Exacto

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El cielo es la obra de los mejores y más bondadosos hombres y mujeres. El infierno es la obra de los presumidos, de los pedantes y de los que se dedican a decir verdades. El mundo es un intento de sobrellevar a unos y otros.

Samuel Butler, Note-Books (1912)
No. 17, Octubre 1966
Tomo III – Año III
Pág. 348

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Andrómeda

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Nunca el dragón estuvo con mejor salud y más entonado que la mañana en que Perseo lo mató. Se dice que Andrómeda comentó después con Perseo la circunstancia: se había levantado tranquilamente, con muy buen ánimo, etcétera. Cuando le referí esto a Ballard, se lamentó de que ese rasgo no figurara en los clásicos. Lo miré y le dije que yo también era los clásicos.

Samuel Butler
No. 23, Mayo 1967
Tomo IV – Año III
Pág. 452

Samuel Butler

   Samuel Butler

(Langar Rectory, 1835 – Londres, 1902)

Escritor filosófico, humorista y novelista inglés que cultivó asimismo la pintura, la música y las ciencias biológicas. Inclinado a los estudios religiosos por tradición familiar, luego de una crisis interior se dedicó, entre 1860 y 1864, a la cría de ovejas en Nueva Zelanda.

Al regresar a Londres, las exhortaciones de su amiga espiritual Mary Anne Savage (la “Alethea” de The Way of All Flesh) le indujeron a escribir libros (casi todos ellos publicados por su propia cuenta), en los que satirizó duramente las tradiciones religiosas y los conformismos morales de la sociedad victoriana (Erewhon y Retorno a Erewhon), así como también los sistemas educativos de que él mismo había sido víctima.

Su obra más conocida y sin duda excelente es la gran novela The Way of All Flesh (literalmente “el camino de toda carne”, pero en realidad una frase hecha de la Inglaterra decimonónica que significaba el tributo que se paga a la muerte), que no se atrevió a publicar y se editó póstumamente, por expreso deseo suyo, en 1903. Escrita llevando al límite todos los recursos realistas en la composición y caracterización de personajes, esta obra es un vasto y cruel fresco de un hogar victoriano de cuatro generaciones de la familia Pontifex, con sus ramificaciones económicas, religiosas y familiares. Fue, por ello, modelo de parte de la narrativa de fin de siglo, centrada en el cuestionamiento de la figura paterna como sede del poder autoritario[1].