La interrupción

Era una pelea desigual. Veinte contra dos. Sin embargo, lograron acabarlos, con formidables golpes de sable. Tenían que salir de ahí porque el techo de la caverna se derrumbaba, aunque antes lograron arrancar el rubí que era el ojo único de un gran ídolo dorado. Escaparon justo a tiempo, y ya sólo debían vencer al dragón del castillo y ganar la playa para alcanzar el buque.

Pero eso sería después, porque mamá les gritó que ya era tarde y debían dormir.

Fernando Flores Alvarado
No. 94, Septiembre-Octubre 1985
Tomo XIV – Año XXI
Pág. 776

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