La mosca y la mirada

Ahora la mirada del autor se posa sobre la mosca, que frota sus manos como satisfecha por la feliz conclusión de un buen negocio.

Previsiblemente la mosca levanta el vuelo y, liviana, contradictoria, cambia de rumbo con trayectoria de mosca, inexplicable para el entendimiento humano. Tan inexplicable que ignora —la mosca— el cuerpo de la magnífica rubia que yace sobre la alfombra. Tampoco —sigue la mosca— el leve movimiento de la persiana de juncos, algo que inquieta al autor porque sospecha —el autor— que el criminal sigue ahí, escondido. Pero el insecto duda, ahora, entre el frasco de mermelada de frambuesas y un palo de salchichas con chucrut. El autor, quien aún no ha cenado, demora sus ojos un instante sobre el plato de salchichas, el instante preciso en que él —el autor— aparece recortado en la mira de una brillante Smith y Wesson plateada.

Cuando la mosca se decidió por la mermelada fue que estalló el disparo.

Horacio J. Godoy
No. 123-124, Julio-Diciembre 1992
Tomo XXI – Año XXIX
Pág. 207

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