesar de los premios, de los periódicos y las revistas que han destacado sus cuentos, de las traducciones al alemán, el inglés, el hebreo y el portugués, Harold Kremer todavía es un escritor secreto. Un secreto que no debemos mantener, para dicha de todos. Ya es hora de que una gran editorial remedie el asunto.

Triunfo Arciniegas,Pamplona, 2011[1]

 

Foto Memo

GUILLERMO BUSTAMANTE ZAMUDIO. (1958). Nació en Cali, Colombia. Es licenciado en Literatura e Idiomas y Magíster en Lingüística y Español. En 2002, obtuvo el Premio Isaacs con su libro Convicciones y otras debilidades mentales y en 2007, su libro Roles ganó el Tercer Concurso Nacional de Cuento de La Universidad Industrial de Santander. Junto a Harold Kremer, ha sido un cultor del minicuento en Colombia a través de la fundación y dirección de la revista Ekuóreo y las antologías Antología del cuento corto colombiano, Los minicuentos de Ekuóreo y Segunda Antología del cuento corto colombiano. Ha publicado los libros de microrrelatos, Oficios de Noé, en 2005; Libro sobre microcuento, en 2008; escrito a dos manos con Harold Kremer y Ekuóreo: un capítulo del minicuento en Colombia, en 2008. Varios de sus cuentos componen antologías de microrrelatos en Colombia e Hispanoamérica.[2]

 

Foto Ficher 1

HENRY FICHER. (1960) Nació en Miami Beach. De padres judeo-cristianos, llegó a Colombia gracias a las peripecias de su padre, donde se instaló en Cali hasta los 22 años. A los 19 años conoció a Harold Kremer y Guillermo Bustamante cuando la legendaria revista Ekuóreo empezaba sus publicaciones. En esos años comenzó a escribir minicuentos, de los cuales dos fueron publicados en la revista. Juntos realizaron el primer concurso nacional de minicuentos. Durante ese breve período fue miembro del comité de dirección.[3]

[1] http://eltriunfodearciniegas.blogspot.mx/2011/04/harold-kremer-un-escritor-secreto.html

[2] http://revistamicrorrelatos.blogspot.mx/2010/10/breve-entrevista-guillermo-bustamante.html

[3] http://revistamicrorrelatos.blogspot.mx/2011/04/breve-entrevista-henry-ficher.html

 

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Espejo


Cuando usted sale de su casa obsesionado con la idea de comprarse un espejo, se puede decir que ha dado por vez primera un gran paso en su vida. Pero si a más de dicha decisión descubre que no sea un espejo cualquiera, sino uno especial que se adapte a su temperamento, a su carácter y a su figura, se podría decir que usted sabe lo que quiere de la vida. Y si después de recorrer toda la ciudad, de pronto se descubre en un viejo barrio judío discutiendo el precio de un insignificante y carcomido espejo, usted pensará que la vida y el destino han sido pródigos al brindarle esa oportunidad. Y si al llegar a su casa con el espejo se va directamente al baño, lo cuelga, lo cuadra y luego se mira durante un largo instante en él, tratando de encontrar su imagen que no aparece por ningún lado, entonces usted tendrá que aceptar la realidad de su muerte.

Harold Kremer
No. 99, Julio-Agosto 1986
Tomo XV – Año XXII
Pág. 504

Mutación


Yo no quería venir a pedirle que se callara. Desde mi habitación alcancé a oír sus gritos y golpes y me dije que estaba en todo su derecho. A veces suceden cosas como éstas. A lo mejor usted ha tenido un sueño de aquellos de los que nunca queremos despertar, ya que al hacerlo encontramos otra vez la melancólica realidad en nuestra habitación. Nos atrevimos a entrar porque los gritos parecían por fuera de lo normal. Ha sido difícil romper la cerradura y luego invadir su habitación, pero cuando vimos el desorden tuvimos el suficiente coraje para entrar. Le repito: está en su derecho y nadie puede impedirle que grite. Usted, estoy casi seguro, cree que no puede dejar escapar de sus manos aquella imagen tan bella y placentera que acaba de soñar, pero desafortunadamente su sueño ha culminado y nosotros, algunos sin afeitar, somos la realidad junto con su pierna amputada. Su muleta está a un paso de usted, al lado de la cama.

