Avestruz

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Es la mayor de las aves, si ave se puede llamar, porque aunque tiene alas no vuela con ellas, tan sólo le sirven de aligerar su corrida, sin jamás levantarse de tierra. Tiene las uñas hendidas como el ciervo, y cuando huye, va asiendo con ellas las piedras, y las arroja a quien la sigue. Traga todo canto le arrojan y lo digiere, y es tan estólido y bobo, que si esconde tan solamente la cabeza en alguna mata, piensa que está todo encubierto y seguro de los cazadores. Sus huevos son hermosos de grandes, y por devoción le cuelgan en algunos santuarios. Sus plumas, curadas y teñidas de varios colores, adornan las celadas de los caballeros y sombreros de los galanes… En la escritura es tenido el avestruz por animal cruel, malo, solitario y casi siempre, cuando hace mención de él le trae en compañía de los dragones.

Sebastián de Covarrubias. Tesoro de la lengua castellana (1,611)
No. 142, Enero-Marzo- 1999
Tomo XXX – Año XXXV
Pág. 58

Hormiga

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Los que eran de opinión que las almas de los hombres volvían a entrar en los cuerpos de animales irracionales, creían que los demasiado codiciosos de allegar hacienda y encerrar trigo en sus trojes, muriendo, volvían sus almas a tomar los cuerpos de hormigas, y de allí les venía tanta sagacidad, diligencia y prudencia.

En la Etiopía Occidental se crían hormigas tan grandes como un gran perro; con los pies sacan las arenas de oro y persiguen hasta la muerte al que intenta robar su tesoro.

Sebastián de Covarrubias. Tesoro de la lengua castellana (1,611)
No. 143-145, Abril-Diciembre 1999
Tomo XXX – Año XXXV
Pág. 146

Expresión

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“Dadle al asno”, tuvo su origen de que llevando a ahorcar un mozo de buen talle, salió una mujer de la casa pública, diciendo que le pedía por marido. Paráronse todos muy alegres, pensando le librarían de la horca. Llegó la mujer, y como él la vido tan fea y abominable, volvióse al verdugo, y dijo: Dadle al asno.

Sebastián de Covarrubias. Tesoro de la lengua castellana (1611)
No. 143-145, Abril-Diciembre 1999
Tomo XXX – Año XXXV
Pág. 66

Sebastián de Covarrubias

Sebastián de Covarrubias

Sebastián de Covarrubias y Orozco

(Toledo, 1539 – 1613)

Lexicógrafo, criptógrafo, capellán del rey Felipe II, canónigo de la catedral de Cuenca y escritor español.

El padre de Sebastián y de su hermano Juan de Horozco, Sebastián de Horozco (1510-1579), era cristiano nuevo e hijo de la judeoconversa María de Soto. La madre, María Valero de Covarrubias Leyva, por el contrario, era de mejor linaje, según los criterios de la época, y nació en el seno de una familia cristiana vieja de gran prestigio de teólogos, arquitectos y artesanos. Su abuelo por parte de madre fue el bordador Marcos de Covarrubias, hermano del gran arquitecto Alonso de Covarrubias. Otro hermano era Juan de Covarrubias, canónigo en la Catedral de Salamanca, quien ayudó a Sebastián en sus estudios y para ser canónigo racionero (con derecho a renta) en la misma catedral. Dos hijos de don Alonso fueron Diego (1512-1577) y Antonio (1524-1602), grandes teólogos, juristas y hombres de mucho peso e importancia política que asistieron al Concilio de Trento como representantes de España.

El que sería famoso lexicógrafo, estudió en Salamanca (1565-1573), donde vivió con el susodicho tío abuelo suyo el canónigo Juan de Covarrubias en la Iglesia de Salamanca. En el momento apropiado don Juan renunció a este puesto “a favor de su sobrino”, pues se había hecho sacerdote. Fue después capellán de Felipe II, consultor del Santo Oficio y canónigo de la Catedral de Cuenca, cargo este último que desempeñó más de treinta años. En 1595 fue nombrado Comisario Apostólico encargado de la dotación de rectorías para moriscos.

En 1610 Sebastián enfermó gravemente, pero se recuperó e imprimió una obra clásica de la literatura emblemática, los Emblemas morales (1610). Escribió, por otra parte, un Tratado de cifras y una traducción de las Sátiras y epístolas de Horacio que no se han conservado; sin embargo, es conocido sobre todo por un monumental diccionario, el Tesoro de la lengua castellana o española (1611), la mejor obra lexicográfica publicada entre el diccionario de Antonio de Nebrija y el Diccionario de Autoridades de la Real Academia Española. Su consulta sigue siendo útil para establecer el sentido de la literatura clásica del Siglo de Oro español.

Aunque la parte etimológica de este diccionario ha sido ampliamente superada, el Tesoro de Covarrubias es obra de un humanista y no se contenta con dar escueta y seca mención de las acepciones de una palabra, sino que diserta con gracia y erudición sobre ellas y aporta refranes, modismos, anécdotas y citas literarias que contienen el término. El mismo autor compuso un Suplemento al Tesoro que no llegó a imprimir pero que ha sido editado modernamente. En 1673 el padre Benito Remigio Noydens reimprimió el Tesoro con adiciones de su propia cosecha[1].

Cortesía

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El cuervo es el ave que imita la voz humana y desto tenemos exemplos. En tiempo de Tiberio César hubo en Roma un cuervo, que a él y a druso y a Germánico y a muchos principales romanos quando passavan por do le tenían, los saludava por sus nombres…

Sebastián de Covarrubias (1,611)
No. 135, Abril-Junio 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 90