Tres

Eran tres personas, las que hablaban; y oí lo que hablaban: La primera, no dijo nada.

La segunda, dijo algunas cosas.

Y la última, que era más bien la primera, lo dijo todo.

José Gilberto Hernández R
No. 39, Noviembre – Diciembre 1969
Tomo VII – Año V
Pág. 109

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Nostalgia

Yo era poeta, y escribía cosas muy lindas, con mucho amor; escribía hermosas canciones al corazón; pero vino Bernard y los trasplantó.

Seguí siendo poeta, y a la luna dedicaba mis poemas de amor, más vino Armstrong y la profanó.

Ahora soy poeta pero no tengo amor, pues no poseo luna ni corazón.

José Gilberto Hernández A.
No. 39, Noviembre – Diciembre 1969
Tomo VII – Año V
Pág. 108

Okey

Okey, todo estaba okey; cada quien se había adaptado perfectamente al sistema, pero no, siempre hay quien venga a inventar novedades, dígame y que ponerse a comer la bendita rama esa, que ni siquiera sé cómo se llama, nos embromó, nos embromó, con lo bien que estábamos con nuestra LSD.

José Gilberto Hernández Ramírez
No. 49, Octubre-Noviembre 1971
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 412

Abismo

A veces cuando le veo a los ojos me digo: “Sí, esa es la mujer que yo busco, justamente ella, , qué más” sí, es que en sus ojos veo fielmente ese abismo, esa profundidad que busco en las mujeres; enseguida pienso en decirle algo, declararle mi amor, pero lo malo es que ella me toma de la mano, me la acaricia, yo tiemblo, siento que mi virilidad se inquieta, que sus labios se dirigen a los míos, y por fin pues me quedo, allí, en ese lugar donde siempre he estado, esperando verla pasar al interior del museo y viendo siempre frente a mí ese cuadro de la virgen que me deja mudo pensando en esa mujer que ahora está allí, y que no está y que en vez de hablarle de dirigirme a ella me quede realizando sueños eróticos y veo entonces lo que está sucediendo realmente, que todos los días cuando entra la secretaria me hundo en el abismo de sus ojos y sólo contesto:

—Buenos días.

José Gilberto Hernández Ramírez
No. 49, Octubre-Noviembre 1971
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 387

El cazador de sirenas

—¿Y, es difícil encontrarlas?
—No, si usted supiera, es sencillísimo.
—¿Y son realmente como dicen, mitad humana y mitad pez?
—Sí, claro, así son.
—¿Y son muy difíciles de pescarlas-cazarlas?
—No, no, de lo contrario.
—¿Y entonces qué?
—Es muy difícil saber que hacer con ellas después de agarrarlas.

José Gilberto Hernández Ramírez
No. 64, Abril – Mayo 1974
Tomo X – Año XI
Pág. 532