Harold Kremer
No. 97, Marzo-Abril 1986
Tomo XV – Año XXI
Pág. 256

Espejo


Cuando usted sale de su casa obsesionado con la idea de comprarse un espejo, se puede decir que ha dado por vez primera un gran paso en su vida. Pero si a más de dicha decisión descubre que no desea un espejo cualquiera sino uno especial que se adapte a su temperamento, a su carácter y a su figura, se podría decir que usted sabe lo que quiere de la vida. Y si después de recorrer toda la ciudad, de pronto se descubre en un viejo barrio judío discutiendo el precio de un insignificante y carcomido espejo, usted pensará que la vida y el destino han sido pródigos al brindarle esa oportunidad. Y si al llegar a su casa con el espejo se va directamente al baño, lo cuelga, lo cuadra y luego se mira durante un largo instante en él, tratando de encontrar su imagen que no aparece por ningún lado, usted tendrá que aceptar la realidad de su muerte.

Harold Kremer
No. 100, Septiembre-Diciembre 1986
Tomo XV – Año XXII
Pág. 671

Harold Kremer

Harold Kremer (Colombia, 1955).

La creación de la Revista Ekuóreo fue para Harold Kremer el inicio de una intensa actividad literaria dedicada a la escritura e investigación del cuento como género. En 1980, junto a su compañero, Guillermo Bustamante publicó Ekuóreo, revista dedicada al minicuento latinoamericano; de manera inesperada el proyecto se convirtió en la  publicación más seria y completa de la microficción en Colombia. Lo que en apariencia era una revista universitaria más, trascendió hasta ser una fuente de consulta obligatoria para quienes deseaban conocer sobre el tema. Esto marcaría profundamente el trasegar literario del bugueño, que a pesar de tener una pasión desde niño por reescribir su historia, tuvo que trabajar algún tiempo para culminar su primer relato La noche más larga.

El minicuento colombiano encuentra en Harold Kremer -sin temor a equivocarnos- a su mayor exponente; no sólo por su manejo en las técnicas narrativas, elemento que constituye una de sus grandes obsesiones y experticia, también por lo polifacético de sus temáticas: lo urbano, lo fantástico, lo onírico, la guerra y una intensa exploración por las pasiones humanas. El minicuento es el campo de trabajo por excelencia donde sus herramientas fundamentales son la precisión y la economía del lenguaje, esta fijación por las formas no limita su escritura, por el contrario su literatura es un rico resultado de un arduo trabajo con la palabra, frente a esto el escritor nos dice:

“El minicuento es cercano al cuento y la poesía.  Del  primero toma la brevedad, la tensión, la armonía y la dedicación a un solo asunto o tema. Esta brevedad, que implica necesariamente la totalidad de una forma narrativa del relato, en la que también está presente un lenguaje preciso, sin ripios, es llamada modernamente minimalismo y consiste en que el minicuento debe ser capaz de expresar, a través de lo mínimo, la infinita complejidad del ser humano.”

Harold Kremer ha publicado desde el 2004 cuatro libros de cuentos. Su carrera literaria ha sido premiada en diversas oportunidades con reconocimientos nacionales y también siendo compilado en diversas antologías de cuento. Sus relatos aparecen en importantes revistas culturales y su investigación es consultada por los estudiosos de la microficción. El escritor ha incursionado en la crónica dirigiendo varios talleres de escritura en las universidades ICESI y LIbre de los que han resultado tres libros donde Harold aparece como director y compilador.

Los universos construidos por el escritor bugueño son una provocación para el lector, su cuentística es todavía un campo inexplorado donde el otro puede encontrarse personificado en las breves líneas que componen sus relatos:

“El minicuento, para acercarse a su naturaleza minimalista, debe apoyarse en elementos implícitos, más que explícitos, para disparar evocaciones e imágenes comunes a todos los seres humanos. Es decir: el lector es obligado a participar en la construcción de la historia utilizando, muchas veces, sus propias vivencias.”

