Extraño parentesco


El rey Mahabal gobernaba una ciudad del Sur, llamada Dhurumpoor. Cierta vez, el gobernante de un país vecino invadió las tierras de Mahabal, forzándolo a huir con su mujer e hija hacia la jungla. El rey Mahabal vagó largas distancias antes de llegar a un villorrio. Dejó a su reina y princesa sentadas bajo un árbol, mientras iba al pueblo en busca de comida.

No había llegado al poblado apenas, cuando una banda de bihls o merodeadores de la montaña, cayeron sobre él rodeándolo. El jefe de ellos ordenó al rey que rindiera sus armas. Este replicó asalteando a los bandidos con docenas de sus flechas. Los bihls respondieron inmediatamente regresando los proyectiles. Finalmente una de las flechas de los bihls golpeó la frente del rey con tal fuerza que éste vaciló y cayó, con lo que los malhechores se apresuraron a cortar la cabeza del soberano.

La muerte del rey hizo que la reina y la princesa huyeran a la selva, donde dieron rienda a su pena golpeándose el pecho y llorando a gritos. Exhaustas y aterradas, las dos mujeres finalmente rodaron por tierra, protegidas sólo una en brazos de la otra.

Ahora bien, el destino quiso que cierto rey Chandrasen y su hijo estuvieran de cacería en aquella selva ese mismo día. Observando las huellas de dos mujeres, el rey señaló a su hijo: “¿Cómo es que se encuentran huellas humanas en una selva tan profunda?” El príncipe las estudió. “Pertenecen a dos mujeres, puesto que son demasiado pequeñas para ser de hombre”, replicó.

“Busquémoslas”, gritó el rey, “te obsequiaré a aquella cuyos pies sean más grandes y me quedaré con la otra yo mismo”.

El rey y el príncipe iniciaron su búsqueda. Siguieron la pista durante algún tiempo, y al fin localizaron a la reina y a la princesa sentadas en un túmulo de musgo. Escoltaron a ambas mujeres a palacio donde, de acuerdo con lo acordado, el príncipe se casó con la reina —sus pies eran más grandes— mientras el rey tomaba por esposa a la princesa, pues sus pisadas eran más pequeñas.

Habiendo terminado este relato, el demonio preguntó: “Su majestad: ¿cuál será el parentesco entre los hijos de ambas parejas?”.

Del Bital Pa.
No. 29, Abril 1968
Tomo V – Año IV
Pág. 424

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