Ilegible

De nada sirvieron palancas ni ganzúas, el libro aquel era de los que no se dejaban leer.

Cuauhtémoc Reséndiz Núñez
No. 54, Julio-Septiembre 1972
Tomo IX – Año IX
Pág. 187

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Donde se da cuenta de la historia del nacimiento de un libro y su destino

Primero le nacieron las hojas, folios cuidadosamente doblados, pulcros. Después, la tipografía lo llenó de tonos atrayentes, rematados por un bien formado colofón. Perfectamente encuadernado en piel española soportó las rojas adherencias de los tejuelos. Por último, sin chistar, se dejó marcar los títulos en oro.

Salió a la calle y fue puesto a la venta. Un transeúnte acatarrado y afligido lo adquirió, lo trajo consigo todo el día, y al regresar a su casa lo colocó cuidadosamente en el sitio que con anterioridad le había designado.

Pasado el tiempo, lleno de polvo, ajado, marcado por los mordiscos de las ratas, aún soporta el pesado pie del escritorio que amorosamente contribuye a equilibrar.

Cuauhtémoc Reséndiz Núñez
No. 53, Mayo-Junio 1972
Tomo IX – Año IX
Pág. 70

Oficios varios

Quiso ser comparado a Monterroso, y escribió en una línea algo acerca de un dinosaurio. Cuando Arreola estuvo entre sus preferidos redactó un “Bestiario” lleno de ingenio. Tuvo, en diferentes épocas, preferencia por Wilde, Kafka y Tolstoi. A pesar de su evidente calidad, los principales editores rechazaron siempre sus trabajos. Cuando visitó al último de ellos y escuchó de sus labios un rotundo ¡No!, cambió de ocupación. Hoy cumple una condena por haber falsificado monedas, pero espera, al salir de la cárcel, realizar algunas reproducciones de pinturas famosas, ya que ha descubierto su habilidad para pintar.

Cuauhtémoc Reséndiz Núñez
No. 53, Mayo-Junio 1972
Tomo IX – Año IX
Pág. 53