La profusa obra de Harold es materia en constante construcción, las palabras toman un sentido a partir de esa precisión con la pluma, un cuento es una historia donde todas sus partes concatenadas perfectamente hacen que se mueva y funcione y esto lo maneja Kremer con maestría.[1]

En 1985 publicó el libro La noche más larga, ganador del Premio Nacional de libro de cuentos de la universidad de Medellín. En 1989 apareció su libro de cuentos Rumor de mar. Ha sido ganador de varios concursos en Colombia. Ha publicado algunas antologías de cuento, entre ellas la Selección del cuento colombiano (Cali, 1981); Antología del cuento vallecaucano (Cali, 1992); Antología del cuento corto colombiano (Coautor, Cali, 1994); Los minicuentos de Ekuóreo (Coautor, Cali. 2003); Colección de Cuentos Colombianos (Cali. 2002) y el libro Segunda antología del cuento corto colombiano (Coautor, Bogotá. 2007).

Ha sido incluido en varias antologías, entre ellas, La horrible noche (Relatos de violencia y guerra en Colombia, Bogotá, 2001), en el libro Und Träumten Vom Leben –Erzählungen Aus Kolumbien– (Alemania, 2001), en el libro Dos veces bueno, 3 (Buenos Aires, 2002), en La Minificciónen Colombia (Bogotá, 2002), en el libro Cuentos de fantasmas (Bogotá, 2003), en el libro Hören Wie die Hennen Kräen (Alemania, 2003), en Cuentos sin cuenta (Cali, 2003), en el libro Un siglo de erotismo en el cuento colombiano (Medellín, 2004), en el libro Narradores sin frontera (27 cuentistas hispanoamericanos en Norteamérica, Cali, 2004), en el libro Ciempiés, los microrrelatos de Quimera (Barcelona, 2005), en el libro Cuentos y relatos de la literatura colombiana (Bogotá, 2005) y en el libro Microrelatos en el mundo hispanoparlante (Argentina, 2006). En el año 2005 se publicó el libro Una botella de ron pa´l Flaco (crónicas caleñas de estudiantes del Taller de crónica que dirige en la universidad Icesi, Cali). Luego apareció Sueños derribados (crónicas de Salud Pública escritos por estudiantes de Medicina dela Universidad Libre-Calien el Taller de Crónica que dirige. Julio de 2008). Se publicó, también, el libro El cinturón de fuego (crónicas caleñas de estudiantes del Taller de crónica que dirige en la universidad Icesi, Cali. Octubre de 2008).

En el año 2004 publicó el libro de cuentos El enano más fuerte del mundo y el libro de minicuentos El combate. En el 2005 publicó el libro de cuentos El prisionero de papá. Es fundador de la Red Nacional de Talleres (Renata) de creación literaria del Ministerio de Cultura de Colombia.[2]

Mediodía

La isla a mediodía es insoportable. El calor y la humedad de la celda calan los huesos. Todos los habitantes estamos en un sopor que dura hasta las tres de la tarde cuando ha descendido un poco el sol. Esa es la hora escogida por el alcaide para las ejecuciones. Desde mi ventana alcanzo a divisar parte del camino que recorren los condenados. Generalmente son dos los que avanzan, custodiados por diez guardianes. Aquí nadie se preocupa por eso y hasta los mismos condenados parece que facilitan la labor de los verdugos. Algunos dicen que son criminales peligrosos con más de cinco muertos encima. Llegan hasta los acantilados y allí los fusilan. Luego los tiran al mar para cebar los tiburones que rodean la isla. Cuando los guardianes regresan me siento nuevamente a escribir. Sé que algún día vendrán a llevarme a pasear y que desde mi ventana me veré en dirección a los acantilados de la muerte y que otro recluso forjará la ilusión de que soy un criminal peligroso con más de cinco muertos encima.

Hardold Kremer
No. 96, Enero-Febrero 1986
Tomo XV – Año XXI
Pág. 200