Mariposa

Únicamente faltaba construir la parte alta de nuestra casa. Mi marido ordenó a los trabajadores que hicieran una pared como rompe viento y, para comunicarse, unos túneles estilo gótico, que eran únicos. Los túneles eran en diferentes tamaños, muy hermosos, pero al final eran tan reducidos que no se podía seguir. Lo sorprendente era que al acercarse, uno podía reducir su tamaño y pasar tranquilamente. Una tarde subí para ver la construcción, y me sorprendí que entre todo aquello había unos huevos de aves. También encontré otros color gris, con poros. De repente apareció su dueña, una mariposa, que tenía su nido entre aquellos escombros. Me atrajo tanto por sus poros y color, que fijé la vista en ella; pero mi angustia aumentó al ver que cayó en llamas. Unos instantes después volvió a la normalidad y empezó a volar. Cambió su nido a una de las ventanas del rompe viento en donde se encontraba una escultura, ahí empezó a incubar y no salió hasta cumplir su periodo. Al salir la mariposa era tan grande que una noche que tuvimos visitas, la guisamos y estaba verdaderamente deliciosa.

Guillermina Martínez de Salas
No. 44, Julio – Agosto 1970
Tomo VII – Año VII
Pág. 635

Anuncios