Mejor no

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Un clérigo que descreía del mormonismo fue a visitar a Joseph Smith, el profeta, y le pidió un milagro. Smith le contestó:

—Muy bien señor. Lo dejó a su elección. ¿Quiere usted quedar ciego o sordo? ¿Elige la parálisis, o prefiere que le seque una mano? Hable, y en el nombre de Jesucristo ya satisfaré su deseo.

El clérigo balbució que no era esa clase de milagro lo que él había solicitado.

—En tal caso, señor —dijo Smith—, usted se va a quedar sin milagro. Para convencerlo a usted no perjudicaré a otras personas.

M.R Werner, en BRINGHAM YOUNG
No. 09, Enero-Febrero 1965
Tomo II – Año I
Pág. 75

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